José Luis Parra
La política mexicana tiene una nueva nobleza revolucionaria, pero sin revolución y con más facturas, notarios, jets privados, constructoras, ranchos y domicilios fiscales sin verificar.
Antes los hijos de los gobernantes heredaban apellidos, afectos y uno que otro trauma familiar.
Ahora heredan candidaturas, sospechas, empresas constructoras, vuelos ejecutivos y, si se puede, hasta blindaje político.
Qué bonita familia.
En Tabasco ya se cocina el aterrizaje político de Andy López Beltrán. No en cualquier cocina, claro. La receta se prepara con notarios, operadores, viejas familias judiciales, nexos mexiquenses y reuniones largas en ranchos donde la política se sirve con sobremesa y cálculo fino.
El encargado de abrirle pista sería Efraín Reséndez, titular del Poder Judicial de Tabasco, notario, aliado del gobernador Javier May y hombre que sabe moverse entre expedientes, escrituras y pasillos de poder.
Su misión no es menor: gerenciar la eventual candidatura de Andy a diputado federal por tierras tabasqueñas.Política
Nada más simbólico.
El hijo del expresidente regresando electoralmente al edén tropical, pero con operador judicial incluido. Porque en estos tiempos la democracia ya no camina sola: necesita notario, rancho, restaurante y control de daños.
Reséndez, dicen, buscará mantener cerca a Andy de Javier May, pero no tanto como para que los negativos del gobierno estatal se le peguen al heredero presidencial.
Es decir, abrazarlo sin mancharlo.
Difícil equilibrio.
Como bailar danzón en campo minado.
Pero Andy no está solo en esta galería de hijos incómodos. En Sinaloa, los hijos de Rubén Rocha Moya también aparecen bajo señalamientos de altos vuelos. Literalmente.
Se difundió que Rubén, José y Ricardo Rocha Ruiz habrían usado jets privados de Across, con vuelos cuyo costo superaría los 500 mil pesos por traslado. También se menciona al secretario de Finanzas, Enrique Díaz Vega, como usuario frecuente de esa flotilla.
Hasta ahora, silencio oficial.
Y ya se sabe: en política mexicana el silencio no siempre absuelve. A veces nomás administra el escándalo.
La pregunta sería elemental: ¿quién pagó esos vuelos?
Porque si fueron privados, que enseñen las facturas.
Y si fueron públicos, que enseñen la vergüenza.
Pero la turbulencia no termina en el aire. También aterriza en Constructora Chocosa, propiedad de Rubén y Ricardo Rocha Ruiz, hijos del exgobernador sinaloense. Según documentos difundidos, la empresa presentó inconsistencias ante el SAT, operaciones con EFOS, declaraciones omitidas, saldos de IVA cuestionados y facturación cancelada por montos millonarios.
Una constructora que reportó más de 404 millones de pesos desde una pequeña casa de interés social en Culiacán.
Milagros del desarrollo urbano.
Casas humildes, facturación robusta.
Paredes sencillas, ingresos de campeonato.
Y luego se preguntan por qué la gente ya no cree.
El problema no es que los hijos de gobernantes trabajen, participen o hagan política. El problema es cuando parecen moverse en una pista preferencial, con alfombra roja, escolta moral y sospechas fiscales haciendo valla.Política
En la vieja política, los hijos incómodos eran un costo.
En la nueva política, parecen plan de negocios.
El discurso oficial presume austeridad, pero los alrededores del poder huelen a turbosina, contratos, constructoras y restaurantes de largas sobremesas.
Son otros datos.
O más bien, otros hijos.
Y aquí viene lo delicado: el poder siempre defiende a los suyos hasta que ya no puede. Primero niega, luego minimiza, después culpa a los adversarios y finalmente anuncia que todo se aclarará.
Nunca se aclara.
Sólo se archiva.
En Tabasco, Andy podría estar preparando su salto electoral con operador de lujo.
En Sinaloa, los hijos de Rocha aparecen entre vuelos privados y empresas bajo sospecha.
Distintos estados, distintos apellidos, misma postal.
La política mexicana se está llenando de juniors bajo investigación periodística, pero con vocación de víctimas.
Pobres muchachos.
Uno quiere ser candidato.
Otros vuelan caro.
Otros facturan raro.
Y todos, absolutamente todos, seguramente dirán que son ataques de sus enemigos.
Claro.
Porque en México nadie es corrupto.
Todos son perseguidos.
Bien dicen que la patria es generosa.
Sobre todo con los hijos del poder.