Morena enfrenta una creciente disputa interna rumbo a las elecciones de 2027, marcada por cuestionamientos a sus encuestas, inconformidad de militantes desplazados, la influencia política de Andrés Manuel López Obrador y tensiones con el Partido del Trabajo (PT).
De acuerdo con un análisis publicado por Eme equis, la competencia interna podría debilitar al partido en el poder frente a una oposición tradicional disminuida. Las designaciones de coordinadores estatales en Zacatecas, Quintana Roo y Michoacán dejaron fuera a liderazgos regionales con presencia en las bases.
Cuando esos grupos perciben imposiciones de las dirigencias, existe el riesgo de que operen fuera de la estructura partidista o intenten descarrilar candidaturas oficiales. El análisis señala que la disciplina formal de Morena puede convertirse en fractura territorial si las bases consideran que las decisiones se toman desde las cúpulas.
Las inconformidades se han expresado en distintos estados. En Quintana Roo, Marybel Villegas y Rafael Marín Mollinedo cuestionaron el proceso; en Baja California, Evangelina Moreno llevó su caso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y en Zacatecas se presentaron reclamos de distintos perfiles, entre ellos la senadora del PT Geovanna Bañuelos.
También hubo fricciones en Guerrero, con la aspirante Abelina López, y en Michoacán, donde aparecen los nombres de Raúl Morón y Reyna Celeste Ascencio Ortega. Aunque la dirigencia nacional encabezada por Ariadna Montiel inició una operación para recomponer la relación con los inconformes, persiste la incertidumbre sobre el cumplimiento de los acuerdos con los liderazgos locales.
El análisis identifica además dos centros de poder: uno vinculado con la administración de la presidenta y otro con la estructura histórica y afectiva del movimiento encabezado por López Obrador. Esta dualidad ha generado disputas por el control de candidaturas y posiciones estratégicas en el Congreso.
El reacomodo ha desplazado gradualmente a figuras identificadas con el obradorismo frente a los nuevos equilibrios del oficialismo. La falta de claridad sobre quién conduce realmente las decisiones partidistas alimenta la incertidumbre entre liderazgos regionales y puede favorecer la indisciplina y las fracturas.
La alianza con el PT constituye otro punto de presión. Su dirigencia sostiene que Morena obtiene las mejores posiciones, gubernaturas y reconocimientos, pese a que los resultados corresponden, en el papel, al trabajo conjunto.
Reginaldo Sandoval, coordinador parlamentario del PT, ha advertido que su partido podría no acompañar iniciativas de la presidenta y ha planteado la posibilidad de boicotear a Morena en 2027. Según esa postura, el PT podría hacerle perder 12 gubernaturas.
Las dirigencias de Morena y el PT ya entablaron negociaciones, con mensajes de Ariadna Montiel y Alberto Anaya. Sin embargo, el análisis advierte que una ruptura de la coalición podría fragmentar el voto de izquierda en estados clave y abrir oportunidades para la oposición o Movimiento Ciudadano.
El desgaste de los gobiernos estatales y locales también podría influir en la elección. Crisis de seguridad, opacidad o descontento social podrían trasladarse a los candidatos seleccionados mediante encuestas internas.
En este contexto, el análisis utiliza las teorías de Robert Michels, Katz y Mair, Otto Kirchheimer y Max Weber para explicar cómo los partidos pueden priorizar el control de cargos, la gestión del poder y la victoria electoral por encima de sus ideales fundacionales.