Columna de opinión
Nahle: el rigor del poder en tiempos de prisa
Luis Ramírez Baqueiro
Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“El deber de una persona está allí donde es más útil”. – José Martí.
En Veracruz, donde el ejercicio del poder ha sido con frecuencia sinónimo de estridencia, improvisación o simulación, el arranque del gobierno de Rocío Nahle García marca un punto de inflexión que merece ser analizado con seriedad y sin consignas. No se trata de una exaltación gratuita, sino de reconocer un estilo de gobernar que, desde el bienio de Miguel Ángel Yunes Linares —o incluso antes, en el largo y controvertido periodo de Fidel Herrera Beltrán—, no se veía con esta combinación de temple, carácter, naturaleza técnica y rigor institucional.
Nahle no gobierna desde la comodidad del discurso ni desde la liturgia del cargo. Gobierna, hasta ahora, desde el método. Y eso, en Veracruz, ya es una diferencia sustantiva.
Apenas este lunes, mientras otros mandatarios suelen entrar en modo de cierre relajado de año o anticipar agendas vacacionales, la gobernadora inició su semana laboral con una maratónica jornada de reuniones de trabajo. No fueron encuentros protocolarios ni sesiones para la foto: se abordaron temas clave como el cierre de año administrativo, espacios educativos, seguridad pública y la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública (SIOP), áreas neurálgicas para un estado que arrastra rezagos históricos.
Más relevante aún es lo que se ha sabido después: Nahle García mantendrá durante el resto de la semana una agenda intensa de evaluación con dependencias estatales. El objetivo es claro y poco frecuente en la cultura política local: medir desempeño, detectar rezagos y tomar decisiones donde la velocidad de respuesta no esté a la altura de lo que Veracruz exige. El “apretón de tuercas” del primer año ha comenzado, y no parece simbólico.

Aquí entra un elemento central de su perfil: la ingeniera. Rocío Nahle gobierna como piensa una ingeniera: sistemas, procesos, piezas que deben embonar y funcionar con precisión.
El Gobierno del Estado, en su lógica, no es una suma de feudos políticos ni una pasarela de intereses, sino un gran vehículo que debe transitar por caminos complejos, accidentados y, muchas veces, hostiles. Si alguna pieza falla, el operador responsable no mira hacia otro lado: manda la unidad al taller, revisa el chasis, ajusta la carrocería y cambia lo que no sirve.
Esa seriedad y responsabilidad contrastan con épocas recientes en las que, ante la presión o el desgaste, otros gobernantes optaron por la evasión, el viaje o el repliegue. Nahle, en cambio, permanece al pie del cañón, consciente de que gobernar Veracruz no admite pausas largas ni excusas corteses.

La historia juzgará resultados, no estilos. Pero en un estado acostumbrado a la frivolidad del poder, el rigor ya es, en sí mismo, una señal política de fondo.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
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