Columna de opinión
Miseria, cuento-relato
Antonio Balam
CUENTO-RELATO
Él llevaba más de tres meses buscando trabajo, y por cada día que pasaba sin encontrarlo, su preocupación aumentaba. Todos los días salía de su casa muy temprano, y todas las noches volvía ya muy tarde. Nada. Tampoco hoy había encontrado nada.
Sus hijos se morían de hambre, y su esposa estaba enferma. Todas sus vidas era la pura miseria. Pobre de aquel señor, pero pobres más sus hijos. En un país como aquel, ellos jamás tendrían una vida digna. Porque así se manejaban las cosas en ese lugar; la riqueza solamente era para unos cuantos.
Con el pasar de los días, el señor, al ya haber buscado por todos lados, y ya estando harto y cansado, ya no supo qué hacer. Porque no le quedaba ni un peso para poder seguir alimentando a su familia. Y cuando pensaba en el fututo que les esperaba a sus hijos hambrientos, se desesperaba, hasta casi volverse loco. Entonces, en su desesperación, fue cuando se le ocurrió la idea del nunca retorno. Se le había cruzado por la mente la grandiosa idea de volverse narcotraficante…
En el lapso de un mes, ni él ni sus hijos sufría ya de hambre, y su esposa ya había sido atendida y curada por los mejores médicos de su estado. Ya no quedaba ni un atisbo de miseria en sus vidas. Porque en un país como México, cuando la gente no tiene oportunidades, las busca en donde no las hay. Y el narcotráfico es uno de los lugares predilectos para encontrarlas. Aunque al final tampoco esto sea vida.
…Cuando los hijos del señor crecieron, se volvieron maleantes. Después de otro tiempo ellos también se convirtieron en lo mismo que su padre. Y era lo más lógico que podía suceder. Porque su país no los había tratado como se merecían, en lo absoluto. Porque aquí la gente pobre no cuenta, no vale, y el narcotráfico -ellos lo sabían- te da poder, te hace rico de la noche a la mañana.
Pero pobre de ellos, que, teniendo ya muchísimo dinero, siguieron siendo unos miserables. Pero pobre más de México, que siendo un país muy rico, toda su gente vive en la miseria. Y pobre de aquel, quien escribió todo esto, porque vive inmerso en la MISERIA. Que aunque por dentro es inmensamente rico, por fuera es y sigue siendo la pura miseria.
ANTHONY SMART
Mayo/08/2017
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