Rodolfo Villarreal Ríos
Corría la segunda semana del mes de abril año de 1922, la patria estaba inmersa en el proceso de cimentación del Estado Mexicano Moderno. Ello, no era impedimento para que, entre los días 9 y 16, los profesantes del cristianismo conmemoraran la llamada Semana Santa. A la mitad de ella, el jueves 13, en un diario capitalino, Excélsior, arrinconada en la primera plana en la parte inferior derecha en el espacio correspondiente a las columnas siete y ocho, aparecía una nota en cuyo titular se leía: “El Día de las Madres”. Acerca del contenido de ésta habremos de comentar en esta colaboración.
En el subtítulo de la nota en cuestión se leía: “EXCÉLSIOR pretende que el 10 de mayo de todos los años sea consagrado por los hijos a enaltecer en vida o en memoria quienes les dieron el ser”. La idea, según se presume, fue generada por el director del diario mencionado, Rafael Alducin Bedoya. Y aquello iniciaba con un santo “caballazo”.
Acorde al texto de la nota, “los mexicanos, en general todos los que pertenecen a la raza latina, no comprenden en muchas ocasiones ciertos conceptos de la vida en familia y atañeros al hogar que son costumbres arraigadas en muchos pueblos de Europa, de Asia y de los Estados Unidos. Aferrados a nuestras tradiciones invariables en nuestras ideas, nos encasillamos en la torre de marfil de nuestro desprecio y denigramos la mayor parte de las veces, sin entenderla, la vida del hogar más allá de las fronteras del Bravo”. Vaya forma en que el ciudadano Alducin iniciaba invitación. ¿Por qué utilizaba ese tono distante para calificar a los habitantes de nuestro país? Ah, se nos olvidaba que él provenía de San Andrés Chalchicomula, Puebla, una metrópoli en donde si tenían una visión global. Pero continuemos.
Cuidadoso de que no fueran a tacharlo de adorador de costumbres foráneas, el ciudadano Alducin indicaba: “No vamos en esta ocasión a convertirnos en panegiristas de las costumbres británicas o yanquis [uf, cuanto alivio] ni a filosofar sobre la felicidad de los matrimonios, las ventajas o inconvenientes de la innegable y amplísima libertad de que goza por ejemplo la mujer norteamericana [¿se referiría a las féminas mexicanas, estadunidenses y canadienses?]; pero en medio de todos los defectos que se quiera suponer y de todos los vicios de que adolezca el hogar de otros pueblos, debemos reconocer que el respeto para la madre está más firmemente cimentado que en nuestro medio, por más que hagamos mayor gala y alarde de este dulcísimo afecto y muchas veces no sepamos traducir tal sentimiento en hechos que patenticen ese respeto hondo del cual deberíamos hacer una religión y uno de los deberes más gratos y fundamentales de la vida”. Ya con el escenario armado, procedió a plantear la propuesta.
“Decimos lo anterior a propósito de una costumbre que deberíamos imitar empeñosamente y ésta es dedicar un día a enaltecer a la madre; a rendir un homenaje de amor y de ternura a la que nos dio el ser, a manifestar, en una palabra, de manera especialísima que todos los sacrificios, todas las infinitas ansiedades de que es capaz el corazón de la mujer cuando se trata de sus hijos, son valorados por éstos, consagrando así un pequeño y especial tributo de cariño a la Madre”. Antes de continuar, vale la pena ir a ver en dónde abrevó el ciudadano Alducin Bedoya para generar idea tan original.
