Los últimos acontecimientos en el occidente y otras regiones, nos llevan a una profunda reflexión en cuanto a lo mucho que se debe bregar para alcanzar la seguridad en un país que ya merece jornadas mejores. Estos lamentables sucesos, también reafirman el enorme compromiso y la trayectoria de la Fuerzas Armadas, que siempre con lealtad, han privilegiado las razones de Estado por encima de aquellas de la política. Por ello, se debe tomar en consideración que los actos de sacrificio, como los que se dieron ayer por parte de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, no fueron fortuitos, sino que obedecen a una orgullosa tradición, a una sólida formación y a una férrea convicción.
Tomo la licencia de compartir una anécdota personal: hace días platiqué con un amigo, que es un militar en activo pero también un historiador nato. Comentó sobre Guillermo Prieto y su magnífico texto “Memorias de mis tiempos.” Ahí el connotado político e intelectual, escribió no solo sus vivencias en las primera décadas del México independiente, sino que entre otras reflexiones, sostuvo que en México, septiembre debería ser conocido, tal como ya ocurre, como el mes de la patria, en virtud de las jornadas alrededor de la lucha de la independencia, así como de los sucesos de 1847. Mi amigo a su vez, añade que por tantas fechas patrias que recordamos en febrero, el segundo mes del año, es también el segundo mes de la patria. Su reflexión ha inspirado el título de estas líneas.
No le falta razón, pues no son pocas en estos días, las efemérides en torno al calendario cívico y militar mexicano. Entre ellas destaca el 19 de febrero, fecha en la cual conmemoramos la creación del actual Ejército Mexicano en 1913. Lo anterior, no significa que el Ejército, no sea heredero o continuación del que nació como pie veterano en 1810 , incluso de las fuerzas mexicas o el propio Ejército Virreinal que formó milicias provinciales. Sino que el Ejército Constitucionalista levantado por Carranza, inspiró el espíritu de lealtad que hoy, es la columna vertebral de la doctrina militar mexicana. Es por ello, que fue muy emotivo el reciente acto conmemorativo en Oriental, Puebla. La ceremonia no solo tuvo presente la dignidad del Primer Jefe al refundar al ejército, sino también, el tino de reconocer su enorme visión al crear la industria militar mexicana.
Pero el 19 de febrero, en esas rondas de la historia, no solo gira en torno al valiente gobernador de Coahuila, desconociendo a Huerta y convirtiendo a un puñado de jinetes en un fuerza armada de primer orden, sino en batallas y personajes que han definido el destino de México. El 19 de febrero de 1812, inició el Sitio de Cuautla, el hecho de armas más trascendente de la Guerra de Independencia. Calleja, militar experimentado y mando realista, pensó que bastarían horas o pocos días para tomar la histórica población en el valle de Amilpas, sin embargo, no contó con la estrella militar de Morelos, a quien no pudo vencer. A lo largo de 80 días, ambos bandos pelearon sin dar ni pedir cuartel.
Los sitiados a pesar de la falta de pertrechos resistieron asombrosamente con valor y entereza, cuando la situación fue insostenible, Morelos ordenó a los insurgentes, salir de la población en la madrugada del 2 mayo. Ahí se dio la excepción al conocido principio en el arte de la guerra que sostiene que:”plaza sitiada, plaza tomada”. Al romper el cerco, Morelos continuó imbatible con sus campañas, hasta su captura y fusilamiento a finales de 1815, constituyendo esta, la etapa más significativa de la Revolución de Independencia.
Otro 19 de febrero, pero casi siete décadas después del inicio de Sitio de Cuautla, en el año de 1880, nació en la Hacienda de Siquisiva, en Navojoa, Sonora, el General Alvaro Obregón Salido. El Divisionario sonorense, fue un caso excepcional de militar invicto, que nunca perdió ni siquiera una escaramuza, así como el caudillo triunfante de la Revolución Mexicana, Presidente de México entre 1920 y 1924 e iniciador de muchas reformas que consolidaron el horizonte mexicano durante el siglo pasado.
Entonces, a la conmemoración de las Constituciones de 1857 y 1917, a la Marcha de Lealtad, al Día de la Fuerza Aérea Mexicana, a los aniversarios luctuosos de Vicente Guerrero, Francisco I. Madero, José María Pino Suárez y al Día de la Bandera, se añade el 19 de febrero, no solo como Día del Ejército, sino como aniversario del inicio del cruento Sitio de Cuautla en 1812 y el natalicio de Obregón, figura ineludible y referente de la Revolución e historia militar mexicana.
Hoy a tantas efemérides presentes en este mes, se añaden también en febrero, el valor y las acciones de quienes combatieron el día de ayer desde las Fuerzas Armadas. A todos ellos el reconocimiento de una sociedad agradecida, que sabe que con ellos, las mejores causas del país están aseguradas, pero que también que con su lucha diaria siembran por nosotros, y que más pronto que tarde, lograremos una cosecha abundante y la utopía de un México próspero y feliz.





