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Adiós a Kahwagi. Del ring a los reflectores

Murió a los 58 años. Esta entrevista de 2002 antecede su salto a San Lázaro y su paso por la telerrealidad

Con la muerte de Jorge Kahwagi este jueves, reaparece una voz previa a su salto a la política y a la televisión. En septiembre de 2002, en la revista Gentesur, a mi cargo, hablaba de miedo, disciplina y metas deportivas. Reproducimos íntegra aquella conversación, realizada antes de San Lázaro y los reflectores.

Alberto Carbot / Fotos Eloy Valtierra

 

Jorge Kahwagi Macari falleció hoy, 30 de septiembre de 2026, a los 58 años. Con motivo de su muerte, retomo la entrevista que realicé en septiembre de 2002 para el número 82 de Gentesur. Durante esa conversación estuvieron presentes Rafael Huidobro, entonces encargado de la sección de Deportes de nuestra publicación y Eloy Valtierra, fundador de la agencia Eikon. Luego de aquel encuentro, Kahwagi llegó a la Cámara de Diputados por el Partido Verde Ecologista de México en la legislatura de 2003 a 2006. En 2004 pidió licencia para participar en Big Brother VIP, donde terminó en tercer lugar y desató polémica por su ausencia legislativa. Más tarde se integró a Nueva Alianza, partido que presidió, y fue diputado federal nuevamente entre 2009 y 2012.

En esos años, su exposición mediática estuvo acompañada de decisiones personales polémicas; en 2012, la revista TVNotas publicó —citando a una fuente cercana—, que se había sometido en Panamá a un procedimiento para cambiar el color de sus ojos de café a azul. En 2015, en Filipinas, su última pelea profesional volvió a generar cuestionamientos. Tras los severos problemas de salud de 2019, sus apariciones públicas se volvieron esporádicas. Hoy su fallecimiento ocurre seis meses después de la muerte de su padre, el empresario Jorge Kahwagi Gastine. Aquí la entrevista íntegra tal como se publicó en 2002, como testimonio de lo que entonces pensaba y decía.

 

Jorge Kahwagi posa con los puños en alto. En 2002, con seis peleas profesionales, aspiraba a convertirse en campeón mundial. Fotos @ Eloy Valtierra / Revista Gentesur

¿QUIÉN PARA A JORGE KAHWAGI?

Pareciera un lugar común decir que un boxeador es un hombre surgido del escalón más bajo de la sociedad, que a fuerza de puños se abre camino hacia la gloria. Jorge Kahwagi es la excepción que confirma la regla: desde la cima del éxito en los negocios saltó a la cúspide del triunfo en el deporte donde México más ha brillado a nivel internacional.

Resulta un tanto extraño ver a Jorge Kahwagi Macari, vestido con elegante traje de lino negro y fina camisa desabotonada, posando para unas fotos de estudio. Cualquiera diría que forma parte de su portafolio para el casting de una película.

Sin embargo, constituyen su carta de presentación como boxeador, rey de los cuadriláteros, recién coronado campeón Crucero del Consejo Mundial de Boxeo.

A sus 34 años, este exitoso empresario de porte varonil, soltero —tal vez el más codiciado de la elite mexicana— y exnovio de la chica dorada Paulina Rubio, ha saltado con éxito del pináculo de los negocios —es dueño de varias empresas que incluyen la vicepresidencia del diario Crónica—, a la cima del boxeo.

Inquieto y travieso desde pequeño, Kahwagi apenas es un debutante en el terreno profesional, con sólo 6 peleas en su hoja de servicios. Sin embargo, se ha catapultado ya hacia lo más alto al conseguir la corona del CMB.

 

Jorge Kahwagi conversa con Alberto Carbot en su residencia. El boxeo, los negocios y la política fueron temas de la entrevista para Gentesur. Fotos @ Eloy Valtierra / Revista Gentesur.

Su presencia dentro del mundo del boxeo no deja de sorprender a propios y extraños, especialmente porque este deporte parecía estar destinado exclusivamente para la población de un estrato social y económico bajo.

Los grandes púgiles mexicanos —de Kid Azteca a Rubén El Púas Olivares y de Vicente Saldívar a Julio César Chávez—, han surgido de las entrañas mismas del pueblo, son hijos de barriadas como Tepito o la Bondojo.

Sin embargo, Jorge Kahwagi ha aparecido no sólo para romper con estos moldes establecidos dentro del deporte, sino también, del ámbito en que se desenvuelve.

“Lo que pasa es que para mí, el boxeo ha sido una gran pasión desde que era pequeño; son muchos retos los que van surgiendo en este deporte, al igual que en la vida. Creo que hay un paralelismo entre el boxeo y la vida; en la vida tienes que plantearte estrategias al igual que en el boxeo; en la vida y en el ring también hay golpes y tienes que ver cómo los esquivas y día a día estás luchando por llegar a tu esquina”.

Kahwagi afirma que el boxeo significa para él entre otras cosas “hacer ejercicio físico, que es buenísimo” y luego la oportunidad de ser profesional y finalmente la ocasión de ser campeón nacional y representante del país a nivel mundial, “lo cual es un gran orgullo que me va impulsando para seguir en este deporte”.

En el ring no hay diferencias. Respecto del hecho de que él pertenezca a otra clase social, distinta a la de los peleadores tradicionales, señala que esto debería ser menos marcado, porque “allá en el ring es muy claro y no cuenta la posición económica. Subes con un calzoncito y tenis al igual que el otro, y ahí tienes que demostrar quién trae ganas, quién se preparó mejor; para acabar pronto, ver de qué estás hecho.

“En lo personal, subo y lo hago convencido de que voy a ganar. Ni siquiera contemplo la posibilidad de que voy a perder; pero si algún día llego a sufrir una derrota, analizaré por qué perdí, pero no por eso me voy a hundir en una depresión, porque siempre hay un gran riesgo. Uno tiene que ir por el triunfo a como dé lugar, al igual que en la vida, por eso estoy ahí, en el ring”, señala sincerándose poco a poco.

 

Bajo un gran sol amarillo, Kahwagi posa en un sofá de motivos celestes. El empresario aseguraba que el boxeo había cambiado su vida y sus hábitos. Fotos @ Eloy Valtierra / Revista Gentesur

En la tranquilidad de su hogar, en una de las zonas residenciales del Distrito Federal, donde se respira un aire sereno, rodeado y atendido solícitamente por su grupo de asistentes, Jorge parece buscar despojarse de su faceta de hombre de negocios, que tradicionalmente debiera jugar golf, tenis, pero nunca boxear.

Jorge considera que es muy subjetivo también pretender imaginar a un hombre de negocios que sólo practica deportes elitistas.

“Creo que entre los empresarios hay diferentes tipos de gente; con diversos satisfactores: a algunos, les gusta coleccionar autos, a otros, otras cosas”, expone.

En su caso, dice que a él le gusta “ir día a día conquistando nuevas metas; ahora se me ha convertido en obsesión darle triunfos a México. Es importante que todos hagamos un análisis para saber para qué somos buenos. Creo que tengo facilidad para el boxeo, y tiene mucho que ver con lo que a mí me gusta. El boxeo me fascina, entonces, sería ilógico —desde mi punto de vista—, jugar golf, sólo porque está de moda o sea una tradición”, expresa.

Con una franqueza inusual, el campeón dice que entre los empresarios pareciera aplicarse un manual de buenas costumbres: “te dicen que tienes que vestir de traje, comportarte de tal manera, o que debes jugar golf en tus ratos libres”.

Sin embargo, objeta estas actitudes y dice que la culpa es de los propios empresarios, “de nadie más. Esas cosas nada tienen que ver con ser un empresario comprometido con su país, que quiera generar fuentes de empleo, crear empresas”.

