HOMO POLÍTICUS
PAVE SOBERANES
- Margarita Tras la Gira Presidencial
«¿Sabes lo que ocurre cuando haces daño a la gente?». Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas.
La Procuraduría de los Derechos Académicos puede expulsar a la rectora de la Universidad estatal, Viridiana León, con la mano en la cintura y tronando los dedos como despidió a la directora de Nutrición.
Para hacerlo, Araceli Álvarez necesita incurrir otra vez en extralimitaciones legales. El anuncio epistolar del despido de Jessica López Bucio —apellido compuesto, de gran estima—, ahondó el vacío de autoridad de Rectoría.
Aunado a la crisis educacional de la Universidad Autónoma del Estado de MORENA —y de seguridad: en el campus ocurrieron tres feminicidios y dos de sus alumnos se convirtieron a feminicidas de un año a otro—, la procuraduría estatal, mala copia de la procuraduría de la UNAM, aplicó un atributo que no le va.
Vigilar el cumplimiento de la legislación universitaria no es despedir, o anunciar el despido, de funcionario o empleado, sindicado o no, de la Universidad. La cesantía de la directora de Nutrición, con mano negra política o motu proprio, provocó se suspendiera la mesa de diálogo y se rompieran los acuerdos alcanzados. La cumbre dominical entre Rectoría y Resistencia estudiantil terminó como empezó.
Otra vez: en esa casa del pensamiento universal la única razón de ser de la Universidad, aquí y en todo el globo azul, es el estudiantado. No es difícil comprenderlo. Hace 17 años, Luis Salas, presidente de la Federación Estudiantes Universitarios de Morelos —la FEUM también ahora en crisis de representatividad, pero con mesadas puntuales— propuso la creación de la Procuraduría de los Derechos Académicos. La «última reserva moral» que cantaba en sus discursos el rector Vera, pergeñados locuazmente por el poeta Sicilia, no respeta al alumnado.
Esa instancia de poder político, la procuraduría, no actuó con inmediatez cuando se denunciaron actos de violencia. No los atendió. Los ignoró. La violencia de género, el hostigamiento laboral y el acoso sexual continuaron, continúan. Y, de paso, premió a violentadores, acosadores y hostigadores, que se mantienen silentes y ocultos, aunque hayan perdido la sonrisa de falsa superioridad.

Ayer, la representación estudiantil —es lógico que se cubran el rostro— se dijo interesada en volver a las aulas, pero antepuesto el «regreso con vida» a sus hogares.
letraschiquitas
Tras despedir el sábado a la presidente Sheinbaum, que realizó una gira de trabajo de dos días en Morelos, la gobernadora Margarita comió en el oriental P.F. Chang’s. A la entrada, saludó de mano a mi esposa, sin saber que lo era. Así respondió cuando Alejandra la llamó «gobernadora» al encontrarse de frente, como un gesto de cortesía muy de mujeres. —Es mi hija, presentó Margarita, quien llevaba a una niña de la mano, posiblemente su nieta. Nada más. Salió González-Saravia como entró, tras el consumo de alimentos por 250 kilocalorías —«Come poco y cena menos», recomienda Don Quijote para verse bien y pensar mejor—, sin equipo de seguridad. Otro mandatario, porque las visitas presidenciales no importan de igual manera, hubiera festejado con sus subalternos entre desenfreno de elogios, aplausos, cortes y caldos báquicos…