Luis Farías Mackey
Yo siempre soy el mismo, pero no lo soy. Cuando me veo de niño, joven, adulto o ya de salida, me aprecio siempre yo, pero el tiempo ha variado mi físico, volumen, cabellera, agilidad, entendimiento, pero no eso que llamo mi ser, que ha sido desde que nací y será hasta que muera.
Quisiera pensar que eso es México: por más malos gobernantes que hayamos sufrido lo seguimos percibiéndolo en un modo de ser que es sin importar sus infortunios.
Pero quizás yo como perceptor no percibo mis constantes cambios, o me niego a percibirlos, así como el devenir implacable; puede ser que nos enseñaron a ver instantes estancos y no concatenarlos en devenir. Soy el mismo, pero diferente. El hecho es que Grecia feneció, Roma cayó, el medievo dio paso al renacimiento y éste a la modernidad, la Francia de Napoleón aún no cesa de gozar sus glorias ni de pagar sus fallas, de la Alemania de Hitler no quedó piedra sobre piedra, más sí sus lecciones de odio, el México de hace 30 años perdió su encanto y lustre tan pronto dio inicio el nuevo siglo.
Para nuestra fortuna Morena tampoco será eterna, aunque nos lo parezca. Sheinbaum no es López y López es ya casi un fugitivo; tampoco los mexicanos cegados por su demencia mesiánica son los mismos, de tiempo atrás los costos de aquella borrachera nos son a todos cada vez más gravosos. Sheinbaum misma se boicotea todos los días inmisericordemente.