InicioRoberto Abe Camil¿Dónde están las banderas?

¿Dónde están las banderas?

El calendario cívico, es tan rico como nuestro pasado y robusto como los sentimientos de identidad y orgullo nacional que han sido prenda característica de los mexicanos. Prácticamente no hay un solo día al año que no recuerde una efeméride, una gesta o un personaje. Existen meses intensos donde las ceremonias y conmemoraciones no parecen dar tregua: el mes de febrero tan asociado a las Fuerzas Armadas o el mes de mayo, a victorias vibrantes como la gloria alcanzada por las armas nacionales en Puebla en 1862, el triunfo de la República en Querétaro en 1867 o bien a muertes históricas, como el infame asesinato del Presidente Carranza en 1920.

Sin embargo, septiembre representa el mes patrio por excelencia. Durante el régimen priista, el noveno mes del calendario gregoriano, iniciaba con el rito cuasi imperial del informe presidencial. El presidente en turno, se dirigía en un auto descubierto bajo una lluvia de confeti rumbo al Congreso de la Unión para informar el estado de la nación, las masas eran contenidas por vallas de cadetes del Colegio Militar en uniforme de gala, y el vehículo oficial era escoltado por los muchachos del escuadrón de caballería del heroico plantel.

El 13 de septiembre, se recuerda al General Morelos, instalando en 1813 el Congreso de Anáhuac en Chilpancingo y dando lectura a los “Sentimientos de la Nación” alma fundacional del Estado Mexicano. No en vano en el punto 23, último de este magno documento, el Generalísimo dictó: “ Que se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de independencia y nuestra santa libertad comenzó..” Quiero tomar la licencia y hacer una breve pausa en estas líneas, para felicitar al destacado artista olinalteco Bernardo Rosendo Ponce, quien ayer recibió la venera “Sentimientos de la Nación” que impone el Congreso del Estado de Guerrero y que es la máxima distinción que otorga la entidad suriana a un ciudadano.

El 14 de septiembre los chiapanecos celebran el aniversario del plebiscito que en 1824 los incorporó de manera definitiva a México, es particularmente emotivo ver a la comunidad chiapaneca en la Ciudad de México colocando una ofrenda floral en la Columna de la Independencia. Al día siguiente el zócalo capitalino y todas las plazas principales a los largo y ancho del país celebran la fiesta mexicana por antonomasia, el Grito de la Independencia. Esa noche, los mexicanos sin excepción disfrutamos nuestra gastronomía y festejamos jubilosos entre amigos y familia a una patria orgullosa pero que también merece ya, gobernantes y jornadas mejores.

La emblemática fecha no deja de estar exenta de la polémica, pues las leyendas urbanas afirman que el General Porfirio Díaz estableció la conmemoración el día 15 por la noche para hacerla coincidir con su fecha de cumpleaños porque es bien sabido que la rebelión estalló el día 16 de septiembre en las primeras horas de la madrugada. En alguna ocasión le preguntaron a José López Portillo que momentos lo impactaron durante su periodo presidencial y certero respondió que fueron el descubrimiento de los vestigios del Templo Mayor a un costado de Palacio Nacional y las ceremonias del Grito de Independencia.

El 16 de septiembre por la mañana, después de colocar la ofrenda floral y montar una guardia de honor en la Columna de la Independencia, el o la titular del Poder Ejecutivo, se dirige al Palacio Nacional donde en compañía de los Secretarios de la Defensa Nacional y de Marina preside la imponente parada militar. Es inevitable no sentir orgullo al ver a soldados, marinos, aviadores y guardias nacionales desfilar gallardos y marciales entre el cariño del pueblo. Lo es también aplaudir de unos años a la fecha, a los contingentes de Generales en la honrosa situación de retiro que reciben el reconocimiento y la gratitud de la sociedad a la que sirvieron con lealtad por décadas.

Los grandes momentos de la historia de México se han cerrado con desfiles. Los virreyes presidieron el Paseo del Pendón, Iturbide trás consumar la independencia, marchó triunfante al frente del Ejército Trigarante en la Ciudad de México. Otra leyenda urbana cuenta que el Dragón de Hierro desvió el trayecto de la columna, para pasar bajo el balcón de la Guera Rodriguez, entonces le hizo llegar con un ayudante una pluma de su tocado, misma que la bella insurgente colocó atrevida en medio de su escote.

Los liberales al triunfo de la Guerra de Reforma también marcharon, Juárez al vencer al imperio regreso en medio de su escolta militar a Palacio Nacional, el acto central de las Fiestas del Centenario lo constituyó una parada militar y las distintas facciones revolucionarias también lo hicieron, en el imaginario popular es ampliamente recordado el desfile de villistas y zapatistas el 6 de diciembre de 1914.

El mes de septiembre cierra con la consumación de la independencia el día 27, fecha que absurdamente el calendario cívico no conmemora, como si hacerlo significara exaltar movimientos monárquicos y no el nacimiento de un México independiente. El día 30 se celebra el natalicio del General Morelos, es muy vistoso el desfile que se hace en su memoria en Cuautla, en el estado que hoy lleva su nombre.

Todo lo anterior es para gloria de México, pero queda una reflexión grave. Hasta hace unos años, prácticamente a partir de los últimos días del mes agosto, el país se inundaba de banderas nacionales, en fachadas, casas, negocios y edificios públicos. Los automóviles también lucían banderitas mexicanas, las esquinas se llenaban de vendedores de banderas y adornos tricolores. Hoy tristemente esa hermosa tradición parece extinguirse, salvo algunas excepciones como lo son los edificios de gobierno, pocas casas y algunos automóviles ya no se ven las banderas ondeando.¿ Será que nuestro valores cívicos han menguado? O tal vez la gente ya no siente motivos para festejar ante el preocupante panorama nacional, mientras tanto queda en el aire la pregunta en estas Fiestas Patrias: ¿dónde están las banderas?.

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