InicioSimón Vargas AguilarAgricultura: de la exportación a la importación

Agricultura: de la exportación a la importación

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Simón Vargas Aguilar©*

“Hoy, sólo 74 centavos de cada 100 pesos del presupuesto federal se destinan al campo. Es insuficiente, injusto e indignante.” Leticia Barrera Maldonado

 

Durante décadas México fue un país de campos que alimentaban no solo a su población, sino a extranjeros, hoy, hemos pasado de exportadores a importadores incluso de alimentos básicos; la paradoja es cruel y es que en cuanto al tema del maíz, uno de los ejes de nuestra dieta, dependemos cada vez más del exterior.

De acuerdo con datos del informe Perspectivas agrícolas 2026-2035 elaborado por la OCDE y la FAO hacia 2035 México se mantendrá como el principal importador mundial de maíz, concentrando alrededor del 10% de las compras globales, incluso por encima de la Unión Europea y Vietnam, al tiempo que su demanda interna seguirá creciendo.

La capacidad de siembra y cosecha se erosiona de manera constante, se siembra menos y se cosecha aún menos; y es que hay que reconocer que la superficie cultivada se reduce bajo la presión combinada de las sequías, el encarecimiento de los insumos y la incertidumbre comercial, entre otros factores.

La falta de agua es quizá el problema más visible y grave, la agricultura consume cerca del 76% del agua dulce del país, según cifras de la Comisión Nacional del Agua, y gran parte de ese volumen se desperdicia por infraestructura obsoleta, sistemas de riego ineficientes y prácticas productivas que no se han modernizado al ritmo que el cambio climático exige.

Aunado a lo anterior se debe contemplar que el fenómeno de El Niño, que este 2026 se perfila como uno de los más intensos de las últimas décadas, amenaza con agravar aún más la escasez, las presas de riego se encuentran en niveles críticos y los acuerdos binacionales de agua con Estados Unidos se convierten en fuente de tensión diplomática.

A la crisis hídrica se suman los problemas con los fertilizantes, su aumento de precio se ha disparado por conflictos internacionales y por la volatilidad de los mercados energético y para el pequeño y mediano productor, el costo tan elevado se ha convertido en una carga que reduce márgenes hasta hacer casi inviable la siembra y además los programas de entrega gratuita o subsidiada llegan de manera desigual, con retrasos y criterios que dejan fuera a una parte importante de quienes más los necesitan.

Todo esto ocurre en un contexto de falta de inversión pública, los gobiernos han descuidado el campo mexicano y a sus campesinos. El apoyo presupuestal se ha concentrado en programas de alcance limitado, mientras se diluyen o eliminan mecanismos de comercialización, de estabilización de precios y de infraestructura productiva.

Los datos de la OCDE sobre el apoyo a los productores (Producer Support Estimate) muestran que el porcentaje de apoyo a los productores se ha reducido respecto a décadas anteriores, situándose por debajo o apenas cerca del promedio de los países de la organización. Informes de la propia OCDE y de la FAO han documentado cómo las reformas comerciales y el rediseño de las políticas agrícolas, sin acompañamiento suficiente de inversión en productividad, innovación y resiliencia climática, podrían continuar debilitado la capacidad del sector.

Los campesinos no han permanecido en silencio, en los últimos años han multiplicado las marchas, los bloqueos carreteros y las movilizaciones nacionales; productores de múltiples entidades han salido a exigir precios justos, pagos pendientes de apoyos, regulación de importaciones y políticas que no los condenen. Estas movilizaciones son la evidencia de un agotamiento profundo, porque el campo mexicano se siente abandonado por los diferentes niveles de gobierno que priorizan otras agendas.

Recuperar la capacidad de sembrar y cosechar es una cuestión de seguridad nacional, de dignidad de millones de familias campesinas y de coherencia con la historia de nuestro país, mientras no se reconozca la magnitud del abandono y se actúe en consecuencia seguiremos en una decadencia visible. El campo mexicano requiere que dejemos de contemplarlo como un problema del pasado y se le reconozca como una condición indispensable de nuestro futuro.

Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.

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