Empresarios chiquitos y grandotes. Kahwagi señala que “hay empresarios de diferentes niveles, que tienen un changarrito chiquitito y son mejores que algunos otros que tienen grandes compañías, porque probablemente se las heredaron y ni siquiera se han metido a aportar nada.

“Tenemos que ver realmente qué es ser un verdadero empresario; conozco algunos —obviamente no voy a decir nombres, porque no quiero ofender a nadie—, pero hay grandes empresas con muy malos empresarios y que por azares de la vida están ahí, no porque tengan una verdadera vocación. En cambio, yo al boxeo lo amo, lo adoro y seguramente que si yo jugara golf, sería un jugador mediocre”, expone.

¿Lo hace sólo por romper esquemas, independientemente de que le guste el boxeo y porque los empresarios no lo practican?

Yo lucho por ser yo, y hacer lo que me gusta, porque creo en ello. Seguramente fue la decisión correcta. Al principio es difícil dar un paso así porque no se sabe qué va a pasar con todo lo demás, y en la vida, el que no arriesga, no gana. Fue una decisión muy bien tomada y considero que voy a poder poner mi granito de arena, lo cual me da mucha satisfacción.

¿Le da miedo subirse al ring?

Sí, siempre me da miedo, y mucho.

¿Qué analiza de su rival?

Todo, absolutamente todo; cómo pelea, cómo se mueve. Pero hay una parte fundamental: cuando te presentan en el ring y tienes al rival enfrente, veo su mirada; es muy importante clavar la vista en el rival, porque es ahí cuando empieza la cosa, cuando me da confianza o me atemoriza.

Pareciera que, por su nivel económico, usted puede hacer lo que mejor le venga en gana, por ello la pregunta: ¿No es un capricho estar en el boxeo?

No, yo creo que sería un capricho muy caro, no en cuanto a dinero, sino porque el boxeo ha cambiado toda mi forma de vida y mis hábitos.

Y en efecto, el pugilista-empresario es un hombre metódico, que no fuma ni bebe, aunque admite que se toma de vez en cuando un trago o 2 —sobre todo cuando acude a festejar un triunfo—, pero afirma que después se reintegra a su ritmo normal de trabajo y no se toma “ni una cerveza”.

 

Alberto Carbot y Jorge Kahwagi durante el encuentro para Gente Sur, en septiembre de 2002. El empresario defendía su decisión de dedicarse al boxeo. Fotos @ Eloy Valtierra / Revista Gentesur

¿Esa es la diferencia entre la gente que no ha tenido estudios y usted? Es decir, ¿el hecho de tener una mayor preparación educativa ayuda para no excederse?

Yo creo que más allá de la parte cultural, he tenido la suerte de rodearme de gente buena. Tengo grandes amigos, que contrario a lo que pudiera pensarse, en lugar de quererme sacar de fiesta, me cuidan. Creo que mi gente, la gente que yo quiero, me ha respondido muy padre, muy bien.

“Mi sueño es ser campeón”. Respecto de sus metas como boxeador, señala que como todos los pugilistas, desea ganar títulos, pero afirma que después de lograr el campeonato internacional —que era su sueño y nunca supo si lo alcanzaría—, cada vez que va a tener una pelea se traza una “pequeña gran meta, que es ganar y después, con sus promotores, decide qué hacer, inclusive si ya no quiere seguir. “Pero mis sueños son ser campeón mundial, y ahí vamos, pasito a pasito”, señala convencido.

Interrogado sobre lo que piensa su padre de su nueva profesión, señala que al principio no le creyó que se dedicaba al boxeo, lo cual fue una sorpresa para él, pero como la relación es “excelente” y se basa en mucho respeto y cariño, él ha entendido que aunque es un deporte de contacto, mientras mejor se prepare, menos posibilidades tendrá de sufrir una lesión. Refiere que Jorge, su padre, se muestra orgulloso, no sólo porque es campeón sino porque ha defendido lo que cree y su manera de ser sobre “cualquier prejuicio social que pudiera haber”.

