Utopía
Eduardo Ibarra Aguirre
El alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, concluyó su visita a México de cuatro días en los que cubrió una intensa agenda de muchos encuentros y pocos desencuentros, entre otros con familiares de víctimas de desaparición forzada, integrantes de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia –encabezada por la fiscal Ernestina Godoy–, con la Federación Mexicana de Organismos Públicos de Derechos Humanos (incluida la Comisión Nacional de los Derechos Humanos), la secretaria de Gobernación, el canciller y Claudia Sheinbaum.
Pero sobre todo fue notable el esfuerzo del alto comisionado de la ONU-DH por guardar la mesura y eso que llaman objetividad, pero que no existe, con juicios dignos de registrarse para ponderarlos.
Contrasta, por ejemplo, su extremo cuidado para eludir la decisión (¿O sentencia?) del Comité de Desapariciones Forzadas –que Sheinbaum Pardo estima que es un organismo independiente, que no depende de la Organización de las Naciones Unidas– de llevar esta problemática a la Asamblea General. Y Türk prefirió no ahondar en ello y se limitó a decir que aún no se conocen los resultados que traerá, pero “es importante enfocarse en encontrar una solución”.
Mas a la hora de valorar el tema de la desaparición forzada de mexicanos y mexicanas –como dicta la moda política– fue clarísimo al estimar que todavía “es uno de los desafíos más graves y dolorosos” para nuestro país. Y como buen intérprete de las víctimas y sus familiares –aunque algunas denunciaron que no los recibió y suplican “No nos abandonen”– explicó que la desaparición de personas provoca “un sufrimiento inimaginable y prolongado” para sus seres queridos y “erosiona profundamente la confianza entre la población y el Estado”.
En la concepción del abogado austriaco “Necesitamos un compromiso nacional que vaya más allá de posiciones políticas o de un mandato de un gobierno, para que pueda darse un proceso de verdad, de reconocimiento del dolor y la labor de las personas buscadoras, de transparencia y de compromiso férreo del Estado”. Así es y sería extraordinario que la inmediatez sexenal de los tiempos políticos más que idos queden bien registrados para que no se reediten.
En esta perspectiva resulta básica la petición o exigencia del funcionario de la ONU, pero que él presentó en forma de “súplica” para abordar que el flagelo de la desaparición forzada no se “politice ni polarice”, pues esto “no ofrece justicia a las víctimas”. Todo asunto público de suyo es político, por ello más bien es no partidizar, como desesperadamente lo hace el denominado PRIAN y públicamente lo reconocen familiares de víctimas que simpatizan o militan en él.
Si bien el alto comisionado reconoció sin ambages los esfuerzos realizados por las autoridades para hacer frente a la violencia, en particular la ley general sobre desaparición que constituye “una referencia internacional” de México en desaparición forzada y el mecanismo de protección a periodistas como “un modelo muy relevante y un referente en la región”, pero necesita reforzar la prevención; también externó su preocupación por la impunidad, el desafío que representan las agresiones contra periodistas y defensores de derechos humanos, así como los feminicidios. “La seguridad pública es uno de los retos más complejos de la sociedad mexicana”.
Reiteró, finalmente, la disposición de la ONU-DH de proporcionar asistencia técnica, apoyo y seguimiento a los esfuerzos de México, al tiempo que reconoció la voluntad política del gobierno de CSP.
Acuse de recibo
“En la Comisión de Puntos Constitucionales, el senador @Javier_Corral no respondió con enojo. Respondió con verdad fenomenológica. Frente a los ataques personales de @LillyTellez Corral ejecutó un acto de aletheia heideggeriana: desocultó la esencia. Y lo hizo con una frase que ya será histórica: ‘Nadie retrata mejor el deterioro moral del PAN. Usted representa la putrefacción que hoy vive el partido’. No fue un insulto. Fue un golpe existencial. Corral practicó ‘concientización’: obligó a Téllez y al PAN entero a mirarse en el espejo de su propia mala fe sartreana. Ya no pueden esconderse detrás de carpetas viejas. El partido que nació con raíces humanistas cristianas hoy es puro Verfallen: habladuría vacía, entreguismo imperialista y corrupción convertida en doctrina. El discurso revela la estructura profunda: el PAN ya no defiende a México. Defiende la subordinación. Defiende instructores gringos en suelo mexicano mientras ignora la soberanía. Y Lilly Téllez, con su interrupción furiosa, encarnó exactamente esa putrefacción que Corral señaló sin piedad. Este no es un debate senatorial más. Es un acontecimiento ético existencial. Corral no atacó a una persona: obligó al PAN a asumir su ser. Y el PAN, en su silencio posterior, confirmó la sentencia. Autenticidad versus mala fe. Soberanía versus entreguismo. Vida política digna versus putrefacción…”. Runas Dos Lunas @DosRunas, en X. 23-IV-26.
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