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Diplomacia de izquierda en tiempos de negociación, una mala idea

Por Alejandra del Río

 

En política exterior, los símbolos importan. Y a veces pesan más que los discursos. Por eso resulta, un gran desatino estratégico que la presidenta Claudia Sheinbaum haya decidido reunirse con gobiernos de izquierda como España, Brasil, Colombia, Uruguay y Sudáfrica bajo la bandera de una supuesta “defensa de la democracia”, mientras en el mismo mensaje se plantea respaldo a Cuba, uno de los regímenes menos democráticos del hemisferio occidental.

No se trata solo de ideologías. Se trata también de timing, del momento histórico que estamos viviendo, frente a la inminente revisión del Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC).

Porque mientras México envía señales ambiguas al exterior, en Estados Unidos el presidente Donald Trump mantiene posiciones duras y abiertas diferencias con varios de esos gobiernos, particularmente con España, Brasil y Colombia. Vincular a México, aunque sea simbólicamente, a ese bloque ideológico en plena etapa de definiciones comerciales es, por decir lo menos, una apuesta innecesariamente riesgosa.

México no necesita aparecer como miembro honorario de una internacional progresista. México necesita aparecer como socio confiable, serio, pragmático y orientado al crecimiento. Nuestra prioridad no debería ser la fotografía con mandatarios afines doctrinalmente, sino la defensa de millones de empleos vinculados al comercio con Norteamérica.

El 80% de nuestras exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense. Millones de familias mexicanas dependen directa o indirectamente de la relación económica con nuestro vecino del norte. En ese contexto, cualquier gesto diplomático que pueda interpretarse como provocación ideológica o falta de lectura geopolítica tiene costo potencial. Y ese costo no lo paga la élite política: lo pagan los trabajadores, las inversiones y la estabilidad económica, pero nos encanta hacerle cosquillitas al tigre que ha resultado muy risueño.

Más aún, hablar de “defensa de la democracia” mientras se reivindica ayuda política a Cuba, exhibe una contradicción evidente. Si la democracia se defiende, debe defenderse siempre: con elecciones libres, prensa independiente, oposición legal, división de poderes y libertades civiles. No sólo cuando conviene al relato y menos viniendo la defensa de un país donde se persigue a los periodistas, se ignoran los derechos humanos y se perdió ya de facto la división de poderes, ¿Qué Democracia vamos a defender si México ya no tiene ninguna?

La política exterior mexicana tuvo durante décadas una virtud central: prudencia. Saber mediar sin alinearse torpemente. Dialogar con todos sin casarse con nadie. Defender principios sin sacrificar intereses. Hoy pareciera sustituirse esa tradición por diplomacia militante comunista, narrativa doméstica exportada y aplauso de tribuna, aunado hasta a torpezas como defender a una política juzgada y condenada por su propio pueblo en Argentina, que innecesario fue el ir a apoyar las protestas a favor de la Kirchner y seguir dando nota como defensora de corruptos y malos gobernantes, Sra. Sheinbaum con su cercanía a López Obrador es mas que suficiente para que sepamos que le gustan los dictadorsetes ladrones, no necesita exhibirse mas.

Y mientras tanto, se acerca la revisión del TMEC. Energía, nearshoring, seguridad fronteriza, cadenas de suministro, migración y certidumbre jurídica estarán sobre la mesa. Ahí no cuentan los hashtags ni los manifiestos ideológicos. Cuentan los resultados y por supuesto que “el tigre” no amanezca listo para dar el zarpazo, furioso por notas como las que usted fue a dar a España, pobre Marcelo… se la pone complicadísima con sus declaraciones absurdas.

México debe decidir si quiere ser puente o barricada. Si quiere ser potencia manufacturera o sede de nostalgias revolucionarias. Si quiere atraer inversiones o coleccionar declaraciones simbólicas inservibles, en un contexto donde además Pedro Sanchez va ya para afuera y la derecha volverá con todo al gobierno en España, Petro también perderá las elecciones en Colombia y el pobre Lula a su edad ya no le da mas que para andar dando lástimas, esos tres, mas Maduro en la carcel de pijama anaranjada y Delsi entregada en cuerpo y alma a Trump y Díaz Canel que tiene los días contados en el gobierno de Cuba, son sus grandes aliados, la izquierda en proceso de extinción ¿De verdad está usted tan ciega como para considerarlos sus grandes apoyos?

La grandeza de un país no se mide por con quién posa su presidenta, sino por qué intereses defiende cuando nadie aplaude y el interés de México no es por mucho la ideología Morenista, sino superar la crisis económica en la que Morena nos tiene hundidos, con cero crecimento y record de endeudamiento histórico.

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