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Daños ambientales

Fuera de todo

Denise Díaz Ricárdez

 

Es difícil saber qué tanto se cumple la ley en lo que corresponde a la basura que se genera diariamente en las 32 entidades y que por supuesto es uno de los grandes pendientes latentes en el país.

En efecto, la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos es la que da atribuciones a la federación, estados y municipios en lo que corresponde a un servicio público fundamental.

Datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), revelan que los desperdicios urbanos y rurales alcanzan 120 mil toneladas por día.

No está de más recordar -cada vez que sea posible- que solamente mil 200 toneladas, un diez por ciento, son objeto de reciclaje, principalmente plásticos.

Hay 600 rellenos sanitarios y otros dos mil 400 de los llamados a cielo abierto en todo el territorio; ambas unidades son inevitablemente de alta contaminación, sobre todo los segundos.

En muchos municipios se resisten a tener tiraderos abiertos debido a todos los daños colaterales que generan en suelos, subsuelos, aire, mantos freáticos.

Las autoridades están inmersas en dar el servicio y manejo de las basuras en los dos mil 642 municipios y las 16 alcaldías de la Ciudad de México.

La población mexicana se calcula en 132 millones de habitantes que generan desperdicios de diverso tipo: la mayor son de origen orgánico; plástico, cartón y papel y en menor medida otros, como materiales eléctricos, minerales.

Las entidades que generan mayores cantidades son Estado de México, Ciudad de México, Jalisco y Veracruz, precisamente entidades con el mayor número de pobladores.

El 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente, es una fecha en la que se solicita no solo a los gobiernos sino a las sociedades en conjunto, la responsabilidad de revertir tantos daños a la tierra, ríos y océanos, lugares a los que van a parar buena parte de los desechos.

Finalmente es educación, campañas de difusión y prevención en los distintos medios y el cumplimiento de ordenamientos de la ley y su reglamento, que se espera hay una buena respuesta social.

Hay cque considerar que la implicación activa de la sociedad es un componente fundamental en esta batalla contra la contaminación y la gestión de residuos.

Acciones cotidianas sencillas, como clasificar adecuadamente los residuos, optar por productos reutilizables y participar en iniciativas comunitarias de limpieza, pueden generar un impacto considerable en el medio ambiente.

Al mismo tiempo es esencial que las instituciones educativas y diversas organizaciones fomenten una educación ambiental sólida, cultivando un sentido de responsabilidad y cuidado hacia nuestro entorno.

La cooperación entre las autoridades, el sector empresarial y la ciudadanía es crucial para edificar un futuro más sostenible y saludable.

La inversión en tecnologías sostenibles, así como en programas de sensibilización ambiental, debería ser una prioridad en la agenda pública.

Solo así podremos establecer un modelo de desarrollo que respete y conserve nuestros recursos naturales.
Al hacerlo, podremos anticipar y lograr un cambio real y duradero en la gestión de nuestros desechos y, a su vez, en la salud del planeta que habitamos.

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