Astrolabio Político
Por: Luis Ramírez Baqueiro
“La maldad no necesita razones, le basta con un pretexto”. – . Johann W. Goethe.
Los crímenes contra periodistas exigen dos cosas indispensables: investigaciones serias y absoluta responsabilidad política. Lo peor que puede ocurrir en un caso de esta naturaleza es que el dolor de una familia, la indignación de un gremio y la exigencia de justicia se conviertan en herramientas para alimentar protagonismos personales o disputas políticas.
El asesinato de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, ocurrido en Nanchital, ha generado la lógica consternación de la sociedad veracruzana. También ha motivado expresiones de solidaridad provenientes de distintos sectores. Sin embargo, entre la solidaridad genuina y el oportunismo político existe una línea muy delgada que los servidores públicos deberían cuidar con especial celo.
En ese contexto llamó la atención la publicación de una esquela por parte del senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara. El gesto, legítimo en apariencia, inevitablemente despierta interrogantes cuando se observa el contexto en el que se desarrolla la investigación y la forma en que las autoridades han decidido conducir el caso.
Tanto el Gobierno de Veracruz como el Gobierno de la República han optado por una postura de prudencia institucional. En lugar de adelantar conclusiones o alimentar especulaciones, han privilegiado el trabajo ministerial y el desarrollo de la carpeta de investigación. Esa actitud resulta indispensable en un Estado de Derecho, particularmente cuando un crimen puede generar múltiples interpretaciones antes de que existan conclusiones oficiales.
Incluso diversos espacios periodísticos nacionales, entre ellos los trabajos publicados por el periodista Héctor de Mauleón, han señalado que, con base en información derivada de la investigación, existirían indicios que orientarían las indagatorias hacia posibles móviles distintos al ejercicio periodístico, incluyendo presuntos vínculos con actividades relacionadas con el narcomenudeo. Se trata de una línea de investigación que corresponde esclarecer exclusivamente a las autoridades competentes y no de una conclusión definitiva.
Precisamente por ello sorprende que, mientras las instituciones mantienen la cautela para no contaminar el proceso, algunos actores políticos parezcan apresurarse a construir narrativas que inevitablemente colocan el reflector sobre su propia figura.
Es ahí donde surge una pregunta legítima desde el análisis político: ¿qué interés persigue el senador Manuel Huerta con una manifestación pública de esa naturaleza en un momento en que la propia investigación permanece abierta?

Porque una esquela no sustituye el trabajo legislativo. Tampoco fortalece los mecanismos de protección a periodistas, combate la impunidad o aporta elementos para el esclarecimiento del crimen. Es un gesto simbólico que, dependiendo del contexto, puede interpretarse como solidaridad, pero también como un acto de visible desgarramiento de vestiduras que termina desplazando el centro de atención: la búsqueda de la verdad.
La responsabilidad de un representante popular debería consistir en exigir que las investigaciones lleguen hasta sus últimas consecuencias, sin presiones políticas, sin aprovechamientos mediáticos y sin intentar capitalizar el dolor ajeno.
Veracruz conoce demasiado bien el costo de la violencia contra periodistas como para permitir que cada tragedia sea utilizada como plataforma de posicionamiento político. La prudencia institucional mostrada hasta ahora por los gobiernos estatal y federal contrasta con quienes parecen tener prisa por fijar una postura pública antes de que la justicia concluya su trabajo.
La mejor solidaridad con Roxana Berenice Guzmán Ramírez no consiste en publicar una esquela. Consiste en permitir que la investigación avance con independencia, que se esclarezcan plenamente los hechos, cualquiera que sea el móvil que finalmente determinen las autoridades, y que los responsables enfrenten la justicia.
Lo demás, inevitablemente, abre la puerta a una pregunta que el propio senador tendría que responder: ¿qué interés político existe detrás de una expresión que, lejos de aportar al esclarecimiento del caso, termina colocándolo a él en el centro de la conversación?
Al tiempo.
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