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¿Y los derechos de los niños en 2025, cómo vamos?

Fuera de Todo

Denise Díaz Ricárdez

“Los derechos de la infancia no tienen fronteras. Escuchar a los niños es empezar a construir el mundo que merecen.”

 

Todos los niños y niñas tienen derechos solo por ser personas. No es algo nuevo, pero en 2025 sigue siendo súper importante recordarlo. Los derechos de la infancia —como ir a la escuela, vivir seguros, tener salud y ser escuchados— deberían cumplirse en todo el mundo. ¿Pero realmente pasa? La respuesta es: hemos avanzado… pero todavía falta.

Lo que ha mejorado

En los últimos años, han pasado cosas buenas. Por ejemplo:

  • Más niños están yendo a la escuela

    . Y con la tecnología, muchos pueden estudiar desde lugares donde antes no había ni escuelas cerca.

  • La salud infantil ha mejorado

    . Las vacunas, el acceso a médicos y la atención en general han salvado muchas vidas.

  • Más leyes protegen a la niñez

    . Cada vez más países dicen NO al trabajo infantil y al maltrato. Y eso ya es un cambio gigante.

Lo que sigue siendo un problema

Aun con los avances, hay situaciones que duelen:

  • Millones de niños siguen trabajando

    en vez de jugar o aprender.

  • Muchos viven en zonas de guerra o en pobreza extrema

    , sin acceso a servicios básicos.

  • La brecha digital es real

    . No todos tienen internet ni dispositivos para estudiar o comunicarse.

  • Internet también puede ser peligroso

    , con ciberacoso, violencia o personas que buscan aprovecharse.


Los niños también tienen voz

Un derecho que todavía se subestima mucho es el de ser escuchados. Pero esto está empezando a cambiar. Jóvenes en todo el mundo están hablando claro sobre el clima, la desigualdad, la educación… y están siendo escuchados.

La infancia no es solo el futuro. También es el presente. Y tiene algo que decir.

Entonces… ¿qué hacemos?

Los derechos de los niños no deberían depender del país donde nacen, del dinero que tenga su familia o de si alguien los escucha o no. Defenderlos es tarea de gobiernos, sí, pero también de educadores, familias, medios… y de nosotros mismos.

En un mundo que cambia tan rápido, lo más justo es que esos cambios también beneficien a quienes más lo necesitan: los niños y niñas.

Porque cuidar la infancia no es caridad. Es construir un futuro con más justicia, empatía y esperanza.

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