Del PRI pero apoya a Fox. Kahwagi no rehuye un tema que suele poner incómodo a cualquiera, principalmente si se trata de un boxeador: la política.

En tal sentido, llama a dar apoyo al presidente Vicente Fox y a su gobierno, sin importar la filiación partidista, porque sin respaldo “se hundiría el país y entonces ya no importaría de qué partido seas”.

El directivo del diario Crónica señala que la tarea de Fox no es fácil, porque “ha tenido que cambiar muchos esquemas y desgraciadamente no hay una escuela” que enseñe a un mandatario cómo gobernar. Más adelante asegura que no cree mucho en las afirmaciones del gobierno en el sentido de que el país ha crecido en términos macroeconómicos, “porque la economía está bastante seca. Hay carencias; el nivel educativo, empleos, salud y la falta de poder adquisitivo son un peligro real, por lo cual, si queremos a México, hay que hacer un esfuerzo muy grande”, indica.

¿Cree que el gabinete del Presidente Fox está funcionando como se debe?

Mi apreciación es que no. No sé si haya ajustes o no, pero debe haber más coordinación y congruencia entre los propios funcionarios, porque un día dice uno alguna cosa, y al siguiente, otro lo contradice.

Kahwagi se confiesa simpatizante del PRI, al que considera “el partido más grande, más serio” y dice que las diferencias que hay en esa formación se tienen que “dirimir hacia el interior”. Afirma que el PRI va por buen camino y es una buena opción y puede regresar al gobierno o al menos ser un factor de equilibrio importante.

Respecto de si tiene planes para ingresar en la política, dice no haberlo contemplado, pero afirma que estará en donde considera que puede aportar su “granito de arena a México”.

Kahwagi habla por celular en su residencia, entre muros de piedra, escaleras curvas y un mural azul con desnudos. Fotos @ Eloy Valtierra / Revista Gentesur

Viejo para el box, chiquito para el matrimonio. Con un récord de 43 peleas —todas ganadas, 38 por nocaut en su carrera no profesional y 6 ganadas por nocaut ya como profesional—, Kahwagi se refiere a las versiones sobre las supuestas mafias que existen en el boxeo y las “peleas vendidas”. Es un tema que lo lastima, en el sentido de que se trata de meros “rumores que se cobijan bajo la cobardía del anonimato”.

Sobre el sueldo que obtiene como boxeador profesional, se muestra un tanto esquivo y dice que varía según la publicidad y los tratos de cada promotor. “Para mí el dinero o la fama es lo de menos, porque este deporte es mi gran pasión y me brinda satisfacciones mucho más importantes”.

Sin aceptar si tiene pasta de ídolo, indica que le ha echado muchas ganas a su carrera, con pocas peleas, pero bien seleccionadas, asumiendo riesgos porque sabe que el tiempo conspira en su contra —ya tiene 34 años— y es, en términos boxísticos, un peleador viejo.

Apoyado por un cuerpo técnico que consta de un entrenador, un preparador físico y un nutriólogo, Kahwagi suele entrenar en el Centro Ceremonial Otomí, por la altura, y también en Las Vegas, donde cuenta con una mayor variedad de sparrings que aquí, por su peso, no encuentra.

Al relatar su última pelea —cuando sufrió un corte en el rostro y fue a dar en la lona—, señaló “sentir feo” de estar abajo.

“Tardas en asimilar qué pasó y en el momento que te das cuenta que estás en el suelo, la mente te dice, ¿qué hago aquí, cómo pude venir de tan lejos, defendiendo los colores de México y regresar con una derrota?”, admite. Reconoce tener un defecto, que no le gusta ser derrotado y que no quiere aprender a perder.

El empresario-pugilista aborda otros temas más ligeros de índole personal, como el hecho de que es soltero y como el que tuvo una relación sentimental con Paulina Rubio durante 3 años. “Nos queremos mucho”, revela en tono intimista. Actualmente tiene novia pero no planes de matrimonio, porque dice por último que “para el box estoy viejo, pero para los altares, chiquito”.

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