Magno Garcimarrero
Le preguntaron un día a Benjamín Garcimarrero, mi cuate, si creía en el amor a primera vista, contestó al momento: “No sólo creo, sino que estoy seguro que el único amor verdadero es el amor a primera vista… porque en la segunda vista se lo lleva la chingada”.
En otro momento acuño otra frase memorable que después he oído repetida en otras voces: “El amor eterno dura tres meses”.
También hizo suyos, quizá por auto alivio, algunos juegos mentales que rodaron por los mentideros sociales con cierta fluidez: “El amor es como la gripe, se cura con tres días en cama” y esta otra idea teológica: “Cuando Dios repartió las virtudes a la humanidad, le dijo al hombre: aquí te entrego cerebro y corazón, pero te advierto que no funcionan al mismo tiempo, podrás usarlos sucesivamente pero nunca simultáneamente porque el uno anula al otro, cuando ames dejarás de razonar, cuando razones dejarás de amar”.
No obstante, su vida fue un mentís a estos asertos: amó de la primera a la última vista sin tiempo ni reposo, puso toda su razón al servicio del corazón y, le resolvió el mundo a quien amó, aún después de su partida.





