- Ver o no ver la mañanera, cuestión de gustos, no de atribuciones
Miguel A. Rocha Valencia
Ya lo dijo el oráculo, la mejor forma de aplicar el Derecho de las Audiencias es ver o no ver un programa. Entonces para qué tanto brinco si con eso se resuelve todo y nos quitamos de inconformidades y amenazas de multas confiscatorias a los medios y llegado el momento, sanciones para periodistas y opinadores.
Y en eso estamos más que de acuerdo, porque si no nos gusta un programa donde se acumulan mentiras, encubrimientos, acusaciones falsas, linchamientos mediáticos y persecuciones contra os “adversarios” o simplemente no simpatizo con ello, pues simplemente no lo vemos o escuchamos.
Ese si es el real derecho de las audiencias, sobre todo en un país donde hay una gran variedad de medios, periodistas, opinadores y decidores de la verdad universal, común o de cada quien según la ótica con que vea las realidades.
Y claro, no podría quedar exento el gustado programa matutino de la mañanera, donde incluso se determinan culpabilidades, se dictan sentencias, se practica un diálogo “circular” en el que sólo habla una persona y es quien tiene la verdad absoluta por sobre lo que digan los demás.
Por eso la expresión de palacio Nacional “si no les gusta, no la vean” ante la posibilidad de que como a cualquier otro programa le salgan respondones, inconformes, exijan su derecho a réplica y en caso de que no se cumpla con os lineamientos por aprobar de la llamados Derechos de las Audiencias, se le pueda sancionar de diversas maneras, incluso con multas que por los ingresos del productor, deberían ser muy altas.
Pero ver o no ver la mañanera no es una atribución como dicen en Palacio, sino una decisión de gustos y como todos sabemos está dirigida exclusivamente para el público chairo ante el cual se sueltan peroratas, mentiras, amenazas, condenas, persecuciones y desde luego se ejerce el poder de control sobre tiempos de medios y todo el “peso” del gobierno para destrozar a quien se les de la gana, coaccionar a otros poderes de la “unión” o de plano condenar a inocentes que les caigan mal o les sirvan para intentar tapar sus yerros.
Ahí mismo se dicen tantas mentiras como las cerca de 200 mil que acumuló el profeta incluyendo medias verdades o aseveraciones que no se pudieron comprobar porque a pesar d ellos “otros daros”, la información nunca la proporcionó el oficialismo.
La trampa es la misma como es el caso del reporte de asesinatos en el país y las famosas encuestas que otorgan a un alto porcentaje de popularidad al Ejecutivo federal, pero que luego al contrastar con otras cifras también oficiales, queda en duda si lo que dicen en palacio es cierto o es media verdad.
Por ejemplo se insiste en que disminuye el número de asesinatos que ya de por si es una muy buena noticia, pero en cambio aumenta el secuestro y desaparición de personas, especialmente jóvenes, además de que se incrementa la modalidad de otros delitos que atentan contra la vida y que no se considera como homicidios dolosos.
Aún más, las mismas encuestas que otorgan una aprobación del 67 por ciento al Ejecutivo, indican que una proporción similar de la población considera que hay corrupción en el gobierno en tanto que los niveles de inseguridad se mantienen en proporción de seis y cuatro en sentido negativo.
Tal vez por eso en la mañanera se expresó, sin dejar que el preguntón y terminase su cuestionamiento que “si no les gusta, no la vean”.
“Tienen la atribución de ver o no ver la mañanera”.
Esto porque diversas voces se alzaron para manifestar la necesidad de que a ese ejercicio de comunicación oficial, se le aplique el mismo racero que a otros, obviamente los privados y los públicos, para que de esa menara el suelo esté parejo, como legalmente debe ser.
Pero el oráculo se adelantó y con su expresión dejó en claro que la ley se hará en los bueyes de mi compadre y no en quien está prohijando el ordenamiento que en estos días corre el trámite, la pantomima de una consulta que de nada va a ser pues se aprobará a raja tabla por parte de los fieles custodios de la democracia que se dicen a sí mismos legisladores y representantes populares y que en realidad encarnan el brazo legislativo del oficialismo.
Lo bueno es que así todo queda claro, la premisa ya la pusieron y es que, si no te gusta, no lo veas. Tan tán, para qué tanto brinco si ¿El suelo no está disparejo?