InicioFernando PescadorDecidir la indecisión: el fuero, los cálculos y la política en torno...

Decidir la indecisión: el fuero, los cálculos y la política en torno a Alito Moreno

POR FERNANDO PESCADOR GUZMÁN.

 

En el México contemporáneo, pocas figuras generan tanta controversia como el dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional Alejandro “Alito” Moreno. Para unos, es el dirigente que mantiene vivo al PRI en tiempos de crisis. Para otros, es el símbolo de la decadencia del viejo partido. Y para muchos más, es simplemente un político que ha sabido sobrevivir gracias a una mezcla de cálculo, oportunismo y un sistema político que nunca termina de decidir nada.

Su caso es un espejo de cómo funciona realmente el poder en México, ni por principios, ni por instituciones, sino por cálculos políticos internos. Son esos cálculos en donde se esconde el por qué, a pesar de las acusaciones, los audios filtrados, las investigaciones en Campeche y las denuncias cruzadas, el desafuero de Alito nunca llega a su destino final.

Independientemente de la postura personal sobre Moreno, resulta esclarecedor preguntarnos ¿por qué su juicio de procedencia no avanza? ¿Qué gana cada partido manteniendo este expediente en un limbo permanente?

El PRI y la simbiosis de protección

Para entender la lógica del PRI, hay que reconocer algo que muchos mexicanos ya intuyen, el viejo partido vive una crisis histórica. Sin embargo, dentro de esa crisis, Alito ha logrado construir un aparato interno que le permite controlar el rumbo del partido. No es el dirigente más querido, pero sí el más hábil para mantener el poder.

El primer cálculo del PRI es simple, si Alito cae, el partido se fractura. Su salida abriría una guerra interna por la dirigencia, con grupos que llevan años esperando la oportunidad de desplazarlo. En un momento en el que el PRI apenas conserva algunos estados y una bancada reducida, una pelea interna sería demoledora.

El segundo cálculo es igual de pragmático, Alito es un operador útil. Puede ser polémico, puede ser impopular, pero sabe negociar. Ha mantenido acuerdos con el PAN, con el PRD y con gobernadores priistas que prefieren un dirigente predecible a un vacío de poder.

El tercer cálculo es más oscuro, si cae Alito, otros podrían caer con él. El partido teme un efecto dominó. Muchos exgobernadores priistas enfrentan expedientes judiciales similares al suyo, un compendio de desvíos presupuestales, corruptelas en obra pública y, quizás, vínculos con la delincuencia organizada. Un desafuero exitoso, en este contexto, podría abrir la puerta a una revisión más amplia de responsabilidades que podrían salpicar más allá del propio PRI.

Finalmente, está claro para los grupos de poder dentro del PRI que entregar la cabeza de Alito sería una victoria simbólica para Morena. Y en política, los símbolos importan. El partido no quiere aparecer débil, derrotado o dispuesto a sacrificar a su dirigente para complacer al oficialismo.

Morena, un enemigo útil es mejor que un enemigo derrotado

Aquí está la parte que más sorprende al ciudadano común, Morena tampoco tiene prisa por desaforar a Alito. Aunque en el discurso lo señalan como corrupto, aunque en Campeche se han abierto expedientes, aunque la narrativa oficialista lo presenta como ejemplo del viejo régimen, en la práctica Morena ha administrado el caso.

¿Por qué? Porque Alito, debilitado pero vigente, es útil.

Primero, porque divide a la oposición. Su presencia al frente del PRI genera tensiones con el PAN y con Movimiento Ciudadano. Mientras Alito Moreno siga ahí, la oposición difícilmente podrá presentar un frente unido coherente.

Segundo, porque impide la renovación del PRI. Si Alito cae, el partido podría elegir un liderazgo más moderado, más técnico o conciliador. Eso podría fortalecerlo. Morena prefiere un PRI débil, desgastado y con un dirigente que carga amplios negativos.

Tercero, porque el expediente de desafuero es una herramienta de presión política. Tenerlo abierto permite a Morena recordarle al PRI que su dirigente está bajo investigación. Es una palanca que puede usarse durante negociaciones legislativas o en momentos estratégicos.

Cuarto, porque un desafuero llevaría el caso a tribunales, donde la narrativa podría volverse impredecible. Alito ha viajado varias veces a Estados Unidos para denunciar a Morena y acusar vínculos con el narcotráfico. Si se victimiza, podría convertir su proceso en un punto de tensión adicional a la ya de por sí sobrecargada agenda binacional.

Finalmente, desaforarlo podría convertirlo en mártir. Y en México, la victimización política es una herramienta poderosa. En Morena lo saben muy bien.

El sistema político y la eterna administración del conflicto

Lo que vemos con Alito no es nuevo. Es parte de un patrón histórico en México, donde los conflictos políticos no se resuelven, se administran. Se mantienen vivos para usarlos cuando conviene. Se congelan cuando dejan de ser útiles. Se reactivan cuando el contexto cambia. El caso de Alito es un ejemplo perfecto de esta lógica.

El PRI lo protege porque teme fracturarse. Morena lo mantiene porque le conviene una oposición dividida y con deficiente fama pública. Al interior ambos partidos saben que el fuero es un proceso legislativo lento, técnico y lleno de recovecos. Y ambos prefieren que el expediente siga ahí, como una sombra, como una amenaza, como un recordatorio de que el poder se ejerce no solo con decisiones, sino con silencios.

¿Qué significa esto para el ciudadano?

Para el mexicano promedio, este caso confirma algo que ya se siente en la calle, la justicia avanza cuando conviene, no cuando debe. Los expedientes se mueven por cálculo político, no por urgencia institucional. Y los personajes más polémicos del país sobreviven porque son útiles para alguien.

Alito Moreno es, en este sentido, una figura que encarna las contradicciones del sistema político mexicano. Es acusado, pero protegido. Es criticado, pero necesario. Es impopular, pero indispensable para quienes lo usan como ficha en el tablero.

Mientras los partidos sigan calculando en lugar de decidir, el caso seguirá en pausa. Es decir, un caso más de la política de no decidir. Y el país seguirá observando cómo la política se mueve no por principios, sino por conveniencia coyuntural.

SAGRADAS ESCRITURAS: Romanos 1:18-19

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEÍDO