El tesoro artístico de Palacio Nacional, hace de la sede del poder político en el país, más allá de sus funciones de gobierno y administrativas, un espacio que es custodio de una magnífica colección de arte que da cuenta de la grandeza de México. El acervo se nutre con arquitectura y bienes que se remontan a partir de Moctezuma Xocoyotzin, al virreinato, a las primeras décadas de vida independiente, incluyendo el efímero Segundo Imperio, al recinto de homenaje a Juárez, así como al esplendor que fue acento durante el porfiriato. La era posrevolucionaria está representada con los soberbios murales de Diego Rivera, así como con el tercer nivel del edificio, construido en aquel periodo.
La pinacoteca es notable y refiere no solo a héroes y a próceres, sino a momentos definitivos en la conformación de la identidad nacional. Es entonces, donde destaca tal y como se consigna en el espléndido libro “La pintura militar de México en el siglo XIX” de Eduardo Báez y publicado por la Secretaría de la Defensa Nacional en el 2008: “La pintura más ambiciosa sobre la independencia, en todo el siglo pasado (sic), fue concluida hacía 1890 por Natal Pesado”
Natal Pesado y Segura (1846-1920) nació en Orizaba, Veracruz, fue un pintor clásico que se formó en la Academia de San Carlos, y luego siguiendo el mismo camino que tantos artistas mexicanos de la época, se perfeccionó en Europa, en este caso en la afamada Academia de San Lucas en Roma. Durante su periplo europeo trabó amistad con el valenciano Joaquín Sorolla.
La obra en cuestión se titula “Nicolás Bravo liberando a los realistas”, fue pintada alrededor de 1890, algunas fuentes aseguran que fue en 1892. Es un impresionante óleo sobre tela, en gran formato con medidas de 420 x 590 y que se exhibe en las oficinas de la Presidencia de la República en Palacio Nacional.
La escena plasmada por Natal Pesado, manda un poderoso mensaje: en la guerra no solo se dan episodios cruentos o llenos de horrores, sino también gestos magnánimos, de caballerosidad e incluso de reconciliación. El perdón que Nicolás Bravo otorgó a 300 prisioneros realistas en la localidad veracruzana de Agustín del Palmar, durante la segunda mitad de septiembre de 1812, constituyó sin lugar a dudas, el mayor gesto de nobleza de los insurgentes hacia los realistas.
Leonardo Bravo, fue un próspero hacendado español, que trabajó su hacienda en Chichihualco, hoy Estado de Guerrero, en compañía de sus hermanos y su hijo Nicolás. Cuando estalló la guerra de independencia, los realistas solicitaron el apoyo en hombres y pertrechos de Bravo para la causa del rey. El hacendado se negó, entonces ordenaron su aprehensión, motivo por el cual la familia Bravo en unión a otra familia notable del sur, los Galeana, se incorporaron al Ejército del General Morelos. Leonardo Bravo, pronto mostró dotes para el arte de la guerra y alcanzó el grado de General del Ejército Insurgente. Los Bravo concurrieron al sitio de Cuautla en 1812 y lograron salir ilesos trás el rompimiento del asedio el 2 de mayo. Poco después camino a su tierra natal, Leonardo Bravo fue sorprendido por una partida realista en la Hacienda de San Gabriel de las Palmas en Amacuzac, hoy en el Estado de Morelos, donde fue hecho prisionero y trasladado a la Ciudad de México, ahí lo ejecutaron en público el 13 de septiembre de 1812. La muerte de Don Leonardo supuso un duro golpe para el General Morelos y su causa.
Morelos, entonces comunicó a Nicolás la muerte de su padre, y en represalia le ordenó dar muerte a 300 militares realistas que tenía como prisioneros. Nicolás Bravo mandó formar los cuadros de tropas para la ejecución, pero en vez de fusilar a los realistas, en ese acto les perdonó la vida y les otorgó la libertad. Los realistas, no dieron crédito al gesto de inmensa generosidad, no pocos de ellos en agradecimiento solicitaron su incorporación a las fuerzas de Bravo. A partir de ese momento, Nicolás Bravo, quien se consolidó como una de las figuras más prominentes de la causa independentista, acuñó con justicia el título del “Héroe del Perdón”
Tras la consumación de la independencia en 1821, Nicolás Bravo fue Regente del Imperio de Iturbide, más adelante Vicepresidente dos veces y Presidente en tres ocasiones. Fue un destacado miembro del Partido Conservador. Durante la guerra contra Estados Unidos, estuvo al mando de la defensa del Castillo de Chapultepec el 13 de septiembre de 1847, coincidentemente fecha del aniversario luctuoso de su padre. Es famoso el pleito epistolar que sostuvo con Santa Anna durante el curso de aquella batalla y en el cual le recordó al veracruzano, que cuando aún servía como un cadete virreinal, el en cambio ya era lugarteniente del General Morelos. Trás el desastre de 1847, regresó a Chichihualco, donde murió en 1854. Hoy su efigie se alza en la Columna de la Independencia, donde también están depositados sus restos.
Volviendo al óleo de Natal Pesado, el artista plasmó con maestría el ánimo de sorpresa e incredulidad de los realistas al ser perdonados, en cambio a Nicolás Bravo lo representó en una actitud teatral y portando un impecable uniforme napoleónico en medio de la campaña militar. De cualquier forma, no deja de constituir una de las obras cumbres de la pintura militar mexicana. Al final también, el pintor logró transmitir una de las premisas del General Porfirio Díaz de cara a la conmemoraciones de las Fiestas del Centenario: mostrar la nobleza de la causa insurgente, pero sobre todo, el espíritu de reconciliación entre los mexicanos.