Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“Son de más valor la honradez y el talento que la riqueza”. – John Dryden.
Durante casi 20 años, los jarochos han pagado puntualmente por estacionar sus vehículos en el Centro Histórico del puerto de Veracruz. Dos décadas de monedas, tickets, aplicaciones y parquímetros modernos que han convertido el derecho a aparcar en una obligación cotidiana. Lo que no ha sido cotidiano —ni visible— es el destino real de esos recursos: la preservación, mantenimiento y dignificación del primer cuadro de la ciudad.
La pregunta es inevitable y hoy vuelve con fuerza:
¿Dónde ha quedado el dinero de los parquímetros?
Este 28 de enero de 2026, la administración municipal que encabeza Rosa María Hernández Espejo anunció la instalación de un Comité de Supervisión de Recursos de Estacionómetros, integrado por funcionarios municipales y representantes empresariales, con el propósito de garantizar que los fondos se destinen, ahora sí, al mantenimiento urbano del Centro Histórico.
El anuncio, en el papel, suena bien. Transparencia, vigilancia, seguimiento cuatrimestral, informes financieros y mejoras visibles en calles, banquetas y espacios públicos. El problema no es el discurso; el problema es el tiempo.
Porque si los parquímetros llevan operando cerca de 20 años —con casi dos mil cajones activos, tarifas constantes y esquemas de pago mensual— resulta legítimo cuestionar por qué hasta ahora se crea un comité para vigilar recursos que desde su origen tenían un destino claramente establecido: la conservación del Centro Histórico.
El Centro Histórico: cobrado, pero no conservado
Basta caminar por el primer cuadro para notar banquetas fracturadas, luminarias obsoletas, cableado aéreo persistente, drenajes colapsados en temporada de lluvias y una imagen urbana que dista mucho de reflejar una inversión sostenida y sistemática.
Si los parquímetros fueron concebidos como una herramienta para ordenar el espacio público y generar recursos para su mantenimiento, entonces el balance es, por decir lo menos, decepcionante.
Aquí no se trata de acusar sin pruebas, sino de exigir resultados visibles. La ciudadanía no tiene acceso fácil —ni histórico— a informes claros que expliquen cuánto se ha recaudado en dos décadas y en qué se ha aplicado peso por peso. Y cuando la rendición de cuentas llega tarde, la desconfianza llega temprano.
¿Comité de supervisión o control de daños?
La creación del Comité despierta otra duda razonable:
¿Es un ejercicio genuino de transparencia o una reacción política ante la presión social y el desgaste del modelo?

Porque si hoy se subraya que “los recursos sí se utilizarán en los trabajos para los que fueron destinados”, implícitamente se reconoce lo que la ciudadanía ha sospechado durante años: que antes no hubo certeza de ello.
Además, integrar a cámaras empresariales no sustituye la obligación de una auditoría pública, histórica y detallada. Supervisar el presente sin explicar el pasado deja un vacío incómodo. El Centro Histórico no se deterioró en un año ni en un trienio; su desgaste es acumulado, igual que la recaudación.
El verdadero reto: pasar del boletín a la banqueta
La administración de Rosa María Hernández Espejo enfrenta ahora un desafío mayor al anuncio: demostrar con obras que este cambio es real. No basta con informes financieros ni calendarios de reuniones; la ciudadanía espera ver calles rehabilitadas, espacios públicos dignificados y un Centro Histórico que refleje, por fin, el dinero que durante años ha generado.
Porque los parquímetros no son nuevos.
Lo nuevo —y lo urgente— es que el cobro deje de ser una promesa y se convierta en ciudad.
Y en Veracruz, donde la memoria urbana es larga y la paciencia corta, el tiempo de los boletines ya pasó. Ahora toca responder, con hechos, a una deuda que lleva casi 20 años acumulándose en cada cajón de estacionamiento.
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx




