Sinaloa

Sinaloa representa un Blasón de orgullo para México. Es una tierra bellísima que corre a lo largo del Pacífico mexicano, pero también es depositaria de una añeja cultura que nutre la identidad mexicana. Prenda de lo anterior están su pasado, tradiciones, una singular gastronomía, la fortaleza de hombres siempre industriosos, así como el espíritu de sus valerosas mujeres, dueñas también de una singular belleza.

Entre las joyas sinaloenses se cuenta a Mazatlán, con gente alegre y hospitalaria, la centenaria cervecería, el museo en la Casa del Marino y también es el envidiable escenario de los más bellos atardeceres en México. El puerto tiene un pasado heroico que se traduce en la batalla contra la fragata La Cordeliere durante la Intervención Francesa y en la cual fuerzas mexicanas, pusieron fuera de combate al buque enemigo con un viejo cañón de montaña. En aquellos años, también se libró la Batalla de San Pedro, en un paraje cercano a Culiacán, combate considerado un “Cinco de Mayo norteño” y donde las tropas mexicanas batieron a invasores y traidores. Mazatlán es sede a su vez, de la más antigua Escuela Náutica de México, fundada por órdenes del General Porfirio Díaz.

En lo personal atesoro una vieja fotografía que muestra a uno de mis bisabuelos montado a caballo y con el pecho cruzado con un par de cananas llenas de cartuchos de 30-30. El abuelo luce orgulloso trás haber concurrido a la toma de Culiacán con las tropas de Álvaro Obregón. La imagen no solo es una herencia familiar, sino también uno de los tantos testimonios que dan cuenta de la aportación de los sinaloenses a la Revolución Mexicana.

Hoy es inevitable no sentirse lastimado por lo que sucede en Sinaloa. Un puñado de mexicanos que no merecen serlo, han puesto en jaque no solo a esa bella región del norte sino a la nación misma. De nada sirve el sacrificio de nuestras Fuerzas Armadas si el poder local está entregado a la delincuencia, no en vano y como trascendió en los medios de comunicación hace no mucho, un mando militar valientemente se lo espetó a Yeraldine Bonilla, comparsa de Ruben Rocha Moya y quien se prestó a cubrir su primera licencia como gobernador del Estado.

La impunidad en torno a Rocha Moya es inadmisible, los señalamientos que se le imputan le merecerían estar sujeto a proceso en un régimen de Estado de Derecho, pero en la Cuarta Transformación no se toca a sus incondicionales. Se aplaude que se juzgue a ex gobernadores de oposición, pero se reprueba que se indulte a los morenistas que actúan al margen de la ley. Los abusos cometidos en el pasado, no exoneran los excesos de hoy.

Volviendo al impresentable Rocha Moya, es vergonzoso el que haya pretendido volver a ocupar el cargo de gobernador, también lo es el desafío a la investidura presidencial que también ostenta la comandancia suprema de las Fuerzas Armadas. Este escenario hubiera sido imposible de imaginar en los tiempos de Fernando Gutiérrez Barrios al frente de la Secretaría de Gobernación. Las acciones de Rocha Moya, así como de los hijos de Andrés Manuel López Obrador y su pandilla, no solo lesionan a México, dañan nuestra imagen en el exterior y peor aún, ponen en riesgo la soberanía del país.

Los deslindes que han pronunciado los gobernadores morenistas con respecto a Rocha Moya, son pálidos esfuerzos solo para cubrir las apariencias, más aún de cara al proceso electoral que está por comenzar el mes entrante. Sabemos que las contiendas políticas en México no las gana quien tenga la mejor propuesta, sino quien suministre más despensas, pero aún así ¿con qué cara saldrá Morena a pedir el voto en el 2027?

La declaración de la Presidenta en su cuenta de X tampoco es suficiente. Rocha Moya se fue por libre y aunque haya sido tan solo por unas horas se atrincheró en el Palacio de Gobierno. Su aliado el Senador Enrique Inzunza ha pretendido seguir su camino e impunemente regresar a su escaño. Aquí es donde la Presidenta debe dar un golpe de timón y ejercer su autoridad moral y efectiva. Claudia Sheinbaum ha manifestado en más de una ocasión que no romperá con López Obrador, la lealtad se reconoce como un valor y una virtud humana, pero la Jefa de Estado debe saber que antes que cualquier pacto político, está el bien y la prosperidad de la Nación, misma que juró defender al asumir su alta investidura. En alguna ocasión el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas fue cuestionado sobre las jornadas alrededor del rompimiento de su padre con el General Plutarco Elías Calles. El ingeniero con certeza respondió que en su casa se apreciaba a Calles, pero que no se podían tolerar conductas que estaban por encima de las atribuciones presidenciales que ostentaba el Presidente Cárdenas.

En el caso de Sinaloa, la Presidenta debe impulsar una iniciativa en el Senado de la República, más si la mayoría la detentan Morena y sus aliados, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Está iniciativa debe ser la desaparición de poderes en Sinaloa fundamentada en el artículo 76 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El mencionado artículo establece las facultades exclusivas de la Cámara de Senadores, entre las cuales se cuenta la desaparición de poderes en una entidad federativa así como el nombrar a un gobernador provisional.

En el pasado se han dado casos de desaparición de poderes en otros estados y por causas menos graves de lo que hoy ocurre en Sinaloa. Mientras tanto, nuestros pensamientos deben estar con los soldados marinos, aviadores y guardias nacionales que bregan por restituir la paz en la norteña entidad, pero sobre todo con los sinaloenses de bien, que son y siempre serán motivo de orgullo para todo México.

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