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México en infarto por el paro nacional del transporte

NEMESIS

Fernando Meraz Mejorado

 

Aquí postrado, cual gigante enfermo que ha sufrido un infarto brutal. Las arterias del país, esas carreteras que llevan la sangre y la vida de un extremo a otro, han sido ocluidas, cerradas, cegadas. No fluye la mercancía, no fluye el hombre, no fluye el tiempo.

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Este miércoles siete, la nación amaneció inmóvil, como un paciente en la mesa de operaciones, con un pronóstico reservado, vigilado por los ojos de acero de Caminos y Puentes Federales. No son solo las grandes autopistas las que duermen bajo el protesta; también los caminos vecinales, las venas pequeñas, han sido atadas y amordazadas.

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A la voz de los transportistas se han sumado los hombres de la tierra, los que siembran y cosechan, los ganaderos, las empresas y, con una dolorosa dignidad, las Mujeres Buscadoras y los padres de Ayotzinapa. El dolor es un solo cuerpo, y hoy marcha unido.

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“Si la Presidenta y su gabinete no sabenn convencer, si no honran con hechos lo que se pacte aquí, veremos caer con estruendo lo construido”, sentenció con voz grave y cínica un veterano que un día vigiló estos caminos, antiguo guardián de la Policía Federal. “Esto no es un juego, es el despertar de un pueblo que ya no calla”.

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Y para probar que aún queda alma y voluntad de diálogo, los líderes han aflojado la presión, abriendo parcialmente los caminos.
, dijeron. Pero también alzaron la voz para acusar: “Esto crece por la inexperiencia, por la incompetencia de quienes nos gobiernan. Queremos hablar con la Presidenta, pero ella, altiva y distante, nos envía a funcionarios de segunda fila, hombres sin poder para firmar el destino”

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El informe es frío y doloroso. La Guardia Nacional y las autoridades cuentan las heridas: el centro, el sur y el occidente sangran. El tráfico se acumula como cólera contenida, la lluvia y la niebla son testigos mudos, y la gente, de pie sobre el asfalto, exige ser vista.

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El viajero debe prepararse. El’ que buscar veredas alternas, porque la ruta directa está herida.

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Puntos críticos hay muchos, como llagas abiertas:

En la ruta a Cuernavaca, el asfalto ha bebido sangre, un accidente oscurece el kilómetro 33 y exige precaución, paso lento y respeto al dolor ajeno.
Hacia Puebla, los vehículos forman una larga fila de espera frente a la garita de Amozoc.
En las cumbres, la niebla es un manto espeso que no deja ver el horizonte.
Y en Michoacán, el camino se corta de tajo, sin retorno,v sin salida, porque la voz del pueblo se ha plantado firme y no se mueve.

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Así está México hoy: detenido en el tiempo, respirando con dificultad, esperando que alguien escuche su estertor y le devuelva el movimiento, porque el hálito esta vivo. – – oOo-

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