Ya ni chingan…
Deberían cuidar las formas… porque en política las formas son fondo, y lo que vimos en el INE no es un simple detalle protocolario, sino una señal de alarma que vulnera la línea de flotación de nuestra autonomía institucional.
La presencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, encabezando la ceremonia de inicio del proceso electoral 2027 marca un precedente sumamente peligroso. Desde su origen como un órgano ciudadano e independiente, el Instituto Nacional Electoral jamás había arrancado una jornada bajo la presencia física y tutelar de la política interior del gobierno federal.
Desde Chiapas, la C. presidenta de la República intentó minimizar el impacto asegurando que se trató de un “acto protocolario” al que fueron invitados los tres poderes y defendiendo que “no tiene que ver con una intromisión del Ejecutivo”. Pero esa coartada cojea de origen: el poder no se limita asistiendo como un invitado más; el poder intimida con su sola presencia en la casa del árbitro. Nos dice la mandataria que no hay intromisión, pero las señales que se mandan desde el poder desdibujan los límites que tanto costó construir. La autonomía no se defiende abriéndole el presídium a la mano derecha del presidente, se custodia manteniendo una distancia insalvable.
Y por si fuera poco, en medio de esta preocupante normalización de tutelas, el INE nos sale con distracciones cromáticas tan desconcertantes como el cambio de su tradicional rosa al lila. Sobre este punto, la propia Claudia Sheiunbaum fijó postura hoy en la mañanera exigiendo explicaciones: pidió formalmente a los consejeros electorales y a su presidenta, Guadalupe Taddei, que ofrezcan una conferencia de prensa para aclarar las razones de esta modificación de última hora, señalando que “no se entiende” el argumento y que es necesario despejar cualquier duda de cara a los comicios.

Resulta insólito que, mientras el árbitro electoral se enreda en justificaciones endebles sobre logotipos y cambios de color —supuestamente para evitar confusiones con partidos políticos—, las verdaderas confusiones ocurran en la mesa principal del instituto, donde la frontera entre el gobierno y el árbitro se difumina peligrosamente.
La democracia no se fortalece diluyendo los contrapesos ni distrayendo a la opinión pública con debates de pantone. Si desde Palacio Nacional se pide claridad en los colores del INE, con mayor razón los ciudadanos exigimos claridad absoluta en la independencia de sus actos. Porque cuando el secretario de Gobernación se sienta a dar el banderazo de salida en el órgano electoral, lo que verdaderamente entra en riesgo no es el tono de una cromática, sino la credibilidad de todo el sistema democrático.
Solo va a faltar que el día de la jornada electoral salga la secretaria de Gobernación a declarar ganadores…
Ya ni chingan…
Para la historia inmediata..