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Durazo, Lorenia y el gas

José Luis Parra

 

Ya quedó planchado el proceso de selección de las “corcholatas” del régimen rumbo a las elecciones de 2027.

Bueno, planchado es un decir.

Porque Morena repartió candidaturas, pero también dejó heridos, inconformes y uno que otro aliado preguntándose para qué sirve ser aliado si a la hora de repartir el pastel solamente le dejan el plato.

El PT salió prácticamente con las manos vacías y ya había acusado a Morena de incumplir acuerdos sobre las encuestas.

Al Verde le fue bastante mejor.
Cosas de la política.
Unos ponen los votos y otros cobran la factura.

En Chihuahua se impuso Cruz Pérez Cuéllar sobre Andrea Chávez. En la grilla nacional circularon versiones sobre las resistencias que provocaba la senadora en distintos grupos del morenismo.

Pero perdió.

Y en política el resultado suele ser más contundente que cualquier encuesta, explicación o teoría conspirativa.

Cruz será el bueno.
Andrea tendrá tiempo para averiguar quién fue el malo.

En Nuevo León volverán a mandar al ruedo a Clara Luz Flores, quien ya conoce perfectamente aquello de iniciar arriba y terminar bastante más abajo.

Experiencia, pues, no le falta.

Habrá que ver si ahora cambia la película o solamente repiten la función.

Y en Sonora se impuso el gobernador Alfonso Durazo al quedar Lorenia Valles como la figura elegida para encabezar el proyecto morenista rumbo a la sucesión.

Aquí entra un recuerdo personal.

Hace algunos años al suscrito le tocó recoger las primeras impresiones políticas de Lorenia, entonces gerente de una maquiladora y debutante en estas lides, impulsada por la CTM bajo las siglas del PRD.

Fue su primera entrevista.

Recuerdo haberle hecho una observación:

—Usted no parece de izquierda. Viste bien, es elegante, hermosa y moderada al hablar.

Bueno, tampoco era necesario andar en huaraches, lucir despeinada, gritar consignas a los cuatro vientos y odiar a medio mundo para acreditar militancia izquierdista.

Eso último, claro, no lo dijo Lorenia.
Solamente sonrió.
Y seguimos con aquella entrevista.

Han pasado los años y aquella debutante ahora enfrenta el reto más importante de su carrera política: responder a la confianza de Durazo y, después, ganar la elección.

Porque una cosa es recibir la bendición.
Y otra conseguir los votos.
Hasta ahí las corcholatas.

Ahora vamos a un tema menos partidista, pero posiblemente bastante más explosivo.

Gas.
Mucho gas.
Y muchos dólares.

El Gobierno federal cedió 36 hectáreas de superficie marítima en Bahía Catalina, al sur de Guaymas, para el desarrollo de una terminal privada de gas natural licuado de Amigo LNG, subsidiaria mexicana de la texana Epcilon LNG.

El contrato fue firmado por la Administración del Sistema Portuario Nacional Guaymas y Amigo LNG mediante adjudicación directa.

Sin licitación pública.
La concesión contractual es por 18 años y puede prorrogarse por otro periodo igual.
Nada mal.

El proyecto representa una inversión anunciada de 6 mil 800 millones de dólares y pretende recibir gas proveniente de la cuenca Pérmica de Texas para licuarlo en Sonora y posteriormente mandarlo hacia los mercados asiáticos.

Negocio redondo.
O cuando menos gigantesco.

El problema es que entre Texas y Asia está el Golfo de California.

Y allí viven algunos animalitos que no votan, no tienen partido político, no aportan a campañas y tampoco contratan cabilderos.

Entre ellos la vaquita marina.

El proyecto ha sido cuestionado por organizaciones ambientalistas, mientras un juez federal concedió una suspensión definitiva que mantiene temporalmente sin efectos habilitantes la autorización ambiental del 13 de abril para determinadas obras mientras se resuelve el juicio de amparo.

Traducido al español común:

Por el momento no pueden arrancar esas obras.
No significa que el proyecto esté muerto.
Pero tampoco que tenga vía libre.
Y aquí empieza lo interesante.

Durante una gira por Sonora en febrero, la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Alfonso Durazo estuvieron acompañados por Muthu Chezhian, director de Amigo LNG.

Meses después, Durazo afirmó que el proyecto contaba con los permisos correspondientes.

Ahora resulta que un juez puso el freno.

Entonces alguien tendrá que explicar qué significa exactamente eso de tener “todos los permisos”.

Porque si todo estaba autorizado, ¿qué suspendió el juez?

Y si todavía había materia jurídica y ambiental pendiente, ¿por qué se presentó públicamente al proyecto prácticamente como un hecho consumado?

Son preguntas.
Nada más.

El Golfo de California es una de las regiones marinas más importantes del planeta y forma parte del Patrimonio Mundial Natural reconocido por la Unesco.

Frente a eso aparecen inversiones multimillonarias, gasoductos, terminales, barcos metaneros y la promesa de convertir a Sonora en una plataforma energética estratégica.

El dilema tampoco debe reducirse al infantil buenos contra malos.

Las inversiones generan empleos, infraestructura, actividad económica e ingresos.

Y el medio ambiente no vive de discursos.
Pero tampoco sobrevive a billetazos.

Por eso existen leyes, estudios de impacto ambiental, consultas, jueces y autoridades reguladoras.

O debieran existir para eso.

Lo preocupante sería que primero llegaran los miles de millones de dólares y después buscáramos dónde acomodar los permisos.

Peor aún si parte de la información técnica permanece reservada bajo argumentos de seguridad nacional y energética.

Seguridad nacional.
La frase sirve para muchas cosas.
Hasta para cerrar cajones.

Así que Amigo LNG todavía tendrá que librar una batalla jurídica y ambiental antes de empezar a mover gas rumbo a Asia.

Y el Gobierno de Sonora deberá cuidar una cosa elemental: que su entusiasmo por los 6 mil 800 millones de dólares no corra más rápido que los tribunales.

Porque el gas puede esperar.
Los dólares también.
Lo que difícilmente regresa es un ecosistema cuando se destruye.
Y entonces no habrá suspensión definitiva que alcance.

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