Luis Farías Mackey
Las dos guerras mundiales del siglo pasado dirimieron el nuevo reparto del mundo tras el fin de los imperios. Los arreglos resultantes duraron unas cuantas décadas y hoy el mundo vuelve a convulsionarse.
Hay quien dice que el aprisionamiento de Maduro en la madrugada del 3 de enero cambió el orden mundial, instaurando un mundo de esferas de influencia regionales entre Estados Unidos, Rusia, Israel y China. Bajo ese esquema, Trump reclama América, Rusia Europa, Israel el Medio Oriente y China Taiwan. En medio de estos tres polos y sus soberbias se halla el mundo entero.
Ojalá fuese así de fácil y de rápido.
Estamos atestiguando el principio de un nuevo reparto de la humanidad y de los recursos terráqueos, esperemos quede alguien aún con vida para hacerlo cuando ello llegue a su fin .
Maduro es un pobre diablo y sus compinches del Foro de Sau Paulo una runfla de desquiciados trasnochados y embelesados con un poder mesiánico. Lo que está en juego no es un dictadorzuelo de pacotilla, un delirante en La Chingada, una Cuba que ha logrado sobrevivir parasitariamente desangrando a naciones que llama hermanas y Nicaragua es una caricatura de horror. El mundo no cambió el 3 de enero, empezó a cambiar desde hace décadas a lo largo de una lenta descomposición generalizada y se aproxima al cataclismo.
Imposible negarlo y aún más evitarlo. Ese es el mundo que creamos y quizás merezcamos.
Sheinbaum no termina por entender que no está a la altura de las circunstancias, reclama a Trump por Venezuela lo que no reclamó su patrón a Putin por Ucrania. López twittea como si a alguien aún le importase lo que rebuzna, las connivencias políticas con el crimen organizado y el sometimiento del Estado mexicano a él no se niegan con discursos patrioteros ni poses de dignidad. México dejó hace mucho de ser respetado en el concurso de las naciones.
El mundo todo cruje nuevamente. Preparemos el ánimo, si aún queda algo de él, para otra conflagración mundial, ahora en tiempos de arsenales atómicos.
Quien festeja lo de Maduro, sin por ello pretender defender al miserable, no ha entendido nada.




