por Yazmín Alessandrini
Por mucho, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es la institución educativa con mayor prestigio del país. De acuerdo al QS World University Rankings 2027, un listado anual que realiza la empresa británica QS Quacquarelli Symonds, tras evaluar universidades de más de 100 países del mundo, nuestra alma mater ocupa la posición número 145 dentro de un universo de más de mil 500 escuelas.
Es considerada una de las mejores de América Latina y la número uno en México. Su reputación académica, según considera este ranking, la ubica en el sitio 28 global con un admirable puntaje de 99.3.
Sin embargo, en días recientes nuestra máxima casa de estudios, la cual fue fundada en 1910 por Justo Sierra, ha estado bajo un brutal escrutinio por un motivo que no tiene absolutamente nada que ver con su gran prestigio y reputación, pues Rectoría dio a conocer oficialmente el viernes pasado que miles de aspirantes que tomaron el examen virtual de admisión para ingresar a nivel licenciatura hicieron trampa valiéndose de la Inteligencia Artificial (IA) y otros recursos cibernéticos y tecnológicos para aprobar dicha prueba.
Cabe mencionar que ésta fue la primera ocasión en sus 117 años de historia, que la UNAM aplicó un examen virtual. Para ello, contrató a la empresa Territorium Life, a la que le pagó entre 40.7 millones de pesos y un máximo de 101.7 para tal fin.
Honestamente, yo no sé que es peor: Pagar una millonada para implementar una “novedosa modalidad” para aplicar el examen de admisión a licenciatura que no sirvió para nada o que miles de jóvenes que aspiran a ser ciudadanos de élite gracias a una educación superior de primer nivel sean unos vulgares tramposos.
Sin dar a conocer un número exacto, el rector Leonardo Lomelí Vanegas informó que “muchos” de los 158 mil postulantes que presentaron el examen recurrieron a ayudas ilegales como usar teléfonos celulares, así como la presencia de personas que los auxiliaron e incluso que pagaron a terceros para que respondieran las preguntas del cuestionario, entre otras, para aprobar y poder ingresar a la UNAM.
Oficialmente se maneja que 2 por ciento de los aspirantes hicieron trampa, pero fuentes allegadas a los 16 integrantes del Comité Técnico que investigan este caso han filtrado que la cifra podría superar el 50 por ciento. ¡Qué espanto!
La UNAM comenzó a aplicar el examen de admisión de manera regular a partir de 1946, a causa del crecimiento de la población estudiantil tras la Segunda Guerra Mundial y, años más tarde, ante la enorme cantidad de aspirantes, la prueba masiva se comenzó a realizar de forma emblemática en las gradas del Estadio Azteca, de 1969 a 1987.
Para los miles de muchachos que acudieron al Coloso de Santa Úrsula a realizar su examen para preparatoria y licenciatura durante esos 18 años, era un gran motivo de orgullo haber vivido la experiencia de haber participado en este histórico proceso de admisión. Lamentablemente, los tramposos no tienen la menor idea de lo que significa el término “orgullo”.
El viernes pasado, Patricia Dávila, secretaria general de la UNAM, fue destituida de su cargo en medio de la polémica por las irregularidades en los exámenes de admisión de este 2026.
Una buena medida, tomando en cuenta la magnitud del escándalo. Sin embargo, la coyuntura demanda que rueden más cabezas, entre ellas la del rector Lomelí.
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