- Dicen en Palacio que se terminaron ataques contra las mujeres
Miguel A. Rocha Valencia
Ahora resulta que los periodistas alucinamos, hacemos propaganda en vez de informar y distorsionamos la realidad del país, especialmente en materia de seguridad y economía.
Es más, según palacio Nacional, los periodistas son mentirosos en su mayoría y somos parte de un complot para desacreditar a la 4T y con infundios “pagados” inventar una realidad distinta a la que ven desde el oficialismo donde no hay corruptos ni criminales.
Desde el punto de vista de la actual jefatura del Ejecutivo, quienes militan en el “movimiento” son seres impolutos, incapaces de corromperse y se les acusa sin pruebas como en el caso del “inocentote” gobernador de Sinaloa Rubén Gadiraguato Rocha Moya y su paisano, el senador “cero votos” Enrique Inzunza Cázarez.
El complot de los medios nacionales y extranjeros contra ambas finísimas personas, según “Palacio” supera todo lo informativo y caen en el plano de la propaganda que seguramente instrumenta la derecha a través de los periodistas que si pasaran por el detector de mentiras, lo “reventarían.
A lo mejor la presidenta tiene razón y por eso se enoja, pero entonces los epítetos lanzados contra los periodistas desde la Más baja tribuna del país, debería alcanzar necesariamente a los cerca de 30 mil asesinados al mes o a los 128 mil desaparecidos que hay en el país.
Es decir que los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos y los números oficiales de criminalidad, mienten, no son reales y son parte de esa campaña ya no de desinformación para dañar a la 4T, sino propaganda para minar los cimientos del oficialismo que, al mismo tiempo debe hacer su reclamo a las expresiones que en contrario llegan desde el extranjero.
Debemos tomar por mentiras las datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública que coinciden con los de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos respecto a los desaparecidos y en específico los números referidos a los 18 mil niños y jóvenes que en leva se llevaron los criminales para convertirlos en soldados o ejecutarlos si se niegan especialmente en los estados de Guerrero, jalisco, México, Michoacán y Guanajuato.
Menos debemos creer que desde 2018 a la fecha han sido asesinados entre 37 y 47 periodistas y que más de 140 son perseguidos o amenazados por el gobierno federal y varios de los estados gobernados por Morena como lo acreditan las organizaciones Artículo 19 y Reporteros Sin Fronteras.
Pero lo peor es que cuando desde la tribuna presidencial se asegura que la violencia contra las mujeres se terminó al tiempo que se enarbola una tarjeta del bienestar como si con ella se blindara a las féminas de las agresiones en el hogar por la falta de dinero o en los empleos a los que recurren por necesidad o superarse, menos aún en las calles donde la impunidad campea.
Ni hablar de la violencia que sufren y resisten las mujeres que en su ambición son agredidas por políticos de Morena como Adán Augusto López, Cuauhtémoc Blanco, Enrique Inzunza o los Monrreal Avila y que a pesar de las pruebas, se aguantan pues saben que la impunidad los cobija.
Y es que el Ejecutivo se vuelve cómplice de esa violencia que tan evidente como los crímenes de Rocha Moya, aunque clame denuncias y pruebas de los dichos, de acusaciones que no hacen los medios que se convierten en mensajeros de aquellos que acusan.
Si, la impunidad que se prohíja desde el poder más alto y cada vez más omnímodo es la culpable de esa creciente violencia, corrupción y desvíos, porque si alguien miente en este país es el mismo gobierno que se lava las manos y se llena la boca con un discurso demagógico de honradez y castidad.
Ahí están los ataques con drones contra comunidades indígenas de Guerrero en sábado pasado donde las mujeres alzan la voz reunidas en un templo católico pidiendo auxilio porque a los hombres ya los acabaron.
Al profeta de la 4T la consultoría política SPIN le contabilizó más de 100 mil “afirmaciones falsas, engañosas o no probables” en las mañaneras; a este ritmo donde ahora el oficialismo acusa a los medios de mentir, el nivel de falsedades dichas y sostenidas por palacio Nacional podrían alcanzar nuevo récord, pero ahora con la modalidad de acusar a otros de ocultar la verdad.
En todo caso si la violencia se acabó por decreto como lo hizo en su momento el profeta, y las tarjetas del bienestar son un blindaje para ello, en especial la ejercida contra las mujeres, pues que se repartan más, pero en las niñas y adolescentes que se llevan los criminales.
Veremos.