InicioRoberto Abe CamilUn buen director del Colegio Militar

Un buen director del Colegio Militar

El próximo mes de septiembre, se conmemora medio siglo de la apertura de la sede del Heroico Colegio Militar en Tlalpan. La efeméride no pasará desapercibida. Las modernas instalaciones inspiradas en el esplendor y la cosmovisión del México precortesiano, son la culminación de una serie de emplazamientos históricos para el bicentenario plantel, entre los que le antecedieron la antigua fortaleza de San Carlos en Perote, Veracruz y así como el emblemático Castillo de Chapultepec y el señorial edificio de Popotla, en la Ciudad de México. Pero más allá de los muros de piedra y ahora de concreto, subsisten las trayectorias de quienes han forjado a una institución entrañable para México.

La imponente plaza de maniobras del actual Colegio Militar, es presidida por el edificio de gobierno. Una moderna estructura que asemeja ser monolítica, emergiendo del cerro. La fachada representa el Mascarón de Chaac en la Casa del Adivino en Uxmal, aunque el imaginario popular la asocia con la faz de Huitzilopochtli, Deidad mexica de la guerra. Ahí también se encuentra el sitio más sagrado para el Ejército Mexicano, la Sala de Banderas. En este recinto se encuentra flanqueada por los nombres inscritos de los Héroes de Chapultepec, la bandera de guerra del plantel, frente a una llama votiva y custodiada permanentemente por una guardia de cadetes. El escenario se cierra al frente, con las banderas de naciones amigas, así como con la galería de directores. Misma que inicia con el Brigadier Diego García Conde, natural de Barcelona y fundador de la Academia de Cadetes en 1822, antecedente directo del Colegio Militar.

La galería de directores es en sí, un recorrido fascinante a lo largo de dos siglos de historia militar mexicana. La relación de militares distinguidos es notable, y surgen personajes destacados en todos los momentos del México independiente. Desde el punto de vista artístico, hay óleos de magnífica calidad y en óptimo estado de conservación. Otros no son de tan buena factura y algunos más, necesitan una obligada restauración. Sin embargo, la galería cumple con la función de nunca olvidarlos.

Entre los directores afamados, imposible no reparar en los retratos de Mariano Monterde, Sostenes Rocha, Juan Villegas, Felipe Angeles, Joaquín Amaro, Luis Alamillo Flores o Tomás Ángeles Dauahare. Pero también en los lienzos de otros militares de primer orden, no tan recordados y que mucho abonaron a perpetuar una tradición de honor y a consolidar el Sistema Educativo Militar. Aquí surge la figura del General Brigadier Victor Hernández Covarrubias. Quien ostenta el asombroso récord de haber sido en dos ocasiones Subdirector y director interino, así como una vez más, director titular de Colegio Militar.

Hernández Covarrubias, nació en la Ciudad de Querétaro en 1872. En diciembre de 1889, ingresó al Colegio Militar de Chapultepec. En marzo de 1895, obtuvo el grado de Sargento Primero de Alumnos. En aquella ocasión, recibió como premio una espada inscrita con su nombre y grado, misma que actualmente se exhibe en el Museo del Heroico Colegio Militar. Meses después, en noviembre, recibió el despacho de Teniente de Artillería.

En el servicio activo, sirvió en el 2 Regimiento de Artillería, viajó a Estados Unidos en una comisión para estudiar toda clase de explosivos y después a Francia para recibir material de guerra para el arma de artillería. Fungió también como docente en la Escuela de Tiro y en el Colegio Militar. En junio de 1912, Felipe Angeles era director del Colegio Militar y Hernández Covarrubias el subdirector. Entonces el Presidente Madero envió a Ángeles a combatir a los zapatistas al Estado de Morelos, y Hernández Covarrubias asumió el cargo de director interino. A pesar de su talante académico y técnico, el director interino supo estar a la altura de las circunstancias y de acorde a la tradición de fidelidad del plantel, tomó el mando de su cadetes en la Marcha de la Lealtad, custodiando al Presidente Madero, el 9 de febrero de 1913.

Consumada la Decena Trágica, en marzo de 1913, fue comisionado de nueva cuenta a Francia para recibir pertrechos, y posteriormente como agregado militar. En diciembre de 1913, fue ratificado como General Brigadier. En la última relación del Escalafón General del Ejército Federal de 1914, Hernández Covarrubias fungía como attaché militar en París. A lo largo de su carrera en las filas del Ejército Federal, fue condecorado por el Káiser Guillermo II de Alemania y por la República Francesa en más de una ocasión.

Al reabrirse el Colegio Militar en 1920, Hernández Covarrubias fue nombrado nuevamente subdirector del plantel, y al año siguiente en octubre, director interino. Un mes más tarde lo ratificaron como director titular, cargo que desempeñó hasta el 21 de mayo de 1923. En mayo de 1924, solicitó su retiro del servicio activo y vivió en la Ciudad de México hasta su fallecimiento el 21 de octubre de 1935. El General Victor Hernández Covarrubias ha pasado a la historia no solo como el hombre que estuvo al frente de los cadetes en La Marcha de la Lealtad, sino como un extraordinario hijo de Chapultepec, quien siempre antepuso las virtudes militares, el sentido del deber y el honor de su colegio, sobre los vaivenes políticos que fueron acento en las aciagas jornadas de la tormenta revolucionaria.

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