Anahí García Jáquez
La familia Arable es dueña de una granja en la que crían animales para, posteriormente, venderlos. Un día John, el padre, quiere sacrificar a un puerquito recién nacido pero su hija Fern le ruega que no lo haga y, a partir de ese momento, ella se dedicará a salvarle la vida. Para ello contará con una aliada muy particular.
La telaraña de Carlota es un trabajo del escritor estadounidense E.B. White, en el cual un narrador omnisciente nos cuenta la historia del puerquito Wilbur, el cual es el más pequeño de su camada y es por ello que John no le ve mucho potencial para criar y venderlo, por lo que Fern se ofrece para cuidarlo y alimentarlo. La niña ve cómo sus esfuerzos rinden frutos, pues Wilbur crece de más y ella no puede ocuparse de él, por lo que su padre se lo da a Homer, tío de Fern. Una vez que se muda a su nuevo hogar, Wilbur trata de habituarse a su nuevo ambiente y a sus nuevos compañeros hasta que se da cuenta que en esa granja lo están poniendo en engorda para posteriormente, consumirlo. Es en ese momento que conoce a Carlota, una araña que, además de consolarlo, está decidida a evitar que su compañero se convierta en la cena de Navidad y lo ayudará de la manera que pueda.

Es a través de este relato, en la que los animales hablan, piensan y sienten, que el autor nos habla de temas que además de ser universales, son lo suficientemente comprensibles para los niños, que son el público a quien va dirigido este libro. La premisa de la improbable amistad entre un cerdo y una araña funciona para ilustrar cómo es que dos seres tan diametralmente opuestos, una vez que han roto los prejuicios que tiene uno sobre el otro y viceversa, son capaces de forjar lazos que los lleven a hacer lo que esté en sus manos para tenderse una mano entre ellos. Es así como se nos habla del poder de la amistad y lo que ello conlleva, como lo es la lealtad, la solidaridad, el aprender a verse más allá de las diferencias y a reconocerse en los demás, el servicio a los demás, la empatía, el sacrificio y el amor.
Así mismo, el lector comprenderá que Carlota no es solo una araña y que Wilbur no es cualquier puerco, sino que su apariencia exterior alberga en su interior a seres valiosos y, por qué no decirlo, bellos, pues sus valores se proyectan y es por ello que no hay que juzgar a la ligera. Además, también se nos habla del cuidado hacia los animales, el cual es una de las conductas más importantes a adquirir desde temprana edad, como ha sido el caso de Fern y que la lleva a realizar esfuerzos más allá de su edad.
La telaraña de Carlota es un texto por demás entrañable que no sólo gustará a los niños, sino también a los adultos, pues la trama es fluida y viene acompañada de personajes que en verdad aportan y son el complemento que se requiere ya que son quienes colaboran con Carlota para evitar un posible desenlace trágico que involucre a Wilbur, haciendo uso de su ingenio y demostrando la importancia del trabajo en equipo. Y en medio del humor que acompaña a esta historia nos encontraremos con reflexiones muy profundas acerca del significado de crecer y la muerte, que es un elemento que está presente casi desde el inicio del libro, pero la forma en que se aborda es la adecuada para el público infantil, pues lo hace con un sensibilidad y siempre hablando en un lenguaje claro por lo que, sin duda alguna, este libro le habla a los niños con la misma ternura con la que Carlota le habla a Wilbur.
La telaraña de Carlota. E.B. White. 1952. Editorial Harper Collins Español.