Luis Farías Mackey
Nadie en su sano juicio puede defender la dictadura de Maduro y menos sus manejos criminales en petróleo, narcotráfico y subversión contrademocrática en Venezuela y de exportación. El populismo, del signo que sea, es el cáncer político de este nuevo siglo y apenas hemos empezado a ver sus derrumbes, miserias y locuras.
Pero no podemos festejar el rompimiento del orden y derecho internacionales: el fin, por más justificado que pueda llegar a ser, no justifica los medios y menos a esos costos.
Tan mal las locuras de Maduro, como las de Trump, con la diferencia que el último tiene el dedo sobre el obturador de la guerra atómica. Lo que hoy muchos festejan recuerda a los inicios del nazismo en Alemania que se vieron como una bocanada de aire fresco y terminó en las llamas de una industria de la muerte.
Por otro lado, los populismos se aprecian como el único resultado posible de la historia de la humanidad y, por ende, como titulares legítimos y exclusivos de ella por derecho y en justicia, de suerte que las respuestas que de ellos podemos esperar serán desesperadas, violentas y cruentas; en ello les va la vida. ¿Cómo va a reaccionar la fracción macuspana del Foro de Sau Paulo? Además de paranoica, acelerando la destrucción de lo poco que queda aún de Estado Nación, régimen político y sistemas económicos, sociales y jurídicos en México. Si para ello tienen que incendiar al país entero y pactar con el mismo satanás lo harán prestos y gustosos, si tienen que acabar con todas las libertades y todos los derechos, lo harán.
Acá en México tenemos nuestros propios problemas de un populismo asociado al crimen organizado y destructor de democracia y de libertades, derechos e instituciones, pero no puede corresponder sino a los mexicanos resolver nuestros problemas; no por festejar el fin de las tropelías y demencias de Maduro, podemos aplaudir las de Trump, éste no ha solucionado nada, más allá de distraer al mundo de su derrumbe en casa, solo ha atizado el fuego a lo tarugo en el vecindario que reclama como suyo. Él podrá guarecerse en su bunker antiatómico y tras su industria de guerra, pero ha incendiado al continente cual aprendiz de brujo y niño rico y mimado.
Morena se va a envolver en el lábaro patrio en defensa de Maduro, seguramente por el financiamiento recibido de él en sus 18 años de peregrinar, y más todavía para poner y con sobradas razones sus barbas a remojar. Pero tenemos que ser juiciosos en nuestro abordaje del problema, ni podemos caer ni en un patrioterismo dogmático y vacuo, pero tampoco abrazar un intervencionismo bulling como procesamiento de un mundo en avanzado estado de descomposición.
En su afán de permanecer al costo que sea, los populismos no se dan cuenta que se cierran las puertas para una salida civilizada y digna: ¿qué podía esperar Venezuela con un chavismo empoderado de todo el aparato del Estado, productivo, criminal y, además, con un sistema de justicia sometido, sin democracia, libertades, derechos, prensa libre y contrapesos? Si hubiesen tenido dos miligramos de cerebro habrían dejado abiertas vías transitables y fuentes de ventilación, fueron ellos quienes se encerraron en su soberbia, minaron la inmanencia del poder en Venezuela y asfixiaron todo aliento posible para procesar sus contradicciones y faltas.
Hoy, gracias a Maduro y sus sicofantes cómplices del Foro de Sau Paulo, de un lado, y a Trump y Rubio, del otro, la paz y salud mental del mundo penden de un delgado hilo y sobran trogloditas prestos a dinamitarlo.
Morena es un populismo nefasto y depredador (¿cuál no?) que va a hacer hasta lo imposible por atornillarse al poder y habrá de seguir enfrentando a los mexicanos entre sí como única estrategia política de sobrevivencia, pero aun así nadie en su sano juicio puede pensar que un loco como Trump y sus juguetes de guerra puedan ser la solución para nuestra desastrada y explosiva realidad. Si tenemos que depender de otros para solucionar nuestros problemas, es que somos incapaces e indignos de ser mexicanos.
Luego entonces, no es en defensa de Maduro, su dictadura y asociados del Foro de Sau Paulo, es en defensa de México que tenemos que analizar cada conducta en sus méritos, tanto la de Maduro como la de Trump. Debemos aprender de los venezolanos por qué y cómo no pudieron ser capaces de combatir el chavismo, destronar su locura y acabar llevando ante la justicia a sus dos sátrapas y cortes delincuenciales, debemos por igual desarrollar inmunidades a las estrategias y mentiras del Foro de Sau Paulo, así como generar una conciencia internacional y solidaridad respetuosa para no pelear en lo nacional fenómenos políticos y delincuenciales de alcance global. No podemos festinar el actuar fuera de toda norma de Estados Unidos, ni dejar de clamar por la sensatez en las relaciones internacionales y la solución pacífica de los conflictos entre naciones. También debemos recuperar los ejes de nuestra política exterior que nos permitieron sobrellevar exitosamente una relación de vecindad asimétrica con decoro, dignidad y eficacia.
No nos equivoquemos, el enemigo de nuestro enemigo no es necesariamente nuestro amigo, deponer desde fuera gobiernos no puede alegar en su favor democracia ninguna, así sean para con gobiernos golpistas y criminales. Como dijo Zeleznky, si esa es la solución contra las dictaduras, Trump tendría que proceder contra Putin, y luego, agrego yo, contra él mismo. En el mismo tenor, pero en sentido contrario, ¿qué podrá decir ahora Estados Unidos si Putin toma Ucrania y reclama para sí sus recursos naturales?
Nada hay que aplaudir en este inicio de año, quien crea que ha ganado algo es que no ha visto aun lo que todos hemos perdido como humanidad. El mundo, al igual que al inicio del siglo pasado, ha perdido la razón, la decencia y el sentido común.
Cuando Cuba luchó por su independencia de España a finales del siglo XIX, Estados Unidos se hizo presente ofreciendo una ayuda que terminó en invasión, y alcanzada su independencia la bandera que se izó en la Habana no fue la cubana, fue la norteamericana. Aún nos falta por ver que bandera habrá de hondear en la Venezuela después de Maduro. Qué banderas terminaran ondeando, de quedar alguna, cuando la humanidad finalmente recupere la sensatez.
Creímos haber sepultado a los imperios tras dos guerras mundiales, pero el mal nunca muere, solo se transforma.




