La historia mexicana es rica en efemérides, el presente mes nos remite a las muertes polémicas de personajes de primer orden. Sería irreverente intentar emular a Don Martín Luis Guzmán, quien dueño de una prosa envidiable, relató en “Muertes Históricas” publicada por primera vez en 1958, el tránsito sereno del General Porfirio Díaz, así como el cobarde asesinato del Presidente Venustiano Carranza. Pero si en cambio, procuro hacer mención a los decesos apacibles y violentos de protagonistas de la historia mexicana, ocurridos a lo largo de un mes de julio.
En julio de 1928, todo parecía marchar a tambor batiente para el General Alvaro Obregón. El Caudillo invicto de la Revolución Mexicana, tenía todo a su favor: Una trayectoria militar impecable, avalada por ser un comandante invicto. Venció a la División del Norte, fue invalido de guerra, expulsó de la silla presidencial al Presidente Carranza y en consecuencia precipitó u ordenó su muerte, asumió la presidencia de la República, derrotó rebeliones en su contra, fue implacable con sus adversarios, logró modificar la Constitución reformando el sagrado principio de la no reelección para ganar la presidencia de nuevo y sus contrincantes en dicha contienda, simplemente fueron ejecutados, de la misma forma libró atentados en su contra.
El 17 de julio de 1928, los diputados por Guanajuato ofrecieron un banquete al presidente electo en el restaurante “ La Bombilla”. Ya por los postres, se acercó al Caudillo, Jose de León Toral quien se hizo pasar por dibujante y le disparó a quemarropa. Al día de hoy, subsiste la duda de que si en realidad fue asesinado por un fanático católico o el magnicidio obedeció a “fuego amigo” y a la eterna lucha por poder presidencial.
El 18 de julio de 1872, Benito Juárez murió por un infarto a los 66 años de edad en su lecho en Palacio Nacional. El Presidente Juárez falleció en el cenit de su poder. Fue el hombre que consolidó La Reforma, venció a la intervención francesa y al imperio de Maximiliano de Habsburgo, restaurando la República en 1867. Sin embargo, Juárez se resistía a dejar la silla presidencial, era presidente desde diciembre de 1857. Porfirio Díaz se sublevó por lo mismo en contra de su antiguo mentor en la Rebelión de la Noria. Hoy queda para la historia la pregunta de que si Don Benito, a diferencia de Porfirio Díaz, tuvo la suerte de morir a tiempo y antes de que el velo de la dictadura cubriera sus notables servicios a la patria.
El 19 de julio de 1824 fue fusilado en Padilla, Tamaulipas el derrocado Agustín de Iturbide, quien días antes había vuelto a México trás su exilio europeo. Coincidentemente Iturbide fue coronado emperador un 21 de julio, pero de 1822. Al desembarcar, Iturbide desconocía el draconiano decreto del Congreso Nacional que lo condenaba a muerte en caso de pisar suelo mexicano. Es comprensible que el discurso de un México republicano haya condenado al ostracismo al primer monarca y consumador de la independencia nacional, sobre todo trás el antecedente de la agresión imperial de Maximiliano. Sin embargo, aquí surge otra reflexión para nuestra historia, la ejecución de Iturbide fue un exceso y un mal paso en el inicio de nuestra vida independiente. Vicente Riva Palacio, uno de los más notables liberales y republicanos del siglo XIX así lo sentenció. Riva Palacio, sabía bien de lo que hablaba, su abuelo materno Vicente Guerrero, el otro consumador de la independencia, también fue arteramente fusilado trás ser derrocado de la presidencia.
Francisco Villa, jamás estará exento de la polémica. Muchos lo consideran a pesar de no contar con la carga ideológica que distinguió a Zapata, un genuino paladín social. Otros en cambio, lo recuerdan por su talante atroz y cruento, así como por los excesos y asesinatos que han sido ampliamente documentados a lo largo de su trayectoria como bandolero, militar y guerrillero.
Villa logró conformar con la División del Norte, una de las maquinarias de guerra más formidables en México. Las victorias de Paredón, Torreón y Zacatecas, siempre serán suyas. Su ocaso fue prolongado, corrió desde su derrota a manos de Obregón en 1915, hasta su rendición formal en el verano de 1920. Trás entregar las armas, la fortuna parecía sonreírle, recibió en pago la próspera Hacienda de Canutillo, conservó una fuerte escolta de leales y mientras se dedicó a las labores del campo, también se erigió en un cacique regional.
El 20 de julio de 1923, Villa en compañía de su secretario el Coronel Miguel Trillo, conducía su automóvil por las calles de Hidalgo del Parral en Chihuahua, cuando fue emboscado por alrededor de 15 hombres liderados por el Diputado Jesús Salas Barraza. La versión más aceptada es que Salas Barraza y sus hombres actuaron motivados por antiguos agravios cometidos por Villa en contra de sus familias, lo cual no sería nada extraño. De cualquier modo, también surge aquí otra duda y es la que apunta que el General Obregón, principal enemigo y vencedor de Villa, fue sin duda alguna muy favorecido por el atentado, sobre todo tomando en cuenta que meses más tarde surgió en su contra la Rebelión Delahuertista, de la cual el Caudillo salió una vez más victorioso.
Al final y como ya se mencionó, el mes de julio surge no sólo como una sucesión de efemérides en torno a la muerte de actores preponderantes en más de doscientos años de vida nacional, sino que también dichos fallecimientos moldearon acontecimientos futuros. Algunos personajes han sido refrendados como héroes, otros como villanos. Pero más allá de de clasificarlos en blanco o en negro, queda siempre la gravísima asignatura de revisar la historia, de no ceñirnos a discursos o versiones oficiales que lejos están de hacer justicia a un pasado que a pesar de sus luces y sombras, siempre será prenda de orgullo e identidad nacional.