Columna de opinión
La Costumbre del Poder: El engaño como actividad vital
Gregorio Ortega Molina
* “Yo no pido más que una cosa -añadió-, y esta cosa es vivir. En este momento vivo como un rey: cuento con un fusil y la policía me permite matar. ¿Qué más puedo desear? ¡Que la guerra no se acabe nunca! En cuanto a saber a quién mato y por qué, me importa un pepino”. El mundo es fiel a su historia, lo mismo en Grecia que en Rusia, Estados Unidos o México. Lo que importa es lo que te permite la policía y hoy te da el narco
Gregorio Ortega Molina
La mentira, el engaño, sobre él se construyen las relaciones humanas, desde el inicio de los tiempos, al momento en que la serpiente promete a Eva que ella y Adán serían como dioses. Y los tercos no cejan en el intento de auto cumplirse ese propósito. Tanto en la Casa Blanca como en Palenque insisten en ser y conducirse como seres divinos.
Después Caín, y luego la cauda de reinas y reyes, de venenos y otros procederes para engañar y seducir, además del cuerpo y las habilidades o inhibiciones eróticas. Es preciso de que nos percatemos de que las habilidades que se requieren para seducir y triunfar en la relación mujer-hombre, son las mismas que se necesitan para que durante el quehacer político puedan edificarse los peldaños de ascenso al poder. ¿Cómo sedujo Luis Echeverría Álvarez a Gustavo Díaz Ordaz? De idéntica manera a como lo hizo Claudia Sheinbaum Pardo con Andrés Manuel y, guardadas las proporciones, Rosa Luz Alegría con José López Portillo, el constructor de los churumbeles en política.
No hay sofisticaciones diferentes, es un saber y un conocimiento innato. Cleopatra supo en tiempo y forma el valor de su belleza y de su habilidad erótica, lo mismo que Alcibíades supo sacar de Sócrates apoyo y enseñanzas para aparentar sabiduría.
El trasiego bisexual entre los altos mandos nazis, determinó éxitos y fracasos en la conducción del sueño del Tercer Reich, el de los mil años, de la misma manera que se sucedieron las decapitaciones para purificar la consolidación de la Revolución francesa. Danton y Robespierre o Fouché tienen una misma aspiración: poder, y mucho.
Quizá el humano sin las herramientas proporcionadas por el engaño permanecería en la prehistoria. Alguien como Niko Kazantzakis lo supo bien, y nos lo cuenta en Hermanos enemigos, donde nos endilga lo siguiente: “El hombre es demasiado miserable y tiene necesidad de la misericordia…
“Tú sabes bien de sobra, padre -responde el herido- que las heridas son siempre graves cuando han sido hechas por hermanos.
“Yo no pido más que una cosa -añadió-, y esta cosa es vivir. En este momento vivo como un rey: cuento con un fusil y la policía me permite matar. ¿Qué más puedo desear? ¡Que la guerra no se acabe nunca! En cuanto a saber a quién mato y por qué, me importa un pepino”.
El mundo es fiel a su historia, lo mismo en Grecia que en Rusia, Estados Unidos o México. Lo que importa es lo que te permite la policía y hoy te da el narco.
@OrtegaGregorio
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