Eduardo Sadot
El Instituto Nacional Electoral autorizó el registro de nuevos partidos políticos, entre ellos Somos México; sin embargo, al mismo tiempo abrió una discusión innecesaria al objetar su nombre, colores y emblema. La razón central es que, a juicio de la autoridad electoral, la expresión “Somos México” podría inducir a pensar que ese partido representa a toda la nación. La verdad MORENA tiene miedo.
El argumento parece jurídico, pero en el fondo resulta débil. Decir “Somos México” no significa decir “todos somos ese partido”. Es una expresión de identidad política, no una apropiación de la patria. Es una frase aspiracional, como tantas otras utilizadas en la vida pública. Los partidos no son notarios de la totalidad nacional; son organizaciones que expresan causas, ideas, movimientos y proyectos.
Si el criterio del INE fuera correcto en términos absolutos, entonces habría que revisar con la misma severidad otras denominaciones. Movimiento Ciudadano no significa que todos los ciudadanos pertenezcan a ese movimiento. Morena, con su idea de regeneración nacional, tampoco significa que toda la nación forme parte de su proyecto. Acción Nacional no representa toda acción de la nación; ni Revolución Democrática implicaba que toda democracia revolucionaria estuviera contenida en ese partido.
Por eso el problema no está en cuidar al electorado de una posible confusión, sino en aplicar criterios con uniformidad. Una autoridad electoral debe ser imparcial, pero también parecerlo.
Cuando se exige a un nuevo partido lo que no se ha exigido a otros, surge inevitablemente la sospecha política.
Somos México debe conservar su nombre. No porque tenga privilegio alguno, sino porque tiene el mismo derecho que otros partidos a definirse mediante una frase de identidad, pertenencia y aspiración pública. La democracia no se fortalece limitando nombres; se fortalece permitiendo que los ciudadanos decidan con libertad entre proyectos claramente identificables.
Impedir ese nombre sería una interpretación excesiva. Peor aún, podría convertirse en un precedente peligroso: que la autoridad electoral no solo revise requisitos legales, sino que empiece a calificar subjetivamente la fuerza simbólica de las palabras.
México no pertenece a un partido. Pero ningún partido debe ser impedido de invocar a México como causa, destino o compromiso. Somos México no quiere decir “somos todos”; quiere decir “también somos parte”. Y en democracia, esa diferencia es fundamental.
El riesgo de crear nuevos partidos, lo hemos dicho y hemos coincidido con el líder del PRI es que eso polariza el voto en beneficio de MORENA, pero no siempre en todos los partidos, la ley impide a los nuevos ir en alianza y en eso deben trabajar los opositores, porque MORENA sí está pensando en sumar y castigar a sus aliados con la creación del PAZ que descaradamente llevaba las siglas CSP de la presidente y que se les están rebelando, como el Verde – que se mueve por dinero no por ambientalistas – que callaron como momias ante la destrucción ecológica del tren maya – y el PT que le exige a MORENA sus fueros.
Evidentemente la oposición debe operar concertadamente si pretende ganar solos y aislados solo abonan a MORENA. Las elecciones evidenciaron alianzas vergonzosas como Movimiento Ciudadano, que sigue los pasos del Verde, crecer para enriquecerse, eso decepciona a la ciudadanía. El Movimiento Naranja o se define porque cada vez se ve monetizado o “amorenado” “ennegrecido”, más guinda que naranja. Más López que Delgado.
sadot16@hotmail.com