Eso de celebrar el día de las madres fue concebido de manera primigenia por una dama estadunidense originaria de Grafton, West Virginia, cuyo nombre era Anna Jarvis. Tras de que su madre, Ann Marie Reeves Jarvis, falleciera, el 9 de mayo de 1905, Anna decidió honrar la memoria de quien se destacara como una activista en favor de la paz y se preocupara indistintamente por el bienestar de los soldados tanto del bando del Sur como del Norte durante la Guerra Civil estadunidense y en ese entorno fundó los “Mothers’ Day Work Clubs” (Clubes de Trabajo del Día de la Madre) con la finalidad de enfrentar asuntos relacionados con la salud pública. Tres años después, con ello en mente, Anna Jarvis armó un par de ceremonias para recordar a su progenitora. Así, el 10 de mayo de 1908, de manera paralela se efectuó un servicio religioso en la Andrews Methodist Episcopal Church ubicada en Grafton, West Virgina al cual Jarvis no asistió, pero envió 500 claveles, la flor preferida de su madre, para que se distribuyeran entre los asistentes. Pero en dónde si se hizo presente fue, ante miles de personas, en el auditorio de la tienda departamental Wanamaker ubicada en Philadelphia, Pensilvania. A partir de ese momento, Jarvis inició una cruzada en pos de que se estableciera un día oficial para celebrar a las madres estadunidenses.
Habrían de transcurrir seis años durante los cuales Anna Jarvis mantuvo una cruzada buscando persuadir a políticos y hombres de negocios de que era conveniente instituir un día para celebrar a las madres. Finalmente, el 9 de mayo de 1914, el presidente Woodrow Wilson firmó la declaración mediante la cual se instituyó el segundo domingo de mayo de cada año como el día de la Madre. A la par, se instruyó que, en ese día, todos los edificios gubernamentales deberían de izar la bandera a toda hasta “como expresión pública de nuestro amor y reverencia por las madres de nuestra patria”. De todo esto proviene la idea concebida tan originalmente por el ciudadano Alducin y el diario Excélsior. Sin embargo, el caballero poblano estaba cierto de que su idea podría presentar resistencias.
Dado lo anterior, tras de hacer una descripción melodramática de lo que acontecía en los EUA tanto para quienes aún gozaban de tener a sus madres con ellos como para aquellos que ya no les quedaba otra opción sino visitarlas en los cementerios, soltó una perorata que trató de ser conmovedora y se leía de esta manera: “Comprendemos que no es fácil imponer en nuestro medio una nueva costumbre por más hermosa y justiciera que ésta sea. Pero en el caso que nos ocupamos, creemos que no tendrán que vencerse grandes resistencias para implantar esa práctica. Basta para ello considerar los sacrificios inherentes a la maternidad, la misión de dulzura y amor que desempeña la mujer hacia sus hijos, misión que comienza antes del nacimiento de estos y no termina sino con la muerte. No hay sacrificio suficientemente grande para el corazón de una madre; no hay cáliz de dolor y de amargura que ésta no esté dispuesta a llevar a sus labios, si puede evitar tan sólo una gota de acíbar a los seres queridos, prolongación de su propia vida, no hay manera de aquilatar con certeza la profundidad y alcance del amor materno”. Una vez armada la tramoya, era el momento de lanzar la idea.
Con el diario por delante, para no hacer de aquello un asunto personal, señalaba: “EXCÉLSIOR lanza la idea de que se consagre la fecha mencionada -10 de mayo- de una manera especial para rendir un homenaje de afecto y de respeto a la madre y pide la colaboración de sus colegas y del publico para realizar ese levantado propósito”. Pero detrás de aquel paladín del amor maternal había algo que lo movía en eso de los asuntos de las mujeres.
En el contexto de lo anterior, escribió: “Hoy que en el extremo meridional del país se ha venido emprendiendo una campaña criminal contra la maternidad, cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer que no sólo consiste en dar a luz, sino en educar a sus hijos que forma de su carne, es preciso que la sociedad entera manifieste con una forma banal si se quiere, pero profundamente significativa, que no hemos llegado a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que lejos de ello sabemos honrar a la mujer que nos dio vida…” Antes de concluir con el llamado de Alducin, es necesario precisar a lo que se refería el nativo de San Andrés Chalchicomula cuando aludía a lo que acontecía en Yucatán.
La entidad peninsular era gobernada por Felipe Carrillo Puerto un político a quien nadie puede tachar de misógino. Pero, precisamente por ello algunos no lo veían con buenos ojos aun arropándose en velos maternales con los cuales trataban de ocultar su oposición a la participación de la mujer en la vida del país más allá de las paredes del hogar. Veamos los motivos que inquietaban al director de Excélsior en eso de la intromisión de las mujeres en asuntos que les eran vedados hasta entonces.
