InicioFrancisco MontfortAborto democrático

Aborto democrático

KAIRÓS

Francisco Montfort Guillén

 

Pues las <> o los distractores están cumpliendo su función. Los diarios, las redes, los periodistas más destacados se ocupan de los temas que el gobierno pone a discusión con tal de esconder su inactividad productiva, sus errores, sus equivocaciones. La discusión pública se ha convertido en un chismorreo sobre las detenciones injustas o injustificadas de políticos opositores, vuelven a escena temas desgastados como la tragedia de Iguala o bien las veleidades de la señora que funge como presidente. Desde su podio matutino, a pesar de ser muy mala actriz, sirve su presentación para marcar la pauta de la conversación pública.

Y si logra este propósito es que no existen temas que interesen a la ciudadanía por su relevancia económica, política, social o cultural. Según la visión de verdaderos expertos la economía se sostiene más por las cifras engañosas que publica que el gobierno que por la fuerza de las verdades que dice representar. Los datos, como las palabras sirven para condensar porciones de la realidad y que esas realidades sean comprensibles para todo mundo. No son la verdad, sino su representación. La realidad es la que vivimos todos los seres humanos que vivimos en México y notamos que los dichos de las autoridades poco tienen que ver con mejorías en la calidad de vida de todos o algunos grupos sociales que integran la sociedad nacional.

Más bien, vivimos, sentimos, padecemos los hechos reales del descenso de la calidad de las infraestructuras públicas, de los servicios públicos, de las condiciones de empleo, de la disminución de los presupuestos personales o familiares debido a la inflación o simplemente a las condiciones degradantes del sistema de empleo en México.

Aún así, es decir, a pesar de que en la vida cotidiana sentimos la degradación de las condiciones de existencia también por la inseguridad pública, por las afrentas que representan los actos de corrupción de los gobernantes, de las burocracias, de los políticos es importante decir que las actitudes gubernamentales expresadas por la presidente en torno a sus deseos de tutelar nuestras libertades por encima de lo que ya establecen las leyes resulta un desatino mayor que pagaremos muy caro los simples ciudadanos.

Porque no existirán quienes nos defiendan de los datos falsos, o de los criterios erróneos de quienes van a ser nombrados integrantes del Comité de la Verdad cotidiana que dependerá de una agencia gubernamental. Se trata en otros términos del robo de nuestras libertades para decidir qué creer, a quién creer, a quién respaldar con nuestras lecturas o tiempos dedicados a la radio, la televisión o a las redes sociales.

Robarnos nuestros criterios e imponernos como válidos los conceptos, números, definiciones que determina unilateralmente el gobierno es el peor acto de autoritarismo que está por imponer el Ogro Despótico a la sociedad mexicana. El ofrecimiento no es a cambio de una vida mejor, sino simplemente tratar de embelesarnos con una visión idealista que no existe en la realidad. Porque hasta el momento, desde 2018 el Ogro Despótico no ha construido una sola obra, una sola institución, un nuevo derecho que beneficie a los diferentes grupos sociales que integran el país.

Han sido, por el contrario, años de destrucción de los controles sociales y políticos que la sociedad había impulsado para controlar al Estado que nos gobernaba desde el despotismo. La transición democrática por eso fue una época que no alcanzó para resolver los grandes problemas nacionales. Su alcance fue construir algunas instituciones para poner freno al libertinaje del Estado despótico construido por el PRI y administrado doce años por el PAN.

Lo que llaman el periodo del neoliberalismo no fue un periodo de esplendor de las libertades y de las mejores condiciones de vida para todos los mexicanos, no fueron los años de la rutilante democracia. Fueron los años de lucha para iniciar la construcción de un nuevo Estado, un Estado todavía despótico, es cierto, pero que empezó a ser maniatado por la sociedad, a ser controlado por la sociedad para construir nuevas instituciones y libertades.

Quien defiende ese periodo como la única era democrática yerra, pues apenas iniciaba la era en que la sociedad dejaba de ser completamente dependiente del Estado y empezaba a crear las instituciones que la favorecían, sin tener que pedir permiso al Estado, o sin que fuera una simple condescendencia de su Majestad el Estado despótico.

Desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto estuvo en gestación un nuevo Estado, tal vez el único que pudo habernos conducido por la senda compleja del éxito, del desarrollo, pues nunca en la historia nacional, Estado alguno, había por lo menos introducido a la sociedad mexicana a la vía de la libertad y el progreso sin la esclavitud del despotismo.

Esta era inicial es la que vino a interrumpir Morena y a causar daños irreparables, pues la reconstitución de un Estado democrático y maniatado a los beneficios de toda la sociedad, costará el sacrificio de al menos un par de generaciones, que tendrán que soportar las impertinencias de un Ogro Despótico iletrado.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEÍDO