Rodolfo Villarreal Ríos
En cada ocasión en que doña Inspiración decide ausentarse y ponerse a distancia de nosotros, no tenemos otra opción sino irnos a hurgar en las reflexiones de otros. Uno de nuestros favoritos es el hombre sabio de LA REFORMA, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada cuyos escritos son de una calidad tal que se han vuelto intemporales.
Hemos de resaltar que, a pesar de la grandeza intelectual de El Nigromante, la mayor parte de nuestros historiadores son poco dados a revisar sus escritos. Seguramente no lo hacen para evitar que vayan a asociarlos con el hecho de que nuestro personaje se declaró no creyente de la existencia de El Gran Arquitecto y ya sabemos que, al final de cuentas, nuestros investigadores son muy cuidadosos de no incomodar al padre Juanchito pues, si lo hacen, corren el riesgo de que les vaya a cargar la mano con las penitencias o, peor aún, pudiera llegar a excomulgarlos. Dado que este escribidor fue declarado hereje a los siete años, poco le importan esas anatemas. Ante ello, revisaremos uno de los escritos de don Ignacio.
En esta ocasión, encontramos un tema siempre polémico que versa sobre las diferencias en el actuar de las autoridades civiles y las eclesiásticas, el cual Don Ignacio escribió, en agosto de 1871, bajo el título de: “La independencia entre las autoridades mundana y religiosa”.
El ciudadano Ramírez Calzada iniciaba estableciendo que “muy satisfechos quedan los enemigos de la humeante revolución francesa cuando dicen: ‘Sólo aceptamos de la Internacional, el principio- de la separación absoluta entre la Iglesia y el Estado’. Sepan, pues, esos señores que, si no caminan a tientas, han llegado, en el terreno teórico, y llegarán en la práctica, hasta las últimas consecuencias del sistema que proclaman. Podrán desechar algunas bases poco sólidas; lograrán vencer sin los horrores de la guerra, pero no encontrarán medio entre adoptar el programa revolucionario del Papa o el syllabus de la comuna”. Tras de ello, procedió a dejar en claro “lo que significa la separación entre los negocios temporales y los llamados espirituales”.
Estableció que “los funcionarios políticos y los religiosos se ocupan en dirigir las acciones humanas en beneficio de todos o de la mayor parte de los individuos. ¿Esas dos operaciones sobre una misma acción, son compatibles? ¿Son incompatibles?”
En su respuesta mencionó que “la autoridad humana obra en virtud de un poder otorgado, más o menos libremente, por los mismos dirigidos. La autoridad eclesiástica pretende que ha recibido su misión de la divinidad. El gobernante común ejerce facultades muy limitadas. El gobernante eclesiástico hace gala de atarlo y desatarlo todo, así en el cielo como en la tierra. El representante de los hombres debe realizar bienes positivos, palpables; y para ello se somete a las necesidades y caprichos de sus representados. El representante de la divinidad no promete sino bienes abstractos, espirituales”. Los expertos en el tema no nos dejaran mentir, aquí se encuentre el porqué los católicos se identifican con la filosofía de Platón y rechazan la de Aristóteles. El primero basa sus pensamientos en lo que se cree y queda sujeto a la aceptación de las personas sin necesidad de tener ninguna prueba material. Para el segundo, lo fundamental es lo que se puede comprobar y existe forma de hacerlo tangible.
“La autoridad mundana tiene que realizar sus promesas sobre la tierra; si decreta la gloria, tiene que darle cuerpo, por lo menos en estatua. La autoridad espiritual ve con desdén los bienes de esta vida, y no se compromete a saldar sus cuentas sino en el otro mundo”. Esa siempre será una desventaja para los civiles ante los religiosos. Aun cuando muchas autoridades se la pasen en promesas, si estas no se materializan, más temprano que tarde, los ciudadanos les habrán de cobrar las mentiras. Por su parte, los religiosos pueden vivir ofreciendo paraísos, vaya usted a saber si existen o no, pero por lo pronto hay quien les adquiere sus ofertas etéreas. Y eso de que la curia es desapegada a los bienes materiales es muy cuestionable. Una cosa es vender para su gremio ese discurso y otro practicarlo.
El Nigromante afirmaba que: “Los escogidos del pueblo suelen responder con su cabeza o con su bolsillo; los favoritos de la divinidad sólo ofrecen por fiadores a David y a los profetas; y a veces atestiguan con no sé qué vieja que llaman la Sybilla: teste David cum Sybilla”. Con respecto a esto último, debemos de apuntar que se refiere “a una colección de poemas judeocristianos en griego conocidos como los ‘Oráculos Sibilinos’, escritos alrededor de los siglos II al VI d.C. El libro 2, en particular, contiene una narración del fin del mundo y las cosas horribles que les van a pasar a los no cristianos algún día; de ahí los versos iniciales del Dies irae, “Día de ira, ese día / acabará el mundo en cenizas / según David y la Sibila”.
