InicioNorberto MaldonadoSpaceX, la IA orbital y lo que México se está perdiendo

SpaceX, la IA orbital y lo que México se está perdiendo

En esencia, lo que SpaceX presentó al mundo esta semana al salir a la bolsa de valores es la apuesta por una supercomputadora satelital. No una empresa de cohetes. No una compañía de internet satelital. Sino algo que no existía hace unos pocos años, es decir, un sistema integrado en un conglomerado tecnológico que conecta satélites, inteligencia artificial, fabricación de chips y energía solar, operando desde la órbita terrestre.

Hoy, 12 de junio de 2026, ocurrió algo que no tiene precedente en la historia de los mercados financieros. SpaceX debutó en el Nasdaq bajo el símbolo SPCX a 135 dólares por acción, alcanzando una valoración de 1.8 billones de dólares en la mayor oferta pública inicial de la historia.

Pero lo más llamativo no fue el precio inicial. Las acciones subieron 30% en su debut, operando muy por encima del precio de salida y catapultando a la compañía al grupo de las seis empresas más valiosas de Estados Unidos. Resalta que la demanda minorista, es decir, gente común comprando acciones, fue tan masiva que sorprendió a los propios analistas de Wall Street.

Para entender por qué los inversionistas apostaron tan fuerte, hay que ver qué es realmente SpaceX. La compañía no es solo una empresa espacial, es una plataforma industrial en la intersección entre espacio, telecomunicaciones, defensa e inteligencia artificial, los cuatro sectores que recibirán las mayores inversiones en los próximos veinte años.

La idea central son los satélites Starlink V3, equipados con chips de IA desarrollados por Tesla, que formarían una supercomputadora descentralizada en órbita. Al funcionar con energía solar y enfriarse de forma natural en el vacío del espacio, a casi 270 grados bajo cero, eliminarían los enormes costos energéticos que hacen tan caros los centros de datos terrestres.

Podemos visualizar la magnitud de lo que SpaceX está construyendo al comprender cómo encajan sus piezas. Starlink provee la red satelital. xAI, la empresa de inteligencia artificial de Musk, desarrolla los modelos que correrán en esa red. Tesla aporta los chips y los paneles solares. Y Starshield, la división de telecomunicaciones para defensa, asegura contratos gubernamentales que financian todo lo demás.

Según el prospecto de salida a bolsa, SpaceX opera lo que considera los mayores clústeres de entrenamiento de IA en la Tierra, incluyendo las instalaciones Colossus y Colossus II. Y para no depender de proveedores externos, anunció Terafab, una fábrica de chips desarrollada en conjunto con Tesla e Intel.

Terafab se complementaría con la fábrica Gigasat instalada en Bastrop, Texas, la cual llevaría la producción de los paneles solares necesarios para los satélites de IA, que estarán saliendo de fábrica a finales de 2027.

Lo que SpaceX está ensamblando es una cadena tecnológica completa, desde el chip hasta el satélite, desde la energía hasta el software de IA. Todo diseñado, fabricado y operado dentro del mismo ecosistema.

El mismo día que SpaceX debutaba en bolsa, Jamie Dimon, director general de JPMorgan Chase, el banco más grande de Estados Unidos, que tiene operaciones en 100 países, visitaba México y daba una entrevista a El Financiero. Dimon señaló que los inversionistas buscan políticas de largo plazo consistentes, reglas claras en materia comercial, fiscal y regulatoria, así como sistemas educativos capaces de generar el talento que demandan las nuevas industrias. Entre los sectores con mayor potencial para México destacó la energía, la infraestructura y la tecnología, y mencionó oportunidades específicas en centros de datos, inteligencia artificial e infraestructura digital.

Su mensaje fue optimista para nuestro país, toda vez que señaló que el mundo está dispuesto a invertir, pero solo si México construye las condiciones para ello. El talento y la infraestructura tecnológica son la apuesta que define el futuro.

¡El talento es la palabra clave! No el petróleo, ni la infraestructura improductiva, ni los programas asistencialistas. El talento tecnológico.

En México, vivimos una euforia por el Mundial de Futbol, a pesar de que se estima que el evento añadirá un pobre 0.14% al crecimiento económico de México, con un beneficio concentrado en turismo y hotelería de forma temporal.

La Secretaría de Hacienda fincó esperanza en ello y en la atracción de inversiones en el marco del Plan México, para que la economía mejore el pobre desempeño mostrado en el primer trimestre del año, que más bien nos acerca a una economía estancada, gracias en parte a la cada vez menor inversión gubernamental en infraestructura que incluye, por cierto, la tecnológica y de telecomunicaciones.

México está físicamente pegado al país que acaba de construir la plataforma tecnológica más ambiciosa del planeta. Comparte con él un tratado comercial, cadenas de manufactura y miles de kilómetros de frontera. Pero la infraestructura tecnológica y de telecomunicaciones que haría posible aprovechar esa vecindad, centros de datos, conectividad de alta velocidad, formación especializada en IA, sigue siendo una deuda pendiente.

¡Esa es la regla del juego que México no está jugando!

La generación que hoy ve los partidos en el estadio es la misma que en cinco años competirá, o no, por los empleos que crea la economía de la IA. Esos empleos no van a esperar. Ya están siendo diseñados, literalmente, desde el espacio.

La pregunta no es si México puede ser parte de esta revolución tecnológica. La pregunta es cuándo decidirá serlo en serio.

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