HOMO POLÍTICUS
PAVE SOBERANES
- Crisis Ética y de Retracción de Gobierno
En 18 años, el presidente municipal de Cuernavaca intentó serlo cinco veces con acrónimos partidistas diferentes, hasta que en 2021 su inminente antecesor simuló ir por la reelección, jugando a favor de quien sería su seguro sucesor. El amasiato político-electoral entre José Luis Urióstegui [PAN] y Antonio Villalobos [PT] ganó por unos 10 mil votos a Jorge Argüelles [MORENA], quien realizó la campaña más cara de la historia.
A la quinta ocasión, Urióstegui se sentó en la silla que siempre deseó. Es dable que la intención de ser alcalde desde entonces tenía un mismo propósito todas las veces: llevar a Cuernavaca a la anarquía por falta de oficio, profesionalismo, honestidad y compromiso con la Ciudad que lo acogió desde su llegada de Yautepec en los años 70. Durante el uriosteguismo la corrupción es emblemática. Obras mal hechas, con materiales ínfimos en calidad y mano de obra barata, pero eso sí, a sobreprecio. A las primeras lluvias se fue el asfalto y aparecieron socavones. En Abasolo se reconstruyó la calle para los carros, pero las banquetas quedaron semidestruidas por viejas.
El peor presidente municipal lo era Cuauhtémoc Blanco hasta que llegó Urióstegui. Las familias de Cuernavaca no mienten: la Ciudad actual es reflejó real de lo descuidada que estuvo tres años, de 2021 a 2024, incrementando el número de cantinas, de comerciantes de banqueta y el número de personas en situación de calle fallecidas por frío o por hambre, o por las dos cosas.
También, Cuernavaca es delictivo. Hay policía, pero parece que no. Es el único municipio del estado de Morelos donde percepción y realidad por violencia e inseguridad, son hermanas gemelas. Que no vengan con que es el tejido social rasgado, como lo llama Lomnitz. Desapareció la policía de vialidad y dio origen a una policía extorsiva con fines recaudatorios, cuyos agentes compran su zona de actuación. Entre Humboldt y Díaz Ordaz la policía de disuasión facilita los robos de vehículos y a mano armada, siendo una ruta de escape, sin prevención del delito ni detenciones. En cuatro años, la policía uriosteguista no ha capturado ni siquiera a los rateros que se suben a las unidades de transporte a quitarles los pocos pesos que llevan los usuarios rumbo al mercado. En el gobierno de los abogados se ha roto el contrato social Rousseauísta.
Las calles están, además de invadidas por comerciantes, llenas de basura, el mercado central es una ciudad perdida por desaseada, maloliente y peligrosa. Hace falta agua potable pero no incremento a la tarifa bimestralmente por tenerla. En cuatro años se han asesinado a cualquier número de árboles, sin consecuencias penales. En contraste, se han edificado nuevas viviendas, con diezmo de una o dos casas. El Estado de derecho en Cuernavaca es letra muerta cuando, por citar sólo un ejemplo devastador, se arrasan zonas arboladas unas y boscosas otras, con efectos climáticos predecibles por criminales.
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No mucho tiempo pasó desde las declaraciones del edil de Cuernavaca, sí, el mencionado arriba, José Luis Urióstegui, al ataque armado a un familiar de uno de sus funcionarios de primer nivel, en Acapantzingo. El despliegue policial, por cierto y contra la costumbre, fue impresionante. ¿Qué dijo? En otras palabras, que Cuernavaca no es Cuautla, aunque en los hechos lo sea. Se lo vino a decir a nombre de la Presidencia de la República la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. Y el jefe Harfuch lo suscribió.
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Si la dirección nacional de MORENA a cargo de Ariadna Montiel dio un estatequieto a José Rodolfo Gerardo Fernández —su apellido materno es Noroña— por ejercer violencia política de género contra la alcaldes de Uruapan, Grecia Quiroz, entonces los aspirantes a ser candidato a presidente municipal de Cuernavaca, que se cuentan por docena, debían saber de una vez por todas que, si al fanfarrón tepostizo, como llaman en Tepoztlán a quienes no son de ahí, el no dejar pasar candidaturas sucias va en serio.