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Columna de opinión

La Secretaría de la Defensa Nacional

Roberto Abe Camil

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Roberto Abe Camil
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Las Fuerzas Armadas mexicanas, entrañan una institución que es un referente de identidad, pero también de orgullo nacional. Propios y extraños saben que no se puede entender la existencia misma del Estado Mexicano sin el sólido bastión que representan las armas de la República. Soldados, marinos, aviadores y ahora guardias nacionales cubren muchos frentes que van desde la defensa exterior del país, la seguridad interior, misiones en el extranjero, pero también formando a jóvenes hombres y mujeres en un sistema educativo de excelencia, fortaleciendo la memoria histórica a través de la red de museos y bibliotecas navales y militares, y por supuesto, ejecutando labores sociales y de apoyo a la población en el caso de desastres naturales.

Al momento de escribir estás líneas, miles de efectivos están desplegados en las costas del Pacífico ante la emergencia por la temporada de huracanes. Hoy en día, los militares, incluyendo a aquellos en retiro son conocidos por todo lo anterior, pero también por la cuota de sangre que aportan a la pacificación del país y por la doctrina militar mexicana, que sostiene como pilar ineludible, la lealtad a las instituciones.

El ex Presidente López Obrador, durante su largo peregrinar para llegar a Palacio Nacional, fue un severo crítico de las Fuerzas Armadas, llegó incluso al absurdo y extremo de proponer su disolución, sin embargo, al asumir el poder recibió una merecida lección al ser testigo de la lealtad irrestricta y del espíritu de servicio de la familia militar.

Tal como sucede con otras naciones hermanas, como Argentina o Colombia, nuestro Ejército nació con la patria. En el caso mexicano, el General Morelos dispuso en el artículo 134 de la primera constitución mexicana, la de Apatzingán en 1814, la creación de la Secretaría de Guerra.

A partir de 1821, nuestra cartera de Defensa tuvo las siguientes denominaciones: Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra y Marina, Ministerio de Guerra y Marina y Secretaría de Guerra y Marina. Nació el Ejército, pero también la Armada, que el pasado 4 de octubre conmemoró su 205 aniversario. El día de ayer, el Heroico Colegio Militar celebró 203 años de su fundación. A las anteriores ramas de las Fuerzas Armadas, también se incorporó la Guardia Nacional que no es una ocurrencia nueva, tiene sus antecedentes en las Milicias Provinciales del Ejército Virreinal novohispano.

Hoy el enorme reto, es consolidar a marchas forzadas a una Guardia Nacional que esté a la altura de pertenecer a la Secretaría de la Defensa Nacional y asumir el legado de los batallones de Guardias Nacionales que se batieron con bravura y honor en Molino del Rey y Puebla.

El Ejército Mexicano es heredero de muchas tradiciones: la propia que se forjó a sangre y fuego en los campos de batalla, la precortesiana que hoy la encontramos en la arquitectura, la heráldica militar y en la denominación de la familia de los fusiles de cargo. Pero también subsisten la obligada raíz española a través de las Ordenanzas de Carlos III, influencia aún vigente y la europea en los uniformes del siglo XIX y los Porfirianos, en los “Pickelhaube” el tradicional casco prusiano usado a principios del siglo pasado o en la conocida marcha francesa “Le Régiment de Sambre-et-Meuse” que es ejecutada con maestría por cualquier banda militar mexicana.

Sin despojarnos de todo lo anterior, la Revolución supuso la mayor transformación en la historia de las Fuerzas Armadas. En 1913 estalló la Revolución Constitucionalista y un año después se disolvió al Ejército Federal, sucesor de los vencedores en 1867. Venustiano Carranza, fue un hombre definitivo en está restauración militar, primero como Secretario de Guerra en el gabinete alterno de Madero en 1911, siendo el único civil en detentar la cartera de Defensa en nuestra historia, pero además fue el creador del Ejército Constitucionalista, así como de la aviación e industria militar. Fundó la Academia de Estado Mayor en 1916 y reabrió el Colegio Militar en 1920.

Trás la llegada de los sonorenses al poder, el Ejército se profesionalizó y se consolidó el Sistema Educativo Militar. El 25 de octubre de 1937, el presidente Cárdenas cambió la denominación de Secretaría de Guerra y Marina por la de Secretaría de la Defensa Nacional. En 1940, el histórico Departamento de Marina se escindió y se convirtió en la Secretaría de Marina-Armada de México. En 1947, el presidente Miguel Alemán y el General Limón, Secretario de la Defensa Nacional, inauguraron las modernas instalaciones en Lomas de Sotelo, Ciudad de México. Anteriormente los Secretarios de Guerra y Marina despacharon en Palacio Nacional.

Actualmente el edificio principal de Lomas de Sotelo alberga al Cuartel General Superior del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La Secretaría de la Defensa Nacional tiene la particularidad de integrar una cartera del gabinete federal pero también aglutina a tres ramas de las Fuerzas Armadas , por ello su titular es Secretario, pero también ostenta el Alto Mando. A partir de esta administración se modificó el acrónimo de SEDENA por DEFENSA.

Hoy, próximo al 89 aniversario de la transformación de la Secretaría de Guerra y Marina en Secretaría de la Defensa Nacional, DEFENSA constituye una institución moderna. Las asignaturas pendientes siempre existirán, pero lo que es innegable es que desde Lomas de Sotelo, se sirve a México con ejemplo, compromiso y sacrificio.

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