No dejaba de apuntar que “para las personas superficiales y para las que no han logrado desprenderse de todas sus preocupaciones, no solamente no hay antagonismo en los dos sistemas expuestos, sino que es fácil arreglarlos, para que ya funcionen juntos, ya se apliquen por diversas manos, según convenga a las aspiraciones y a los intereses de nuestro siglo. ¿No vemos el velamen y el vapor hermanando sus alas para llevar los buques más gigantescos por todos los mares? La vil muchedumbre, se nos asegura, sólo puede moverse por semejante mecanismo. ¿Qué han cosechado esos eclécticos empíricos? Silbidos y revoluciones; fácil es demostrarlo”. Y procedía en consecuencia a fundamentar sus argumentos.
Apuntaba que “el hombre es un animal singular; se trasforma indefinida y prodigiosamente por su propio trabajo, y es poderoso para sujetar a sus necesidades las leyes de todos los cuerpos que le rodean. Si la naturaleza pudiera deificar al hombre, le consideraría con los atributos de un genio inventor y laborioso”. Y decimos nosotros, no ha existido otra forma en que la humanidad haya podido avanzar a través del tiempo. La acción concreta es lo que vale, con plegarias ninguna sociedad es capaz de avanzar un milímetro.
“Desde la choza hasta el palacio; desde el báculo informe en que se apoya un pastor, hasta la diadema de oro y de diamantes que flamea entre la artificiosa cabellera de una dama; desde las lumbradas telegráficas hasta el alambre que oprimen al estrecharse las manos de dos continentes, comprendiendo sus mutuos pensamientos por el número de sus pulsaciones; y hasta los ensueños que se realizan, todo, todo lo que existe para el hombre aparece con un sello que dice: ¡trabajo!” Esto es algo que, en nuestros días algunos tratan de minimizar y fomentan la dadiva como medio de vida para evitar que algunos realicen cualquier esfuerzo.
Se olvidan de que “el trabajo… es la base de todas las instituciones sociales; éstas se acercan a la perfección Según la igualdad posible con que se reparten y se garantizan los frutos. El verdadero trabajo improductivo es el que no puede repartirse bajo la forma de provecho; por eso un ferrocarril, una presa, valen más que todas las pirámides de Egipto; hay algo de barbarie en construir un templo, pero la fabricación de un puente debe ser envidiada por los mismos dioses. Mil y mil problemas se agitan en el mundo y todos despejan esta incógnita: ¡trabajo!” Al momento en que los de ahora promueven el asistencialismo, al tiempo que proclaman ser de avanzada, en realidad no están sino imitando a quienes, dicen ellos, no concuerdan con sus principios. Veamos lo que El Nigromante escribió en el párrafo siguiente.
“¿Cómo es que los bárbaros que inventaron las religiones han proscrito el trabajo? Porque considerándolo como una pena y no como derecho, como un instinto, el sacerdote ha podido dispensarse de trabajar; ha concedido el mismo privilegio a sus cómplices; ha condenado a las obras públicas y privadas a la ignorante y desvalida multitud; ha conservado en sus manos los descubrimientos y las mejoras, y se ha hecho reconocer como el intérprete necesario de todos los códigos que proclaman y reglamentan el trabajo como una servidumbre. Las garantías individuales, la Economía Política, las artes útiles, las ciencias naturales protestan contra ese matrimonio entre animales de diversa especie; el trabajo emancipado devuelve sobre la Iglesia las maldiciones que le prodiga; las abejas se burlan de los dogmas que inventaron los zánganos. ¡Concílieme vd. esos contraprincipios! ¡Lléveme vd. a un mismo fin esas tendencias! Yo no borraré los primeros capítulos de nuestra Constitución para sustituirlos con la historia del paraíso delirio de comunistas”. Eso de no trabajar es algo que prevalece entre los miembros de la curia. Sin embargo, no es privativo de ellos, esto luce muy parecido a la actitud que en nuestros días adoptan quienes se dicen ser parte de un gobierno de “avanzada”. Lo que a continuación reproducimos es una muestra de la objetividad que caracterizaba al político de origen guanajuatense.
