Columna de opinión
Trump, libertador o emperador
Eduardo Sadot
Eduardo Sadot
Donald Trump no es un político convencional. Su forma de ejercer el poder rompe con los códigos tradicionales de la diplomacia y plantea una pregunta de fondo: ¿estamos frente a un líder que busca reordenar el mundo o ante una figura que pretende imponer su propia lógica de poder?
Trump se presenta como un libertador frente a dictaduras, terrorismo y narco-gobiernos. Sin embargo, su lenguaje y sus formas cuentan otra historia. Durante su encuentro con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, evocó el ataque a Pearl Harbor en un tono que desbordó la prudencia diplomática. El episodio no fue anecdótico: evidenció una visión del poder que privilegia la confrontación sobre la construcción de acuerdos.
En la misma línea se inscriben sus declaraciones en el Foro Económico Mundial de Davos, donde afirmó que sin Estados Unidos Europa estaría “hablando alemán”. Más que una afirmación histórica, se trata de una narrativa que busca reafirmar la centralidad estadounidense en el orden global, aun a costa de simplificar procesos complejos.
Su política exterior se mueve entre la acción y la incertidumbre. Venezuela continúa sin un desenlace claro; Cuba permanece en la antesala de decisiones mayores; e Irán sigue representando un foco de tensión de alcance global. No hay definiciones contundentes, pero sí una constante: la presión como herramienta.
México no escapa a esta dinámica. La relación bilateral arrastra tensiones, particularmente por el tema del fentanilo. Las declaraciones del pasado, negando la existencia de laboratorios, no han sido olvidadas en Washington. En política internacional, los errores no se diluyen: se acumulan.
A ello se suma un contexto interno que debilita la posición negociadora del país. La percepción de un Poder Judicial cuestionado, la ausencia de cuadros técnicos de alto nivel en negociaciones estratégicas y la limitada articulación con los sectores productivos generan incertidumbre en un momento clave, particularmente ante la inminente revisión del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá.
Frente a este escenario, las señales de Trump —desde sus comentarios sobre Groenlandia hasta sus referencias a Canadá— no deben leerse como exabruptos, sino como expresiones de una visión que rebasa la diplomacia tradicional y se acerca a una lógica de poder expansiva.
La pregunta, entonces, no es menor: ¿actúa como libertador o como emperador?La respuesta dependerá no sólo de sus decisiones, sino también de la fortaleza institucional de los países con los que interactúa.Porque en el escenario internacional, la debilidad no se disimula.Se aprovecha.
eduardosadotoficial
@eduardosadot
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