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El misántropo

RELATO

 

Las estrellas caían sobre la tierra solitaria en la que él había pasado los días más solitarios de su existencia, y meteoritos llenos de fuego se estrellaban contra las casas y los edificios de aquella ciudad.

Todo se iba destruyendo, y él por se sentía contento. A decir verdad; se sentía más que esto. Porque finalmente veía su sueño hacerse realidad: la destrucción del planeta tierra junto con todos sus habitantes.

Su dicha era tal, que no podía dejar de reírse como un loco. Caminaba entre los escombros de aquella civilización, de la que en poco tiempo ya no quedarían rastros o huellas de su estancia en este globo tonto y soso, llamado: “mundo”.

Todo lo que llevaba consigo -además de la ropa puesta- eran sus cosas más imprescindibles: su reproductor de discos compactos con sus audífonos, y un montón de baterías de repuesto. Y mientras una de sus canciones favoritas sonaba en sus oídos a un volumen muy alto -pero sin lastimar a sus tímpanos- no dejaba de soñar despierto. Y su sueño era todo lo que sus pupilas miraban: la destrucción del mundo y de la humanidad.

¿Cómo es que los llegó a odiar tanto? Él ya no podía recordarlo. Todo había sucedido de a poquito, sin darse cuenta. Una cosa tras otra, otro poco más, y otro tanto más. Hasta que el odio terminó por llenar su alma entera.

Entonces fue cuando se convirtió en lo que ahora ya no podía evitar dejar de ser con nada, ¡absolutamente con nada! Se convirtió en un misántropo.

ANTHONY SMART
Agosto/01/2013

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