Por Fred Alvarez Palafox
Dos reporteros abordan el tema hoy: Abel Barajas e Ignacio Alzaga. Aquella mañana del jueves 25 de julio de 2024 es una fecha que le marca el compás a Sinaloa; quedará grabada como el día en que las sombras devoraron, una vez más, la narrativa oficial en nuestro estado.
La traición y el rostro de la tragedia
En la finca San Julián, en Huertos del Pedregal, se cruzaron fatalmente los destinos de la política y el crimen organizado. Un encuentro que culminó en una traición despiadada a Ismael Zambada. La historia de ese vuelo sin retorno a Nuevo México ya es conocida.
Pero la tragedia en esa finca tuvo otro rostro, uno profundamente humano: el de Héctor Melesio Cuén. El diputado federal electo, convaleciente por una cirugía reciente, quedó atrapado en un ataque que no llevaba su nombre. Los peritajes forenses terminaron por desmontar la versión del forcejeo, revelando la fría anatomía de una emboscada. Un solo disparo, a más de 70 centímetros de distancia, le destrozó la arteria.
Como concluyó la FGR, el exrector murió desangrado.
Imaginen la crudeza de esos últimos minutos: a oscuras, perdiendo la vida en la caja de una camioneta. El testimonio es un asomo al infierno, comenta Fausto: “Me tiraron al piso (de la camioneta), el maestro estaba tirado del otro lado… Le decían ‘tranquilo’, pero andaba muy asustado, se infartó, se murió”. Y los sicarios, presos del pánico al ver que el rehén se les escurría, soltaron un desesperado: “Chingada madre, se murió”.
La orquestación del miedo.
Después vino el teatro. Obligaron a Fausto Corrales, bajo amenazas de muerte y golpes, a montar una escena grotesca en una gasolinera. Nos quisieron vender un video prefabricado para limpiar la sangre, y la Fiscalía del Estado lo compró entero; nos quisieron ver la cara. Al parecer, urgía cerrar el caso Cuén y desvincularlo de Zambada.
Fue la carta de “El Mayo”, revelada la mañana del 10 de agosto, la que derrumbó el castillo de naipes, afirmando que a Cuén lo asesinaron en el mismo lugar de su secuestro. Mientras tanto, el gobernador Rocha intentaba deslindarse frente al presidente. (Como lo documenté en “‘El Mayo’ cambió la narrativa en el caso Cuén”, La Silla Rota, 14 de agosto de 2024).
Una herida abierta y dudas persistentes
Presionada, la FGR atrajo el caso y desmontó la farsa. Sin embargo, la justicia que asoma hoy genera profundas dudas. Le quieren cargar todo el peso del encubrimiento a Corrales, omitiendo imputar a los verdaderos criminales o a los altos mandos de la Fiscalía de Sinaloa. Si no hubo complicidad institucional, ¿por qué entonces destituyeron a la fiscal Sara Bruna Quiñónez?
Como señalé desde agosto, los quiebres al debido proceso fueron inexcusables:
i) Permitieron la cremación del cuerpo de manera exprés;
ii) Manipularon los tiempos médicos oficiales, y
iii) Insultaron a la ciudadanía con un video institucional inverosímil.
Limpiar la escena ficticia es apenas un destello de justicia, pero la herida sigue abierta. Con solo Fausto detenido, la gran interrogante persiste: ¿Quiénes más movieron los hilos de esta mentira institucional a plena luz del día?
La historia apenas empieza.