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La situación de la seguridad en el segundo año presidencial

POR FERNANDO PESCADOR GUZMÁN.

 

La seguridad pública en México atraviesa un momento definitorio. No porque el país haya encontrado una fórmula mágica para erradicar la violencia, eso sería ingenuo, sino porque, por primera vez en muchos años, la estrategia federal parece haber entendido que la fuerza bruta, por sí sola, no basta.

Datos del gabinete de seguridad, correspondiente al periodo enero–agosto de 2026, revelan un cambio de paradigma que merece ser analizado con seriedad. La inteligencia criminal y la asfixia financiera se han convertido en el eje rector de la política de seguridad nacional.

La administración de Claudia Sheinbaum, encabezada en materia de seguridad por Omar García Harfuch, ha logrado algo que pocos gobiernos pueden presumir con una reducción del 51% en el promedio diario de homicidios dolosos desde el inicio de su gestión. Las cifras oficiales presentadas “revelan una disminución drástica del 51% en el promedio diario de homicidios dolosos”. Este dato, por sí solo, marca un punto de inflexión. No es menor que el país haya pasado de promedios superiores a los 80 homicidios diarios a estabilizarse entre 42.5 y 47.3.

Habría que reconocer, no obstante, el debate en torno a la metodología gubernamental que destaca la disminución de homicidios, pero hace mutis sobre el incremento de personas desaparecidas. Las cifras no cuentan toda la historia. Lo verdaderamente relevante es cómo se llegó ahí.

La inteligencia como columna vertebral

El gobierno federal ha apostado por una estrategia que combina investigación operativa, inteligencia técnica y coordinación territorial. No es casualidad que los operativos más exitosos del año, incluyendo los 36 cateos simultáneos en Hidalgo, Jalisco y Michoacán que derivaron en la captura de 32 operadores del CJNG, se hayan realizado sin tiroteos masivos. Entre los resultados destaca el decomiso de “inhibidores de drones y tecnología táctica sin tiroteos masivos en zonas urbanas”.

Esto importa porque México ha pagado un costo altísimo por operativos improvisados, filtrados o mal diseñados. La inteligencia, cuando se usa bien, reduce daños colaterales, evita enfrentamientos innecesarios y permite capturas quirúrgicas que desarticulan redes completas, no solo individuos.

La paradoja de la atomización

El gabinete reconoce una verdad incómoda: detener líderes no necesariamente reduce la violencia. De hecho, puede incrementarla. “La detención o abatimiento de liderazgos históricos no reduce la violencia de forma inmediata; por el contrario, suele fragmentar a las organizaciones en células secundarias dedicadas a delitos de depredación local”, según reportes del Gabinete de Seguridad.

Este reconocimiento es crucial. Durante años, México cayó en la trampa de pensar que descabezar cárteles era suficiente. La realidad demostró lo contrario, la fragmentación generó grupos más pequeños, más violentos e impredecibles.

La estrategia actual parece entender que la clave no es solo capturar, sino impedir que esas células sobrevivan financieramente. Aquí entra el componente más innovador del periodo: la ofensiva económica.

CI-FIRST y la UIF. Las armas estratégicas en una guerra financiera

El período marca un claro esfuerzo bilateral sin precedentes entre México y Estados Unidos con el foro CI-FIRST, que conecta datos bancarios en tiempo real entre la UIF y la OFAC (Oficina para el Control de Recursos en el Extranjero). Esta coordinación ha permitido la imposición de sanciones escalonadas contra estructuras criminales que van desde complejos turísticos usados para lavar dinero hasta empresas energéticas vinculadas al huachicol.

La incautación de cargamentos, sin importar su tamaño, resulta insuficiente si el flujo de capital se mantiene intacto. El crimen organizado no se sostiene por sus armas, sino por su dinero. Golpear sus finanzas es golpear su capacidad de corromper, reclutar, operar y expandirse.

Las sanciones aplicadas entre febrero y agosto de 2026 muestran una estrategia quirúrgica con hoteles e inmobiliarias del CJNG en Puerto Vallarta, Jalisco; Empresas de logística y casinos vinculados al Cártel de Sinaloa y el Cártel del Noroeste, estructuras criminales detrás del huachicol; cuentas y empresas fachada de Cárteles Unidos, Los Viagras y el llamado “Nuevo CJNG”.

Este enfoque no solo debilita a los grupos criminales, también protege la economía formal. La UIF y la Embajada de EE. UU. lo han expresado claramente “limpiar el sistema bancario es un asunto de seguridad económica y de atracción de inversión legítima”.

Cooperación internacional en tiempos de tensión geopolítica

Las presiones de la administración Trump y su secretario de Defensa, Pete Hegseth, quienes han insinuado posibles intervenciones unilaterales en América Latina han reducido sustancialmente el margen de maniobra de la administración Sheinbaum.

México, para proteger su soberanía, necesita demostrar resultados contundentes en puertos, fronteras y flujos de fentanilo. No por complacer a Washington, sino por evitar que Estados Unidos justifique acciones extraterritoriales bajo el argumento de “seguridad nacional”.

La cooperación con el FBI y la CIA, que permitió ejecutar 14 extradiciones de alto perfil y mantener más de 155 órdenes vigentes, es una señal de que México está dispuesto a colaborar, pero desde una posición de responsabilidad y autonomía.

¿Es suficiente?

La estrategia es sólida, pero no infalible. La reducción de homicidios es real, pero la violencia no ha desaparecido. La atomización sigue siendo un riesgo. La presión internacional es creciente. Y los cárteles, aunque debilitados, no están derrotados.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, México parece estar jugando ajedrez y no dominó. La inteligencia financiera, la cooperación internacional y los operativos quirúrgicos representan una evolución necesaria.

El reto ahora es sostener esta estrategia, blindarla de intereses políticos y evitar que intereses políticos y la corrupción la puedan descarrilar.

Conclusión

México está en un punto crítico. La estrategia de 2026 no es perfecta, pero es la más coherente y moderna que el país ha implementado en décadas. Si se mantiene, si se profundiza y si se acompaña de políticas sociales reales, podría marcar el inicio de una nueva etapa en la lucha contra el crimen organizado.

La seguridad no se gana con discursos ni con despliegues mediáticos. Se gana con inteligencia, con coordinación y, sobre todo, con la capacidad de seguir el dinero. Porque en México, como en cualquier parte del mundo, el arma más importante en contra del crimen es la información.

 

SAGRADAS ESCRITURAS: Proverbios 3:29

No intentes mal contra tu prójimo mientras él habite confiado junto a ti.

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