Apenas despuntaba el año de 1922 cuando a la hermana de don Felipe, cuyo nombre era Elvia, se le ocurrió enviar al Congreso de Yucatán una propuesta sustentada por cientos de mujeres, incluyendo algunas capitalinas, quienes demandaban se les permitiera votar. Aquello, por supuesto, agarró por sorpresa a los legisladores yucatecos que, si bien se las daban de socialistas, a la hora de la hora, prefirieron darle la vuelta al asunto. Doña Elvia, sin embargo, fue directamente ante el gobernador, su hermano, quien a pesar de no aceptar la propuesta inicialmente, terminó por negociar que se le presentar una terna para elegir a una mujer como regidora del Ayuntamiento de Mérida que funcionaría entre 1922 y 1924. Finalmente, en noviembre del primer año, una maestra de nombre María Rosa Torre González fue electa regidora convirtiéndose en la primera mujer que llegaba a un cargo público vía el sufragio. Posteriormente, en 1923, la propia Elvia junto con Beatriz Peniche Barrera y Raquel Dzib Cicero se convertirían en las tres primeras damas en ser electas al Congreso. Actos como estos no eran necesariamente lo que mas inquietaban al ciudadano Alducin Bedoya quien seguramente padecía de insomnios tan sólo de recordar que Carrillo Puerto había reunido a las maestras más distinguidas de ideas liberales para encargarles una activa misión social: aclarar hasta la saciedad que el matrimonio es un contrato social disoluble y que el hombre y la mujer son iguales ante Dios, la Ley y la cultura. Eso era un atentado en contra de la imagen que Alducin buscaba vender.
Las palabras con que concluía la propuesta para celebrar el día de las madres eran demasiado cursis y manipuladoras como para reproducirlas sin que provoquen malestar. A la par, se dejaba sentado que “Excélsior ira publicando nuevos datos sobre la forma en que debe de llevarse a cabo esta iniciativa que esperamos tendrá resonancia en toda la república”. Y, pues sí, no podemos negar que fue todo un éxito. En la colaboración próxima comentaremos acerca de como se reportaron las actividades realizadas durante la vez primera en que en México se celebró el Dia de las Madres. Por lo pronto, muchas felicidades para todas las Madres, ausentes y presentes, tanto para aquellas que son festejadas diariamente, al igual que para quienes, únicamente, reciben parabienes una vez al año, el día 10 de mayo.vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26.18.59) Dado que no hay forma de mostrar resultados positivos en la gestión, hasta Hernán Cortes Pizarro resulta un buen “punchin bag” para provocar el aplauso atronador de los ocupantes de la gallola intele?cual?
Añadido (26.18.60) Hicieron descender la Bandera Nacional que ondea en el Zócalo de la CDMX. Una vez ya introducida en Palacio Nacional, pasó a convertirse en el cobertor con el cual los legisladores oficialistas y sus patiños se cubrieron bajo la premisa de que con eso ya están a salvo de cualquier acusación proveniente del Norte del Río Bravo o Río Grande. ¿En verdad creerán que con eso es suficiente?
Añadido (26.18.61) Ya cumplieron la parte inicial de la petición “no salgan de sus casas para que los visitantes disfruten de la ciudad durante el mundial”. Las clases se suspenderán desde el 5 de junio. ¿Pero porqué tan tarde? Podrían haberlas interrumpido desde inicios de septiembre del año pasado, total para lo que les enseñan en “La Nueva Escuela Mexicana” con que pasen a finales de junio a recoger sus calificaciones y/o el diploma es más que suficiente. No tienen vergüenza los depredadores de la educación pública en Mexico.
Añadido (26.18.62) Convirtieron los consulados mexicanos en refugio de personas que entraron de manera ilegal a los EUA, a la par que desde allí armaron campañas en contra de la política migratoria de los EUA. Ahora, se quejan de que los vayan a revisar. Se encobijan en la soberanía nacional, pero les encanta andar de entrometidos en los asuntos del vecino.