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Columna de opinión

¿Qué le debe la 4T a Zenyazen?

Javier Roldán Dávila

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Javier Roldán Dávila
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La insoslayable brevedad

Javier Roldán Dávila

Por necesidad desnudó su cuerpo, por poder, su forma de ser

 

Sin los bártulos mínimos para ser secretario de Educación en Veracruz, lo fue. Sólo Cuitláhuac García tenía fe (personal) de sus méritos, nadie más.

La evidencia pública indica, que el señor se dedicaba al desnudismo y todo lo que ello implica, de Freire, Piaget, Montessori o Rébsamen, no entendía un carajo. Para justificar su acceso al puesto, obtuvo licenciatura y posgrados exprés.

Ya en el cargo, su desempeño, como resulta obvio, no aportó nada al progreso educativo de Veracruz, pero, eso sí, su estilo de vida cambió significativamente, del Flexi evolucionó al Ferragamo, aunque bueno, la mona puede vestir de seda…

Fuera de sí, supuso que podía ser candidato a gobernador, la realidad lo devolvió a su nivel. No obstante, el boato lo había hecho presa: yates, motos acuáticas, Riviera Veracruzana, todo en el marco de su gran capacidad de ahorro.

El alcohol, como suele ocurrir, lo encueró: un triste esperpento, cabeza hueca, que espeta en San Lázaro a todo pulmón: ¡no que eras muy cabrón wey! ¡puto, me las pelas wey!

Sus ‘compañeros de lucha’, callan como momias y solo atinan a decir: ‘las redes lo condenaron’.

¿Qué le deben al Tarzan Boy que no lo expulsan de sus filas? ¿desvío de recursos a favor de campañas? ¿magníficas veladas en el Squalo? o ¿mesa que más aplauda?

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