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Cuando el reflector sustituye al argumento

Astrolabio Político

Por: Luis Ramírez Baqueiro

“Un microbio puede empujar una calumnia. Y un gigante no puede detenerla”. – José Narosky.

 

Respuesta al Dip. Héctor Yunes Landa.

No acostumbro utilizar este espacio para responder alusiones personales. Durante casi dos décadas de ejercicio periodístico he procurado que sean los hechos, los documentos y las investigaciones los que hablen por sí mismos. Considero que el periodista no debe convertirse en protagonista de la noticia, sino en un intermediario entre los acontecimientos y la sociedad.

Sin embargo, existen ocasiones en las que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en una concesión a la mentira. Y cuando una falsedad se repite sin respuesta, corre el riesgo de ser asumida como verdad por quienes observan el debate desde la distancia.

Por ello resulta necesario responder a las recientes afirmaciones vertidas por el diputado local independiente Héctor Yunes Landa, quien, sin aportar una sola prueba, decidió utilizar un espacio informativo para atribuirme responsabilidades, motivaciones y vínculos políticos que únicamente existen en su imaginación.

A lo largo de los años he mantenido con el legislador una relación estrictamente profesional y respetuosa. Nunca ha existido animadversión personal. Tampoco existe interés alguno en formar parte de las disputas políticas que parecen absorber gran parte de su tiempo. Mi trabajo ha sido el mismo con todos los gobiernos, con todos los partidos y con todos los actores públicos: informar, analizar y cuestionar.

Resulta preocupante observar cómo un político con una trayectoria tan extensa termine recurriendo a explicaciones argumentativamente débiles para justificar aquello que le incomoda. Porque una cosa es disentir de una publicación y otra muy distinta construir teorías donde periodistas y comunicadores son convertidos, sin evidencia alguna, en operadores políticos al servicio de causas imaginarias.

El diputado parece olvidar que el periodismo no funciona bajo esquemas de subordinación política. Pretender que cualquier información crítica hacia su persona forma parte de una conspiración coordinada revela más sobre su estado de ánimo que sobre la realidad misma.

Particularmente absurda resulta la insinuación relacionada con una reportera que recientemente ha realizado señalamientos sobre presuntos vínculos suyos con la organización religiosa conocida como La Luz del Mundo. Conviene aclarar, para evitar interpretaciones interesadas, que dicha profesional nunca sostuvo una relación laboral formal conmigo. Sus colaboraciones en un par de medios donde yo colaboro concluyeron hace más de cinco años y desde entonces desconozco por completo su situación profesional, sus actividades o sus investigaciones.

Si el diputado considera falsas las afirmaciones realizadas por esa periodista, el camino institucional es claro: debatir con quien las emitió, presentar pruebas, ejercer su derecho de réplica o acudir a las instancias correspondientes. Lo que no resulta aceptable es buscar responsables alternos para evitar responder al fondo del asunto. Recurre a la falacia ad hominem: desacredita a la persona en lugar de refutar la información.

Más sorprendente aún es que pretenda revivir un episodio ocurrido en 2017 para sostener una acusación de supuesto plagio. Los hechos son conocidos. En aquel momento una fuente gubernamental proporcionó información que fue reproducida sin advertir que formaba parte de un texto previamente elaborado bajo el formato de ficción política. Se trató de un error periodístico reconocido hace casi una década, no de un acto deliberado ni mucho menos de una conducta profesional recurrente.

 

Quienes conocemos mínimamente el oficio sabemos que existe una diferencia enorme entre equivocarse y actuar dolosamente. Confundir ambas circunstancias no es un ejercicio de memoria; es un intento deliberado de manipulación.

Lo verdaderamente revelador es que un asunto ocurrido hace nueve años resurja ahora, precisamente cuando el diputado enfrenta cuestionamientos públicos sobre temas que afectan su imagen política. Pareciera que la estrategia consiste en desplazar la atención hacia terceros en lugar de responder las preguntas que hoy le formula la opinión pública.

La política exige carácter, pero también exige autocrítica. Ninguna carrera pública se fortalece culpando a los demás de los propios problemas. Mucho menos señalando sin pruebas a quienes ejercen una labor informativa.

Por ello conviene hacer un llamado a la serenidad. La desesperación por permanecer vigente nunca ha sido buena consejera. Menos aun cuando conduce a sustituir los argumentos por insinuaciones y las pruebas por sospechas.

Los periodistas debemos responder por nuestro trabajo. Los políticos, por sus actos. Y en esa diferencia fundamental descansa la salud de cualquier democracia.

Si al diputado Héctor Yunes Landa le incomoda la información que circula sobre su persona, corresponde a él aclararla. Lo que no puede hacer es convertir a terceros en responsables de aquello que, para bien o para mal, es consecuencia exclusiva de su propia trayectoria y de sus propias decisiones.

Al tiempo.

astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

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