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Zen-yate-zen y el arte de hundirse con elegancia

DE PRIMERA MANO

  • Con Cuitláhuac se premió la ineptitud: Bautista

Por Omar Zúñiga

 

En estos días, ni una semana entre ambos, dos incidentes protagonizados por flamantes legisladores federales veracruzanos han acaparado la atención pública, no por su chamba-, sino por la actitud que sus protagonistas adoptaron ante ellos.

El primero involucra al diputado Zenyazen Escobar García, que dicho sea de paso- no ha dejado de ocupar los principales encabezados y ahora pasó al del cachondeo, como quiera que sea su fama ha trascendido, de ser un don nadie en el Congreso pasó a ser reconocido hasta por la espalda.

Sabemos De Primera Mano, que la embarcación que se empeñó en negar su propiedad  sí le pertenceía, a través de uno de un prestanombres.

El yatecito habría sido “rentado” por un empresario peroteño para quedar bien con las damas afectadas, sobre todo con Claudia Alemán, directora de Icatver.

Zenyazen ciertamente estaba cerca de la embarcación en el momento de los hechos, pero vigilando su inversión, pues ciertamente tampoco contaba con el accidente, además de que no tuvo origen en un incendio como se informó originalmente, sino que fue un estallido en la zona de motores que sorprendió a todos los tripulantes, lo que explica las fracturas que sufrieron dos de las jóvenes que viajaban en la popa y que fueron impactadas contra una mesa antes de caer al agua, lo que dio tiempo a que los demás (incuido el capitán) saltaran al agua sin sufrir lesiones.

También es cierto que el diputado las auxilió -nadie se lo regatea- y las puso a salvo. Fueron atendidas de manera puntual y todo los gastos corrieron por su cuenta, por eso ya no vimos más noticias de ese tema.

 

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Hace varios años en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Texas en Austin, aprendí que con la llegada de las redes sociales, la inmediatez se volvió esencial para el peridista y los medios digitales, pero más importante es la rigurosidad de establecer que la información es cierta.

Zenzayen hizo lo que debía, aquellos que difundieron que no era cierto, hoy quedan como lo que son.

 

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Y si no, pregúntenle al profe Esteban Bautista, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso, que sabr lo que es el trabajo político y hombre de toda la confianza de la gobernadora, que sale a decir este jueves que el diputado federal debió salir a dar la cara con humildad, reconocer el error y punto. Pero si ya cometió un error y va a estar relanzando su imagen en cascada, a la sociedad no se le engaña. La sociedad está muy despierta.

Y puso los puntos sobre las íes cuando dijo que durante el gobierno de Cuitláhuac García hubo funcionarios que nunca debieron ocupar los cargos que se les asignaron; personas carentes de vocación de servicio, ajenas al sufrimiento ciudadano, que fueron, sin embargo, premiadas con posiciones de responsabilidad pública.

“La ineptitud fue premiada (…) y cuando uno no tiene vocación de servicio, no sabe lo que es la atención ciudadana, no sabe lo que sufre el prójimo, se pierde.”, y a menar de contexto, si usted no lo recuerda, Zenyazen Escobar fungió como seceatrio e Educación con el inútil (AMLO dixit) de Cuitláhuac.

 

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El segundo caso es de la flamante la diputada, también federal, por Xalapa, Ana Miriam Ferráez, que circulando de reversa, se impactó contra un motociclista, y que según ella misma no quiso dar una vuelta más para no perder tiempo “porque ya iba tarde”.

El incidente protagonizado por la autora de la frase “López Obrador me da asquito” aglutina, en un acto cotidiano, una actitud que trasciende lo anecdótico: la percepción de que el tiempo de ella como diputada, su vehículo y su integridad, valen más que la de un ciudadano.

 

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El diagnóstico del profe no se detuvo en el episodio del yate y sobre ambos legisladores, su posición fue igualmente contundente: afirmó que, de ser él el dirigente estatal del partido, aplicaría las sanciones correspondientes. “Lástima que no soy el dirigente”, precisó, con una sobriedad que dice tanto como lo que calla.

La frase expone, sin necesidad de mayor retórica, una incomodidad institucional real: la de quien observa con claridad los fallos éticos de sus correligionarios y carece, por razones de cargo, del instrumento formal para corregirlos.

Al final, el comportamiento de Zenyazen Escobar y Ana Miriam Ferráez revela una fractura ética en la representación popular del Veracruz actual.

 

¡Qué barbaridad!

deprimera.mano2020@gmail.com

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