“Veamos otra cuestión donde también se presentan la Iglesia y el Estado como enemigos de muerte: las relaciones sexuales. Ninguna semilla se logra sin que dos órganos diversos concurran a fecundizarla; el placer presta su copa y la hermosura su velo. Las plantas sonríen, los brutos piensan, los hombres aman; el amor inspira sociabilidad y proyectos de mejora; la previsión del ave enamorada construye el nido, y en el reino vegetal cada pareja se esconde en una flor y de cada estremecimiento se escapa un perfume. El amor también es un trabajo; pero es el más dulce, porque lleva en sí mismo su recompensa”. ¿Alguien rebate lo escrito?”
“Al ciego, al sordo, se compadecen, porque les falta la mitad de la vida; pero pueden propagarla. El eunuco, entre todos los seres, es despreciable; hay todavía otro estado más monstruoso, el de la impotencia voluntaria. Las religiones, ¡me horrorizo al pensar! han llevado su demencia hasta convertir en un deber la mutilación física o moral del individuo. Se concibe que una joven guarde su codiciado tesoro; pero no conquista los aplausos sino cuando le entrega intacto al compañero que su amor ha escogido: su triunfo está en no llegar furtivamente al rango de mujer y de madre. Se necesita ser un [José María del] Castillo Velasco, [un destacado abogado, político y periodista liberal mexicano que desempeñó un papel fundamental en la consolidación del Estado laico en México] para designar un basurero donde se tire la fruta podrida en el guacal; si los muertos requieren un homenaje, ¿por qué no rendirlo de preferencia al mérito de nuestras madres que, haciendo feliz a un esposo, llevaron sus ardientes caricias del tálamo a la cuna?” Si bien la postura de una gran parte de la sociedad ha variado con respecto a lo anterior, la curia mantiene un discurso similar. O ¿Estamos equivocados?
“Los desechos de la sociedad se consagran a Dios y a Pepe. La doncellez no puede ser sino un noviciado para la maternidad; en el hombre la virginidad perpetua es una enfermedad o una hipocresía; suele ser un ahorro. Haciendo del matrimonio un cuasi pecado, y de la mujer una fruta prohibida, el clero monopolizó el mercado de los placeres; cada capricho de los comerciantes tuvo su precio; la autoridad se reservó la contribución y el derecho de catar; especuló con los contrabandos. ¡Comparad ese sistema con el que prácticamente se apodera del mundo!”
Para que no quedara duda espetó: “Dos formas tienen la sociedad: la paz, la guerra. La guerra es la destrucción más o menos civilizada, destrucción de hombres y de cosas; su fórmula es triunfar a toda costa: pueden mitigarse esas desgracias, ¿pero desaparecer? ¡nunca! Derecho mutuo de muerte y de robo”.
La paz nace de un convenio; no se puede suponer sino como asociación voluntaria; si los hombres se conceden fríamente el derecho mutuo de matarse en ciertos casos, sólo pueden hacerlo por ignorancia; esto es fundar la paz en las leyes de la guerra. ¿No se pacta la inviolabilidad de los bienes? Con mayor razón debe estipularse el respeto religioso a la vida humana. ¿Quebranta un asesino el contrato? La sociedad no debe imitar su ejemplo. De aquí resulta que la pena no debe ser escarmiento ni venganza. Cuando puede resarcir los daños, los resarce; cuando el delito proviene de una mala educación, se procura mejorar ésta por medio del régimen penitenciario: así la sociedad mejora con el castigo”. Si bien no se siempre se logra el objetivo, el intento debe de prevalecer.
“El partido religioso condena al fuego eterno todas las faltas; apenas consiente en disminuir los castigos en este mundo; ¡nadie es dueño de su vida! Las leyes de la guerra se depositan en manos de la autoridad, y contra ésta no son permitidas las represalias. La autoridad es más inexorable que un conquistador para con sus enemigos; mata y roba impunemente. Tal sistema penal convierte el régimen representativo en una burla. Los pueblos llegan a adivinarlo, y prefieren considerar a los gobernantes como. enemigos que como tiranos; aceptan las leyes de la guerra y las aplican con el mismo furor con que se las imponen sus contrarios. ¿No queréis convenios humanitarios? Quemaremos nuestros palacios, que llamáis vuestros; daremos una lección severa a un puñado de vuestros cómplices. ¡Crimen horrendo!”
“El partido religioso contesta asesinando piadosamente a las mujeres y a los niños. Si una madre dispara una pistola sobre uno de sus verdugos sagrados, cien santos hacen volar, por rumbos diferentes, las madejas de oro, los ojos admirables, los pechos que alimentaban un niño, que no se desprende de ellos sino entre las garras de la muerte Y aplaudirán miserables escritores, porque de ese modo, con esa hazaña la familia se ha salvado. La Iglesia, con lo severo del castigo, justifica la guerra eterna, la resignación de la estupidez o la venganza. Donde existe la pena de muerte, bienaventurados los que se anticipan a sus contrarios: contra la ley-fuga la ley-Linch. Las reformas en lo criminal son incompatibles con la Iglesia”. He ahí una diferencia sustancial, nada de corregir aquí en la tierra, todo debe de pagarse en la otra vida.
