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La foto que se niega a morir

José Luis Parra

 

Hay fotografías que capturan un instante. Y hay otras que terminan retratando una época.

La imagen tomada en una iglesia de Yautepec pertenece a la segunda categoría. No porque demuestre un delito. No porque constituya una prueba judicial. Sino porque se convirtió en símbolo de algo mucho más profundo: la degradación institucional de Morelos durante años de violencia, extorsión y sangre.

Ahora cayó Homero Figueroa, “La Tripa”, el último personaje de aquella famosa fotografía donde aparece junto al entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco y otros líderes criminales que ya fueron detenidos o murieron violentamente.

La fotografía vuelve a la conversación pública.

Y vuelve porque nunca se fue.

Durante años, Blanco ha sostenido la misma explicación: se tomó miles de fotografías y no podía preguntar quién era cada persona que se acercaba. Es una defensa legalmente válida y políticamente conveniente.

El problema es que la política rara vez se juzga únicamente en los tribunales.
También se juzga en la percepción pública.

Y la percepción sigue siendo devastadora.

Porque mientras la foto envejecía, Morelos acumulaba homicidios, extorsiones, grupos criminales fortalecidos, alcaldes bajo sospecha y funcionarios detenidos por presuntos vínculos con estructuras delictivas.
La imagen terminó convirtiéndose en una metáfora.

No sabemos si retrató cercanía.
Pero sí retrató una realidad.
La captura de “La Tripa” agrega un ingrediente incómodo para quienes apostaban al olvido. Cada nueva detención relacionada con aquella generación criminal revive preguntas que nunca fueron respondidas completamente.

Las fotografías tienen esa mala costumbre.

Hablan cuando los protagonistas prefieren guardar silencio.
Y Blanco lleva meses guardando silencio.

Silencio sobre las recientes detenciones de funcionarios en Morelos.
Silencio sobre los avances de las investigaciones.

Silencio sobre un entorno político que cada vez parece más rodeado de fantasmas.

Quizá porque sabe que cualquier declaración podría abrir puertas que hoy permanecen cerradas.

O quizá porque aprendió que en política el tiempo suele desgastar los escándalos.

Aunque no siempre los entierra.

Existe además otro dato particularmente incómodo. De acuerdo con información publicada en su momento, Homero Figueroa habría tenido funciones de asesor dentro del SAPAC durante la administración municipal encabezada por Blanco.
No es una acusación.

Es un hecho documentado.

Y los hechos, cuando se acumulan, terminan construyendo narrativas que ningún equipo de comunicación puede borrar.

Ahora la pregunta no es qué sabía Cuauhtémoc Blanco.

Esa respuesta solo la conoce él.

La pregunta es qué sabe “La Tripa”.
Y sobre todo qué estaría dispuesto a contar.

Porque en México abundan los expedientes que duermen años enteros.

Hasta que alguien habla.
La política mexicana tiene memoria selectiva. Olvida rápido lo que le conviene y recuerda puntualmente lo que le sirve.
Por eso la foto de Yautepec sigue viva.

Porque representa una duda.
Y las dudas, cuando no se aclaran, envejecen peor que las certezas.

Al final, quizá la verdadera noticia no sea la captura de “La Tripa”.

La verdadera noticia es que cada vez quedan menos personas dentro de aquella fotografía capaces de explicar qué hacían ahí.

Y cuando los retratados desaparecen, los silencios empiezan a hacer más ruido que las palabras.

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