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Columna de opinión

La Costumbre del Poder: México viejo, enfermo y ultrajado III/V

Gregorio Ortega Molina

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Gregorio Ortega
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* Añadiría otra consideración: la mala leche. Dada la saturación de las instituciones públicas de salud, la carencia de medicamentos y la pésima administración de los recursos económicos y humanos, alentados durante seis años desde las conferencias matutinas, un buen porcentaje de los empleados que asisten a los enfermos ha modificado su actitud, y se conduce algo más que agresivamente, con rencor, con odio. Lo he visto, todavía durante el presente año. Camilleros y enfermeros tratan a las pacientes con lascivia. No importan la edad ni la posible o ausente belleza

Gregorio Ortega Molina

 

Ninguno de los administradores públicos que he tratado, concede el verdadero valor de garantía constitucional a la salud, por una razón sencilla. Llegaron a donde disponen de todo para ellos y sus familias. El bienestar físico lo tienen al alcance de la mano, disponen de los mejores especialistas.

Ahora bien, en cuanto a la ecuanimidad sólo Dios sabe, son especialistas en ocultar su memez. De Vicente Fox al presente, no hay ni a cuál irle, pero se llevan el premio mayor los de la pretendida transformación.

Leo que hay quienes consideran que acudir, hoy, a un hospital privado ya no es un lujo, sino una necesidad ante las deficiencias y saturación del sistema de salud público. Sin embargo, no he encontrado una cuantificación comparativa del porcentaje de mexicanos enfermos entre el año dos mil y hoy.

El INEGI indica que en 2025 los hospitales privados tuvieron dos millones 329 mil egresos, a pesar de contar con un número menor de instituciones de salud. Pero la realidad escuece, porque la CONAMED informa que sólo durante 2025 recibió 18 mil 734 solicitudes de intervención, de las cuales 1493 fueron quejas formales y 158 exigieron dictamen médico por supuesta mala praxis. Dato curioso. Aunque las instituciones médicas de salud pública concentran el mayor número de denuncias, el sector privado concentra 440 denuncias anuales en promedio, pero en mala praxis sus yerros son superiores al IMSS-ISSSTE, pues si los que cobran suman 31.2 por ciento, los gratuitos parecen librarla con 26.2 por ciento.

En este punto yo añadiría otra consideración: la mala leche. Dada la saturación de las instituciones públicas de salud, la carencia de medicamentos y la pésima administración de los recursos económicos y humanos, alentados durante seis años desde las conferencias matutinas, un buen porcentaje de los empleados que asisten a los enfermos ha modificado su actitud, y se conduce algo más que agresivamente, con rencor, con odio. Lo he visto, todavía durante el presente año. Camilleros y enfermeros tratan a las pacientes con lascivia. No importan la edad ni la posible o ausente belleza.

¿Es lo anterior praxis no profesional, o sólo pésima actitud, mala leche? ¿Quién o quiénes lo determinan? Sin un celular a la mano para filmar lo que sucede en el momento, el sindicato de los agresores lleva las de ganar.

@OrtegaGregorio

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