“¿Y el ejercicio de la soberanía del pueblo? La independencia individual, la independencia municipal, no pueden ser toleradas por una jerarquía que se funda en la absoluta dependencia”. ¿Cómo van a dejar que alguien ejerza su libre albedrío si los principios de la religión se fundamentan en la obediencia ciega y no en el cuestionamiento?” Ya sabemos que el dogma no está sujeto al análisis, es verdad eterna porque lo dicen los autoproclamados poseedores de la palabra divina, algo que es altamente cuestionable.
“La libertad de pensar y de hablar tienen por hija a la ciencia; la ciencia se burla de las leyendas que forjaron los sacerdotes ignorantes; sucesores de éstos, para salvar el dogma, sacrifican la ciencia. Los hombres más esclarecidos consagran algunas páginas para los absurdos con que desean no alarmar, sino antes bien conciliarse a sus correligionarios”. Al respecto debemos de recordar que, durante tres centurias en nuestro país, la ciencia estuvo relegada y la sociedad se fundamentó en la superchería y el temor a lo desconocido. Esto, aun en nuestros días, tiene secuelas que no terminan por irse.
“Las instituciones se reforman a medias. En los colegios se enseña la verdad y la mentira. La moral no se sostiene por la utilidad positiva, sino por peligros fantásticos. Se simulan costumbres perjudiciales. Y no hay concordia ni entre los pensamientos de un mismo individuo^. ¿Y hay quien no vea la causa de nuestras revoluciones? Suprímase el antagonismo de lo temporal y de lo eterno, sacrificando alguno de los dos principios. Yo estoy por salvar lo temporal, ¿y ustedes? O syllabus o reforma”.
Nosotros, creyentes firmes en la coexistencia y la separación del Estado y las Iglesias, estimamos que ambas entidades pueden operar bajo el principio de que cada una lo haga en su esfera de acción y no trate de determinar la vida interna de la otra. Los asuntos de como cada uno lleva su relación con El Gran Arquitecto es algo del ámbito privado y no se debe utilizar el nombre de Él para tratar de determinar como han de operar los gobiernos civiles, salvo que los religiosos estén dispuestos a que las autoridades civiles vayan y les indiquen como han de llevar a cabo la liturgia.
Se puede o no estar completamente de acuerdo con la postura de Ignacio Ramírez Calzada. Ello, sin embargo, no le quita un céntimo de validez a los escritos del hombre sabio de la REFORMA. vimarisch53@hotmail.com
Añadido (26. 35.114) En caso de que usted, lector amable, disponga de un poco de tiempo, le invitamos a ver y escuchar la entrevista que realizaron a este escribidor bajo el título: “Del archivo al libro: lo que revelaron los documentos sobre México y los Estados Unidos entre 1925 y 1927”, publicada en el canal de YouTube del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca. Ello, se dio gracias a la generosidad de la subdirectora de dicha institución, Doña Amalia Torreblanca Sánchez. La conducción estuvo a cargo de Andrea García Magdaleno, mientras que la filmación y edición fue responsabilidad de María del Rocío Vaca Ruelas. El enlace para acceder a la misma es:
https://www.youtube.com/watch?v=491eHNSx6YQ
Añadido (26. 35.115) Durante los 64 años que llevamos de dar seguimiento a los acontecimientos nacionales, nunca habíamos observado tal nivel de degradación entre los miembros de la clase (¿?) política. Los cómicos del pueblo de hace algunos ayeres, Tontolín y la señora Castañeda, resultan un dechado de seriedad comparados con los protagonistas del sainete de ahora.
Añadido (26.35.116) Vaya que salieron caros los dos votos que aportó el PAN hace un par de años en la contienda por la gubernatura. Afortunadamente, ya enviaron a descansar, en una de las sucursales del sitio en donde mora un personaje infame, a quien combatió con saña la actividad teatral de calidad en Coahuila debido a que los actores, directores y promotores no estuvieron dispuestos a convertirse en sus lacayos.
Añadido (26.35.117) Ah que nuestros paisanos coahuilenses. Para ellos, la narrativa de la reyerta inútil (a) la cristiada tiene solamente un lado, la de los vendedores de la victimización. ¿Será que temen a la excomunión o al incremento de la penitencia dominical? ¿Acaso es que desconfían de su versión y no quieren que se confronte con la historia real que nada tiene que ver con la forma, muy personal y respetable, en que cada uno se relacione con El Gran Arquitecto?