NEMESIS
Fernando Meraz Mejorado
Los legisladores que votaron contra la reforma electoral de López-Sheinbaum, lo hicieron inopinadamente empujados por esa rabia sorda, contenida, a duras penas, que crece bajo el sombrío dosel de un gobierno, de un sistema que camina como un hombre cojo entre la incompetencia y la corrupción –y que, como todo ladrón vanidoso, exhibe en plazas públicas, en pantallas y redes, los frutos de su botín: tesoros forjados con chantaje como metal bruto, con mordida como veneno, con prevaricación como ladrillo para construir sus torres de mentiras, sea quien sea el albañil: burócrata o, peor aún, aquel que fue elegido por la voz del pueblo.
Tan repetido, tan machacado con la furia de un mar que golpea la roca, el término <corrupción> se ha convertido en un lugar común –un vaso vacío que se ofrece como fuente, una voz que llama a algo intangible. Palabra desgastada como vieja rueda de molino. Y sin embargo, está presente como el polvo en cada rincón de nuestra vida, pública y privada. Corrupción es la moneda de diez pesos que el empleado municipal pide para llevarse la basura; es el comerciante que altera la báscula como quien dobla la verdad, vendiendo ochocientos gramos como si fueran un kilo entero de ilusión. Es el rentista que guarda el alquiler sin recibo, para defraudar el impuesto como quien roba luz a la luna. Podríamos seguir este hilo hasta las cimas más altas: en esferas empresariales y gubernamentales donde se juega el destino de la comunidad, como partida de naipes.
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Allí los vemos, estrenando suntuosas mansiones, automóviles, joyas que pesan como lágrimas robadas –bienes que en su ayer más cercano ni siquiera atrevían a soñar.
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Todo esto viene a cuento a la agenda pública como un fuego en el campo, después de la fiesta de XV años de la jovencita Mafer en Tabasco, la semana pasada –evento que se viralizó por su costo . Allí, la alegría se vistió de lujo, amenizada por voces como Belinda, J Balvin, Matute, y otros tan vulgares como caros.
Cuando aún no se borra de la memoria pública el fiestón de Pedro Haces Barba, diputado por Morena, en el Saint Regis de la Ciudad de México; ni la boda de César Yañez, ex secretario particular de López Obrador, también espectacular y dispendiosa.
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Mientras millones de mexicanos viven en la miseria como árboles sin suelo, mientras los niños carecen de escuela como pájaros sin nido.
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La crisis nos ha dejado su huella como una sequía que se adentra en la carne del país: hogares donde el pan se divide en trozos cada vez más pequeños, familias que calientan agua con ramas y comales porque el gas sería un lujo lejano, ancianos que esperan en filas interminables por las pensiones o medicinas que nunca llegan. La pobreza ya no es un eco en el horizonte –es la sombra que camina con nosotros, el silencio que llena los espacios donde debería haber esperanza.-oOo-




