Columna de opinión
Podrán acabar con México
Luis Farías Mackey
Luis Farías Mackey
La única forma verdadera de proteger los derechos de las audiencias es combatiendo todo aquello que limite, obstruya o violente su audición, incluso bajo la excusa de su defensa.
Quien por defender a las audiencias pretende abstraerlas del circuito de la comunicación pública, no las defiende, las secuestra; no las protege, les teme.
Solo hay una razón para encerrar en un capelo la escucha, la vista y la libertad de las personas: el miedo a ellas.
Pero, si vemos bien, no hay un peligro presente o inminente que pudiese explicar el miedo del obradorato, de hecho tiene control de todo el aparato de poder y de los medios tradicionales de comunicación; no hay un agente ni una amenaza que acredite objetivamente en ellos una sensación de miedo, que es siempre, presente o inminente, identificado y ubicable en el tiempo y en el espacio: yo temo al perro que me ladra y pela los dientes mientras corre hacia mí sin obstáculo alguno; o al extorsionador que me amenaza con hacer daño a mi familia o la delincuencia organizada que controla el derecho de piso en mi colonia y cuyo auto se ha detenido afuera de mi estanquillo.
Pero en todos estos casos y otros imaginables, Morena alinea del lado de ellos, del peligro; luego entonces no hay algo o alguien, presente o en amenaza que pudiese causarles un daño real, al contrario, el peligro paraliza a la gente, las aliena y las deja a merced del poder, más si está asociado al causante del peligro.
Por tanto, lo suyo no es miedo, es angustia, una aprensión indefinida, no identificada, no explicable y no ubicable que sin embargo nos altera hasta aislarnos del mundo entero, la angustia nos envuelve y separa dejándonos solos frente a nosotros mismos; la angustia no responde a un fenómeno de peligro, sino al existir mismo del sí mismo, al que no podemos engañar y de quienes somos responsables de ser y hacer lo que corresponda y a lo que no podemos renunciar ni tampoco negar. Lo que angustia a la angustia es la posibilidad de ser y que tenemos que enfrentar o sufrir no hacerlo o no poderlo hacer.
Sheinbaum no pelea el derecho de las audiencias ni combate ningún peligro real a ellas, Sheinbaum expresa su angustia existencial de ser y hacer lo que sabe ni es ni puede.
Más fácil es conculcar derechos que asumir su única, personal e intransferible existencia.
Angustia que por lo visto comparten muchos en la cima del poder.
Podrán acabar con México, pero con su angustia no.
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